TRABAJO PRACTICO UNIDAD 3 (COLGAR ANTES DEL 7/7)
En esta unidad 3 problematizamos el concepto de clases desde
tres ángulos: las contradicciones lógicas internas del concepto en la sociología estándar (inconsistencia entre abierto y cerrado, determinado como objetivo pero determinante, etc);
los fenómenos históricos de largo plazo (posfordismo, posmodernismo,
despolarización social, etc.) que contradicen los análisis clasistas; los
fenómenos contemporáneos de nuevas formas de diferenciación social dura
(etnicidades, género, nacionalismos, populismos, etc.) que se presentan como
alternativos sustitutos al análisis clasista.
De
acuerdo a esto y a las lecturas realizadas proponga respuestas:
1)¿Es
posible salvar el concepto de clase social de las contradicciones internas que
arrastra (entre el carácter formalmente abierto pero fácticamente cerrado,
objetivamente determinado pero determinante del cambio social, etc.)?.
Alternativa más fácil: elija el texto de Gomez “Miserias del concepto de clase…”
y a través del Voicethread haga sus comentarios, críticas, refutaciones,
objeciones, ejemplos y propuestas en la forma que quiera (otros textos, links,
ejemplos, sus propios comentarios en audio, lo que quiera).
2)¿Es
posible un análisis articulado de las determinaciones clasistas con las de género,
etnia, nación, pueblo, etc.? ¿debería haber primacía para la categoría clase?.
Alternativa más fácil: elija alguno de los textos de Zizek o Laclau o Holloway
y a través del Voicethread haga sus comentarios, críticas, refutaciones,
objeciones, ejemplos y propuestas en la forma que quiera (otros textos, links,
ejemplos, sus propios comentarios en audio, lo que quiera).
3)
La divisoria fundamental que introdujo entre los negros el éxito parcial de la
abolición de la esclavitud en la Argentina ha transformado el panorama
cultural. Aparentemente los negros podrían asimilarse en términos de igualdad a
la sociedad, procesando una nueva identidad: “la afroargentinidad”. ¿Estos nuevos
hombres y mujeres libres, pudieron construir otro segmento distintivo en
la estructura de clases? ¿Cree que la abolición de la esclavitud gestó una “infraclase
negra” en la sociedad argentina? ¿Por qué?
Respuesta 1 del TP3 en Voicetrhead. Dejo el enlace https://voicethread.com/share/14814267/
ResponderEliminarhttps://voicethread.com/share/14814267/
EliminarRespuesta 2 del TP3 en Voicethread. Dejo el enlace https://voicethread.com/share/14814428/
ResponderEliminarIgual que en el anterior grabé mis comentarios adicionales. Creo que no hace falta copiar el enlace, ya están grabados en el hilo de voz que creaste.
EliminarRespuesta 3- Parte 1
ResponderEliminarPara responder la pregunta número 3 voy a utilizar el texto de Jelin acerca de las desigualdades de clase, género y raza y el de Lash y Urry en el que definen el concepto de infraclase.
Jelin afirma que la existencia de múltiples estructuras de desigualdades, es decir, múltiples dimensiones de la estratificación y categorización social es parte del sentido común de las ciencias sociales en la actualidad, aunque no existe un claro desarrollo teórico acerca de cómo interaccionan las diferentes dimensiones de las desigualdades sociales. En el período de posguerra, y con la preocupación centrada en el desarrollo capitalista en América Latina, para los teóricos de las ciencias sociales la dimensión de clase era central. Acuerdo con la autora en que reinventar la rueda es un acto suicida para el desarrollo del conocimiento y creo que es posible afirmar que la clase social es aún el centro del análisis de las desigualdades sociales.
También creo que es posible pensar que los negros se convierten en un segmento distintivo en la estructura de clases debido a la herencia de la estructura colonial. El negro y el mulato son sujetos que encaran su libertad y su condición de “iguales” en un contexto económico y de vida social para lo cual su experiencia anterior no los preparó.
Es importante estudiar cómo las tensiones raciales son percibidas y controladas socialmente en forma contextualizada. El período posterior a la independencia no solo no transformó la esencia de las relaciones entre los negros y la sociedad global sino que desarrollo una especie de “colonialismo interno” (Stavenhagen y Casanova, 2009). La relación entre colonizador y colonizado se transformaron en relaciones de clase, además, la formación de la unidad nacional fue marcada por el discurso igualitarista, que propone que la igualdad y la homogeneidad son términos equivalentes.
Respuesta 3- Parte 2
ResponderEliminarLos desajustes entre las formas aprendidas y vividas y las necesarias para adaptarse a las demandas del desarrollo capitalista se enmarcan en la centralidad de la experiencia de formación de clases. La herencia colonial, el igualitarismo que propone “borrar” las diferencias, los racismos ocultos por esta particular idea de iguales como idénticos para conformar una nación creo que son parte esencial de la estructura de clases que se conformó y perdura. La palabra negro, anclada en el imaginario social porteño designa mucho más que un fenotipo, indicando un lugar particular en la estructura de clases con características y condiciones particulares así como hace referencia a condiciones espaciales reales específicas.
La autora no distingue claramente el concepto de raza del de etnia ni habla del caso argentino, pero creo que es posible aplicar su recorrido teórico al caso local, aportando elementos de “invisibilización” de las diferencias en pos de la imposición de un modelo de ciudadano con estilo europeo.
Lash y Urry afirman que en la actualidad la nueva clase baja encuentra su lugar en la parte inferior de una escala de estratificación reestructurada donde la jerarquía del capital y el trabajo es reemplazada por un orden en tres capas: una clase masiva de profesionales y gerentes (paralela a una clase de de capitalistas muy pequeña), una clase obrera menos numerosa y de menores recursos y la nueva clase baja. La infraclase y las nuevas clases bajas se forman en proporción a un déficit de regulación institucional en la economía y la sociedad.
Respuesta 3- Última parte
ResponderEliminarWilson define la infraclase destacando seis características centrales de la misma: residencia en un espacio aislado de otras clases sociales, desocupación por largos períodos, hogares monomarentales, ausencia de educación formal, dependencia de la asistencia pública y tendencia a implicarse en el delito urbano. La diferencia entre el gueto de la primera etapa de la modernidad del gueto contemporáneo es la inmovilidad y la ausencia de instituciones.
Es interesante el concepto de infraclase y de inmovilidad, así como el destacado uso del espacio urbano cerrado para el gueto contemporáneo, pero no creo que sea posible aplicar directamente las categorías al caso argentino porque el desarrollo capitalista no es igual que en Estados Unidos y las acciones estatales tampoco. El racismo existe en ambos países, pero se manifiesta de formas diferentes y se origina y reproduce de formas totalmente distintas.
Si se puede hablar de infraclase en la actualidad en Argentina creo que hay que hacer ajustes a las categorías o condiciones que la definen porque la afroargentinidad no representa y dista mucho de la vida en guetos inmovilizados descritos en el texto.
Hola a tod@s:
EliminarLa formulación legal de "la abolición de la esclavitud" en el territorio argentino, lejos de ser un formal acto jurídico fue un proceso complejo y con tensiones. Contribuyó fundamentalmente a la consolidación de un nuevo producto cultural: la afroargentinidad. La liberación de los esclavos tanto en el ámbito urbano como rural fue percibida como amenzante con respecto a la estructura de clases imperante, en tanto la propiedad privada y las relaciones de producción comenzaban a operar con otras lógicas. La aparente igualdad jurídica y política que este colectivo iba ganando trastocaba las antiguas relaciones económicas y sociales. Trabajadores domésticos y con diversos oficios junto a la llegada de inmigrantes y- consecuentemente la transformación de la ciudad-, se incorporaban con tensiones a un trazado de nación no homogénea en términos raciales. Que los negros gozaran de los mismos derechos que alcanzaban al resto de los ciudadanos, implicaba aceptar una "libertad" impuesta por la ley. En palabras de Cornel West: "Este asalto inexorable a la humanidad negra produjo la condición fundamental de la cultura negra". Esta nueva afroargentinidad ha desplegado una divisoria de clases en paralelo a la misma transformación que transitaba este colectivo. Resulta imposible referir a una infraclase sin remitir a la exclusión social. En este sentido, este término se relaciona con la idea de subclase, señalando a aquellos que están al margen (o debajo) de la estructura social: marginados o excluidos económica, política y socialmente. Lo cierto es que la infraclase negra tuvo la característica de la falta de acceso a las instituciones básicas de la sociedad civil. El concepto esquivo de clase, propuesto por Marx y los neomarxistas, no puede incorporar la magnitud de cambios que produjo el mundo global moderno.
Lic. Vanesa Da Silva
Buenas tardes compañeros, me fue imposible grabar ni escuchar en el VoiceThread. Posteo acá las respuestas, mil disculpas.
ResponderEliminarPregunta 1
Focalizando en la conceptualización de clases medias que Crompton (1994) rastrea entre distintos autores del capitalismo fordista, encontramos tres grandes posiciones: 1. Lockwood (1958) sostiene que oficinistas y trabajadores manuales, aunque poseen un status (posición de clase) similar, gozan de efectos de status (situaciones de clase) disímiles, por lo cual la diversidad de oportunidades de vida (trabajo-mercado) los disocia entre clase media y clase obrera. Por su parte, Poulantzas (1975) distingue con igual criterio a directivos y funcionarios públicos, que por su situacionalidad ocupacional participan indirectamente de la dominación político-ideológica de la clase obrera y, en consecuencia, forman una nueva pequeña burguesía. Ambos autores encuentran una suerte de excepción a la regla, dentro de la clase obrera, y la elevan a regla de otra clase. El fundamento ocupacional, a lo sumo mercantil, del desgajamiento condiciona, en cierto modo, su utilidad analítica, porque la misma evolución sistémica que origina tales ocupaciones, puede también extinguirlas o, eventualmente, devaluarlas; 2. Goldthorpe (1982) y Lash y Urry (1983) polemizan en torno a la clase de servicio que emerge de la descomposición del fordismo, señalando que las ocupaciones de alto nivel constituyen un estrato de agentes distinguible de la clase obrera por una serie de características propias. Sin embargo, si para Goldthorpe la autonomía relativa, el ejercicio de autoridad delegada y la seguridad de carrera tornan conservadores a tales trabajadores, para Lash y Urry, en cambio, las funciones de control de tareas y dirección de la fuerza de trabajo los vuelven desestabilizadores, porque les permite defender (priorizar) sus privilegios de posición. El problema en este caso es no sólo la matriz ocupacional de la clasificación, sino también sus derivaciones políticas, ya que si el conservadurismo neutraliza la identificación de las altas ocupaciones con otros obreros y la tendencia a la lucha de clases, la defensa del propio privilegio elude simultáneamente el compromiso ideológico con la clase capitalista y con los estratos menos aventajados de la clase asalariada. De ahí la sobreexigencia (sectorial) sobre el Estado; y 3. Parkin (1974) afirma que las clases se constituyen mediante un proceso de lucha, entre grupos socialmente enfrentados, a partir de ciertas estrategias de cierre, es decir, de limitación del uso de los recursos usufructuados por cada grupo. Tales cierres, explícitos en las clases profesionales, identificadas por credenciales de reconocimiento que habilitan su acción en la sociedad, conllevan a dos fenómenos opuestos, de un lado la exclusión y de otro la usurpación. Si ésta es la lucha por la apertura, o sea, por el reconocimiento de agentes antes excluidos, aquella es la consecuencia inmediata de la credencialización de la pertenencia, que, por otra parte, no se reduce a requisitos de adquisición, ya que puede incluir ciertas adscripciones. De ahí la cuestión de la edad, el género y la raza. Haciendo a un lado la lectura procesual de la formación de clases, es interesante la idea de que el cierre pueda responder a requisitos de distinto tipo, ya que no sólo hay adscripciones insuperables individualmente (al margen de las luchas por la usurpación), por ej. la raza, sino que también hay adquisiciones que teóricamente están al alcance del esfuerzo personal pero empíricamente son inalcanzables en determinadas condiciones, por ej. ciertos títulos universitarios para la clase obrera de menores ingresos en el capitalismo neoliberal. Aunque inicialmente parece débil de fuerza explicativa, la visión parkiniana, aplicada rigurosamente, desnuda la dureza de las clases, es decir, la incompatibilidad entre forma abierta y contenido cerrado.
Aceptando que la clase media es, a los fines analíticos, un emergente incuestionable del s.XX, y que, paralelamente, la movilidad social espuria relativiza su ascenso posicional pero no parece quebrar su conciencia, disociada del proletariado típico, la contradicción entre apertura y cierre parece insuperable. Tal vez haya que decir que la apertura es entre grados, dentro de cada clase, no entre las clases en sí. Esto no quiere decir que el capitalismo se divida en estamentos, como sistemas pretéritos, pero si la determinación que abre (o cierra) las puertas de una clase frente a otra es un recurso socialmente convertido en vital, cuyo ingreso debe ser constante, seguro y autosostenido, léase medios de producción, flujo de rentas, etc., entonces la clase obrera tiene estructuralmente pocas posibilidades reales de pasar a ser capitalista. Si la fuerza de trabajo, como recurso vital, no puede, por definición, reproducirse (sostenerse) a sí misma, y si el capital puede hacerlo sólo en cuanto está en condiciones sociohistóricas de perpetuar su dominación de clase, por ej. asistido por un Estado que eleva su interés particular a general, entonces la apertura de las clases tiene más capacidad negativa, poder de desclasamiento, que positiva, poder de reenclasamiento ascendente. Esto es, por otra parte, evidente en la desnivelación que el neoliberalismo opera sobre las burguesías nacionales por la acción del capital multinacional. Si la concentración de la riqueza está sistémicamente condicionada, la movilidad social no puede ser incondicionada. Las clases, por tanto, están abiertas en un sentido pero cerradas en otro.
ResponderEliminarBuen esfuerzo de salvar la duplicidad teórica de origen del concepto de clase. Para que haya clases tiene que haber un mínimo de estabilidad y al mismo tiempo movilidad o que sean grupos abiertos. Sin embargo, lo que te queda pendiente es la contradicción entre el carácter abierto (que conserva la estabilidad) con la determinación estructural por factores objetivos. Si la determinación es estructural es dificil aceptar que los grupos puedan ser abiertos. Justamente en mi texto y también en Holloway aparece el carácter constitutivo de la lucha para teorizar el tema de otra forma. El ejemplo de la desestabilización de la burguesía nacional por la gran burguesía global corporativa se aplica a A. Latina pero no a las burguesías internas en los nuevos países industriales asiáticos, sobre todo en China donde el estado formalmente comunista tiene un papel completamente distinto al que asume en otros países. De la misma manera dentro de A. Latina la desestabilización se operó de forma diferente en Brasil y Argentina o México. Es un debate irresuelto pero es buena la contribución que hacés.
EliminarPregunta 2
ResponderEliminarHolloway (2002) afirma que el conflicto entre capital y trabajo es la forma histórica concreta que adopta un antagonismo suprahistórico, más profundo. Se trata del conflicto por la explotación, una forma de vinculación entre los hombres (entre los grupos humanos) que opuso y opone dos tipos de práctica social, una creativa y otra alienada. Si la creatividad es entendida como expresión de la subjetividad, la alienación es su opuesta, es decir, una desubjetivización. Cabe aclarar que por subjetividad no se entiende humanidad, ya que ésta implica cierta fetichización de la condición del individuo (condición implícita del humanismo), mientras que aquella no puede nunca afirmarse a priori. Esa subjetividad es violentada, en el capitalismo, por la separación del objeto (del trabajo) respecto del sujeto. Pero ya antes del capitalismo era violentada, es decir, negada. Porque la privación de hoy es la explotación de siempre, adaptada a las relaciones sociales vigentes. Entonces, de lo que se trata es de un antagonismo constante entre las formas definitorias de la práctica social y la práctica de cada sujeto en la sociedad. Esclavitud, servidumbre, salarización, son distintas formas de un mismo tipo de conflicto. Son distintas en cuanto a la identificación del otro (el explotado, el que es definido) pero suponen el mismo proceso de alienación (la explotación, que empieza por una definición). Por lo tanto, la lucha de clases encuentra su unidad en la condición del proceso (la clasificación) y opera como antagonismo entre el ejercicio de clasificar (y alienar) y la resistencia a ser clasificado. Esto, que aplicado al capitalismo opone capital y trabajo, supone, en todo tiempo histórico, una insubordinación frente a la puesta en clase, es decir, frente a la identificación del sujeto con una clase social determinada (y con sus funciones socialmente asignadas). En consecuencia, el primer paso del antagonismo social es la no-identificación y recién entonces la afirmación de la subjetividad. Cada vez que el obrero es privado del producto de su trabajo, es despojado, como en la acumulación originaria de Marx, y clasificado como tal, es decir, como desposeído. Su identidad le viene asignada y naturaliza en él sus condiciones materiales de existencia. Rebelarse, entonces, implica rechazar su identidad (social) y actuar como sujeto (critico-revolucionario).
Por todo esto, no parece posible articular la clase con ningún principio identitario, es decir, con ninguna definición socialmente construida. Incluso tratándose de clasificaciones no jerarquizantes como propone el capitalismo posmoderno, por ej. comunidades empresas-clientes, subyace una asimetría básica, definitoria. Toda relación derivada de una clasificación, es decir, formulada a priori, con antelación a su desarrollo, supone ya una desigualdad intrínseca. Hasta cuando se dice que el cliente en el capitalismo tiene el poder de retirarse del mercado y es, por lo tanto, su verdadero usufructuario, en verdad, es al revés. Su definición como cliente supone que está desposeído del bien que consume y, en consecuencia, es explotado en el acto de intercambiar un bien propio por otro ajeno, del que alguien hace diferencia. Tal cliente no fija términos de la relación ni condiciones de su reproducción. En una economía de mercado, se puede elegir entre ciertos consumos, que eventualmente ayudan a expresar una identidad, pero no se puede elegir no consumir, ya que el despojo, expresado como división social del trabajo, es la primera condición de existencia, o sea, la primera clasificación.
El alegato a favor del carácter insoslayable de las clasificaciones, la inmanencia del enclasamiento al principio de la mercantilización del trabajo bajo el capitalismo, sigue la tradición marxiana con la que no acuerdo. La desposesión nunca es prescriptiva ni definitiva y además es a veces indistinguible. Los trabajadores explotados a través de los fondos de pensión o a través de fondos de inversión se convierten en co explotadores, a través del consumo emulativo adoptan identidades o estilos de vida que los afirman en determinadas jerarquías frente a otros (minorías, migrantes, etc.). Por eso el antagonismo no puede deducirse de posiciones estructurales fijas objetivas dadas, sino al revés dichas posiciones dependen de la marcha del antagonismo y la lucha. Esquemáticamente, si los obreros quieren que sus hijos sean universitarios profesionales y trabajen en las empresas ayudando a explotar a otros obreros es dudoso que pueda aplicarse un carácter de clase solo por el criterio estructural. Lo mismo ocurre cuando los trabajadores excluidos, informales, quieren que sus hijos entren a una fábrica o un comercio.
EliminarPregunta 3
ResponderEliminarCastells (2013) considera que la etnicidad es una fuente de significado y reconocimiento y señala que, en el caso estadounidense, pasó de estar vinculada a la raza a conectar con principios de autoidentificación de otro tipo, por caso, la nacionalidad y la religión. Esto se debe a que en la sociedad-red la etnicidad pierde su antigua capacidad comunitaria, en función del debilitamiento de los lazos primordiales, y termina desplazada por comunas culturales o incluso por trincheras territorializadas a partir una exclusión compartida, con la carga simbólica que ella genera. De ahí la división de los negros por motivos de clase.
Ahora bien, Lash y Urry (1998) señalan que la actual fase de acumulación reflexiva de capital genera, en uno de los extremos de la estructura social, una infraclase formada por los estratos más bajos de la clase baja. Es el efecto de una auténtica movilidad social descendente que alcanza a amplios sectores de la clase obrera peor posicionada. La infraclase, sin embargo, no es un producto directo de las nuevas condiciones (y exigencias) del mercado de trabajo, sino que deriva de la ausencia o insuficiencia de regulaciones institucionales. Por contraposición, sociedades mejor dotadas de tales dispositivos eluden la formación de una infraclase pero alcanzan cotas de regulación social excesivas, con el consecuente impacto en las ocupaciones. Y recuperando a Wilson (1987) identifican algunas características identitarias de la infraclase: residencia en espacios segregados de otras clases; largos períodos sin empleo y hogares a cargo de una jefatura femenina; dependencia de la asistencia social y tendencia al delito urbano.
Haciendo a un lado la necesidad de abolición de la esclavitud que imponía, a principios del s.XIX, la división internacional del trabajo, la liberación formal de los negros y su descendencia en el río de la Plata se dió de una forma similar a la descripta por Lash y Urry, es decir, en ausencia de dispositivos colectivos (ni que hablar estatales) de contención/inserción de la mano de obra creada ipso facto. Lo que sí existía, con cierto desarrollo, es la etnicidad, es decir, el sentido de comunidad negra, vinculada a los lazos mencionados por Castells. En efecto, lo único que inicialmente pudieron experimentar los libertos fue su comunión. Incluso la reproducción de las relaciones sociales de dependencia, por no decir filoesclavistas, durante gran parte del siglo, se combinó ocasionalmente, por ej. durante el rosismo, con una exaltación de la etnicidad. Vale decir que la continuación en la práctica de lo suprimido en el derecho no impidió un reconocimiento de la afroargentinidad (aunque no se expresara en esos términos). La localización de barrios negros en algunos puntos de la ciudad de Buenos Aires, entonces lindantes con las afueras, remiten incluso a la figura del gueto, al menos en el sentido socioespacial del término. Pero no parece haberse desarrollado un sentimiento de resistencia abierta a las condiciones de su (re)inserción en la sociedad. Por otro lado, las divisiones entre libertos respondieron generalmente a la autoafirmación religiosa o tribal, no a diferencias por inserción social o nivel de vida. Sólo relativamente puede hablarse de una infraclase de afroargentinos durante el s.XIX.