Devolución TP 1
Excelentes los dos ejercicios propuestos porque son casos que permiten empezar a "jugar" con las categorías analíticas. Las observaciones que hago están lejos de intentar refutar sus propuestas sino justamente "estirar" el juego, es decir, problematizar, hacer más preguntas. Por supuesto pueden seguir comentando o si quieren discutiendo esta devolución.
Federico Lopez
Excelente la aplicación del esquema de 2ble negación del joven Marx al caso del TIPNIS en Bolivia bien concreto y bien recortado en
cuanto a los polos que se enfrentan. El conflicto se desdobla entre, por un lado, la disputa
por el territorio entre dos tipos de pueblos indígenas, uno excedentario de producción ganadera y de coca, y otro de subsistencia. Ambos como contradicción a nivel de existencia. Por otro lado, el conflicto por el modelo de desarrollo que se describe como "neoextractivismo
vs. buen vivir", tomado como contradicción a nivel esencia o género. Sin
embargo, no es del todo claro el posteo que insinúa pero no lo hace
directamente que los pueblos campesinos mercantilizados adhieren a la ruta y
los otros no mercantilizados o de subsistencia, se oponen. En ese caso (desconozco
esto en los hechos) hay un problema: ambos polos principales tienen “subpolos” en
actores sociales indígenas con distinta organización económica. Si es así no
hay una doble negación sino una sola que se expresa más ideológicamente como
buen vivir/neoextractivismo y otra expresión más social como grupos con
distintas formas económicas que apoyan a cada uno de los dos polos. Pero no habría dos formas de negación. La
pregunta persiste: qué clase de contradicción hay entre buen vivir y
neoextractivismo desarrollista?. El buen vivir parece ser un principio con una
realidad propia independiente e incluso anterior históricamente al
desarrollismo. Pero ocurre que los antagonismos sociales contrariamente a los
filosóficos son dinámicos, es decir, se transforman con su despliegue. Es claro
que más allá de tradiciones y raíces culturales comunitarias que sustentan el
sumak kwasai también las comunidades
están atravesadas por aspiraciones de modernización (G. Linera sorprendido porque en algunas comunidades indígenas aisladas, no creo que sean las del
TIPNIS pero igual es indicativo, que lo recibían con los celulares en alto). No
afirmo nada pero lo dejo como para seguir reflexionando: en qué medida el
proceso de cambio social económico y
político cultural que encarnó Evo no hace que estos polos no se conviertan en interdependientes,
al menos algunos aspectos y, por tanto, como mediados que se
realimentan por su opuesto. Los movimientos más indigenistas ambientalistas se
alimentan de enfrentar las iniciativas de empresas y gobiernos con implicancias
de daño ambiental y cultural. El hecho de que las banderas del buen vivir sean
sostenidas por un gobierno popular con políticas crudamente extractivistas en
este caso, muestra la interdependencia desde el polo opuesto. Es decir, el
extractivismo no se puede presentar sin contener a su opuesto para legitimarse. El buen vivir
tampoco podría poder sostenerse al menos políticamente al margen de la
modernidad al menos en algunos de sus aspectos. El análisis de las
contradicciones sirve para problematizar también las oposiciones superficiales,
es decir, las oposiciones presentadas por los que encarnan cada uno de los
polos. Las racionalizaciones de los actores no agotan el sentido de los
antagonismos. Como decía Marx que lo llame León al perro no lo convierte en
perro. Que una realidad se “declare” (operación típicamente del campo
ideológico) independiente de otra y la enfrente no significa que el análisis
del antagonismo tenga que detenerse allí. En la medida que las expresiones del
buen vivir aparecen solo para enfrentarse a proyectos gubernamentales y
empresariales muestran una dependencia de ellas. Al revés, si los proyectos
desarrollistas para hacerse posibles no pueden prescindir de las comunidades indígenas
ya sea como mercados o como fuerza de trabajo, o necesitan su consentimiento político, también va a demostrar cierta
dependencia de ellas. En estos casos serían antagonismos existenciales, los polos al menos en parte se van a realimentar en la lucha. En la medida que estos
proyectos no necesiten de las comunidades y las arrasen o destruyan entonces el
antagonismo sería esencial, al igual que si las comunidades fueran integrando
progresivamente territorio bajo un régimen de producción desmercantilizador y
amenazara al capitalismo y al estado desarrollista.
Lucía Pérez
El TP sobre el movimiento
estudiantil en Colombia excede la consigna, lo que por supuesto es motivo de
elogio. Extraordinario lo que contás sobre la estratificación de la población
por categoría de vivienda para el pago de los servicios públicos. Es claro que
una diferencia económica basada en una estimación del valor patrimonial de un
bien como la vivienda sea sancionada administrativamente por el estado y que la gente la
empiece a tomar como punto de referencia para medir sus oportunidades en el campo económico y social, sumado al hecho de que el ingreso a
la universidad sea pago para las clases altas y dificultosamente financiado
para el resto, muestra una situación de inmovilidad intergeneracional de la
estructura de clases: es decir, se reducen las posibilidades de ascenso social
sobre la base de las acreditaciones educativas superiores, que es el principal
canal de ascenso para las clases medias. Como señalás acertadamente, esta segmentación estatal de la
población en 6 categorías, por un lado, y las barreras a los estudios universitarios sumado a la
represión como método de control político, por el otro, muestra una especie de tendencia a la
estamentalización o al abandono de un sistema específicamente clasista de
diferenciación social, que necesariamente debería ser abierto y móvil.
La observación a hacer es: la
cuestión del contenido clasista de estas luchas estudiantiles no pueden
describirse simplemente como el estudiantado como “clase en lucha”. Recomiendo
la lectura de Gurvitch y también mi propio libro en diversas partes, las clases
no son grupos (viejo reflejo heredado del marxismo con la ecuación
clase=obreros de fábrica), son en todo caso supra agrupaciones, es decir, aglutinaciones
difusas de muchos grupos concretos. Desde este punto de vista subsiste la
pregunta cómo describir el carácter de clase de las movilizaciones
estudiantiles. Qué horizonte de grupos aunaron estas movilizaciones, qué tipo de
antagonismos catalizaron y qué polos se articularon, cómo las
autoidentificaciones por categorías impositivas operan en este contexto. Tengo
entendido por ejemplo que se movilizaron también estudiantes de las principales
universidades privadas por lo que no podría entenderse como una movilización de
clases medias pobres. En definitiva, el análisis de antagonismos clasistas
sirven para hacerse preguntas o para no quedarse con las correspondencias
inmediatas entre actores sociales, intereses y acciones.
Me queda pendiente releer a Gurvith para iluminar un poco la lucha de clases en la movilización estudiantil. Creo que los estudiantes de universidades privadas se sumaron a las primeras movilizaciones peor volvieron a clase, no arriesgaron su posición y cuando la lucha continúa solo para un grupo de estudiantes creo que empieza a tener características mas específicas, o antagonismos presentes un poco más definidos. Siguen surgiendo preguntas que creo que en este caso el cierre social y la posibilidad de usurpación pueden llegar a responder.
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