Texto
de apoyo: S. Lash y M. Castells. Infraclase, guetificación etnica y sociedad
red.
Por Lic. Vanesa Da Silva
Scott
Lash. Espacios ingobernables: La infraclase y los guetos inmovilizados
Scott
Lash analiza como se desarrolla la cultura con los cambios en los sistemas
productivos tras la informatización. Las nuevas formas de comunicación apoyadas
en formas virtuales y sostenidas por las tecnologías de redes, tienden a borrar
las fronteras de lo público y lo privado. Los cambios en lo comunicacional, en
términos de pensar una nueva manera la organización de la información, genera
la posibilidad de pensar otras formas de lucha colectiva, donde lo simbólico no
ocupa el último lugar. En este sentido,
reflexionar sobre el activismo virtual, a la hora de visualizar demandas
sociales, nos lleva a pensar sobre los nuevos espacios que ocupa tanto la
información como los medios de comunicación. La desigualdad social, pareciera
entenderse mejor en términos de exclusión más que de explotación. Reflexionar
sobre las tecnologías de información y su incidencia para el cambio social,
implica además pensar en las condiciones de acceso a las mismas.
La
nueva organización del trabajo logra un desplazamiento de la vieja clase
obrera, concentrada en actividades manuales por la nueva dinámica de la fuerza
de trabajo, esta clase obrera es removida de sus espacios a causa de los altos
niveles de información y conocimiento. Se genera así una nueva división del
trabajo.
Los
trabajadores afroamericanos, habían logrado en la generación anterior junto a
un Estado benefactor y un modo de producción centrado básicamente en la fábrica
de línea de montaje, cierto ascenso social. En este sentido surge lo que Lash denomina la "infraclase": nuevos trabajadores
desprovistos de un capital cultural necesario para integrarse a las nuevas
modalidades de la producción y que ya no cuentan con los antiguos centros
fabriles.
Los
“guetos inmovilizados” de la infraclase son fruto de la desindustrialización y
del despliegue de la sociedad informacional.
Las infraclases hacen referencia a
nuevas formas de desigualdad social. Pertenecer a ellas significa quedar fuera de
las oportunidades que definen el éxito de acceder una ciudadanía plena. Las
mismas se sitúan en la periferia del sistema económico, agotadas sus
oportunidades de poder, de ingresos y nivel de vida. Despojadas de mecanismos
de influencia social y con dificultades organizativas, las infraclases no
pueden ser definidas como clase social en sentido estricto.
Manuel Castells: La desvinculación étnica: raza, clase e
identidad en la sociedad red
Castells
trabaja con conceptos imbricados en experiencias históricas. En su corpus, que
constituye un recorrido por la identidad de los afroamericanos, el concepto “etnicidad”,
por un lado, opera como esquema de diferenciación, es el sustento de luchas sociales, pero también fundamento de
la irracionalidad de la limpieza étnica en muchas sociedades. Por otro lado, la raza que sigue siendo parte
de una controversia política, junto a la etnia, son el eje del dinamismo en la
sociedad norteamericana.
A
saber: en tanto la raza sigue señalando conductas opresivas y discriminatorias,
la etnicidad pierde su singularidad para fundirse con esquemas más amplios de
sentido como la religión, la nación y el género. La polarización en la
comunidad afroamericana está marcada por los defensores de los derechos civiles
de los años 60´s, que de la mano de programas de beneficencia posibilitaron el
surgimiento de una clase media afroamericana educada. A pesar de este ascenso
social, la década del 90 da cuenta de la formación de una “infraclase negra” que
vive bajo la línea de pobreza en peores condiciones que en los años 60´s.
Esta
infraclase surgió tras el efecto de “una economía de la información
desequilibrada, de la segregación espacial y de una política pública errada”.
La sociedad de la información demanda conocimientos, educación y va desechando
los trabajos manuales, generando la exclusión de los negros del mercado
laboral. La clase media negra se desplaza del centro de las ciudades dejando a
disposición nuevos pobres urbanos. La elite política negra recibe los votos de
los pobres urbanos, en tanto otorgue programas sociales; la función de esta
elite es mediar entre el mundo empresarial, la clase política y los pobres de
los guetos. Por otro lado, el porcentaje de delitos de los afroamericanos es
mucho mayor que el de los hombres blancos. Esta carrera del delito de los
afroamericanos deja al descubierto otra realidad: la mujer como sostén
económico, ama de casa y madre de familia, ante un padre ausente que habita las
cárceles. Esta división en la estructura de clases genera una profunda
transformación sobre la identidad afroamericana; los negros estadounidenses son
tanto africanos como americanos, en el sentido de compartir fundamentalmente la
huella de la esclavitud.
Para superar esta tensión de una sociedad que
enarbolaba los ideales de libertad y que se fundó en base a una economía
esclavista, debió negar en principio “la humanidad de los negros”, porque a los
no humanos se les podía negar la libertad, en una sociedad que predica “que
todos los hombres nacen iguales”. El fundamento de la identidad de la
cultura negra nació de esta tensión: “la de la invisibilización y su falta
de nombre”, de este modo tuvo que superar su autodestrucción, y lo hizo con
éxito.
La
etnicidad pierde sentido a la hora de generar cambios en la sociedad red,
porque sus lazos se desvanecen cuando se apartan de su contexto histórico, no
edifica la reconstrucción de sentido “en un mundo de flujos y redes, de
recombinación de imágenes y de reasignación de significado.” Las etnicidades se reprocesan, según una
nueva lógica de informalización/globalización de las culturas.
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