Los pantanos teóricos en que nos metieron Marx y Weber y los intentos posclásicos de salir
El punto de partida que la
sociología académica desarrolló en el siglo XX fue el de la formalización,
estilización o explosiva combinación de los textos dejados por Marx y Weber.
Sin embargo, cualquiera puede constatar que, por un lado, Marx no terminó el último
capítulo de El Capital sobre las clases, Engels evitó o no fue capaz de escribirlo
con lo que finalmente el marxismo “base” sobre las clases es el de Kautsky (con
las críticas de Lenin) y, por otro lado, que los textos editados por la esposa
de Weber eran papeles borradores que en algunos tópicos se contradicen sobre el
tema de las clases al punto que se publicaron en partes distintas de Economía y
Sociedad.
Los clásicos no abordaron de
manera amplia y sistemática la especificidad de la problemática teórica de las
clases y dejaron todo tipo de inconsistencias y omisiones. Las posteriores
corrientes marxianas, por un lado, y funcionalistas americana, por otro,
intentaron modelizar esta endeblez vía el expediente de ocultar o negar todas
sus inconsistencias, en vez de explotarlas o desarrollarlas.
La sociología posclásica abordó
3 campos de debates sobre las clases: 1) El tipo de determinación fundamental o
de relaciones sociales privilegiantes de las diferencias de clase
(acumulación-trabajo-capital en Marx, mercado-distribución-poder de disposición
en Weber); 2) Los factores aglutinantes de la formación de las clases para
reconocerlos como agentes sociales diferenciados de otros; 3) La posible
eficacia histórica, es decir, su papel en el cambio social.
Veamos las derivas del posweberismo: por un lado, el
funcionalismo estructural que retomó la teoría de la acción weberiana y la
combinó con la tradición utilitarista – pragmatista anglosajona y con los
descubrimientos de teoría de sistemas biológicos y de la sociología de las
organizaciones. Por otro lado, los que recuperaron y enfatizaron la teoría del
poder weberiana y lo combinaron con ciertos aspectos del marxismo y la teoría
de las elites.
Lo primero que hay que resaltar es que para Weber lo que
define las clases es la economía: la situación de clase como probabilidades
típicas de acceso a bienes que determina oportunidades vitales e intereses
semejantes. El siguiente cuadro muestra las distintas variantes
estratificadoras presentadas por Weber. Obsérvese que se basa en una
amplicación del criterio marxista: ya no solo los medios de producción sino
también otros tipos de medios que den oportunidades de apropiación de ingresos,
rentas, etc.
Además hace jugar ciertos criterios de formación de
clases: las clases “sociales” específicas tienen sus propias formas de
cohesión, vida interna y de acción clasista. Con ello podría decirse que no
todas las clases económicas llegan a ser clases sociales.
TIPOS DE DETERMINACION DE SITUACION DE CLASE
|
FUENTE DE PODER DE DISPOSICION
|
CATEGORIAS DE CLASES
POSITIVAS O NEGATIVAMENTE AVENTAJADAS
|
CARÁCTER DE LA RELACION DE CLASE
|
PROPIETARIAS
|
Monopolios de compra-venta de bienes o servicios,
patrimonio o capital. Activos reales o financieros.
Privilegios estamentales por títulos educativos
|
RENTISTAS, PRESTAMISTAS, ACREEDORES
CLASES MEDIAS EDUCADAS
SERVIDUMBRE, DESCLASADOS, DEUDORES, POBRES
|
FORMA NO DINAMICA DE LUCHA (Esclavistas, campesinos, artesanos)
Luchan por acceso o la defensa de la propiedad. Desclasados
y terratenientes; acreedores y deudores o patriciado y plebe urbana y
campesina.
Diversidad interna, solo es homogenea la de los
desclasados/desposeidos.
|
LUCRATIVAS
|
Monopolios de bienes lucrativos y aseguramiento de
oportunidades
|
EMPRESARIOS
BANQUEROS
PROFESIONALES LIBERALES
TRABAJADORES CON CUALIDADES MONOPOLICAS
CLASES MEDIAS DE CAMPESINOS Y ARTESANOS, FUNCIONARIOS
TRABAJADORES DE CUALQUIER CALIFICACION NO MONOPOLICA
|
Conducta homogénea:
-intereses inmediatos enemigos (proletarios contra gerentes
y no contra accionistas, campesinos contra estado y no contra terratenientes)
- Masificación de situación típica.
-posibilidad técnica de fácil reunión
-dirección clara de intelectuales externos.
|
SOCIALES
|
Altas oportunidades de Interacción personal regular y
perduración intergeneracional
|
PROLETARIADO
PEQUEÑA BURGUESIA
INTELLIGENTSIA Y EXPERTOS
PROPIETARIOS Y PRIVILEGIADOS POR EDUCACION
|
Fragmentaciones internas por calificación. Ideal de
ascenso a Intelligentsia mas que a Pequeña propiedad independiente.
|
Los tipos de bienes (renta o lucro) determinan diversos
tipos de cortes de clases. El esquema weberiano limitaba mucho la cuestión de
la formación de clases (los estilos de vida homogéneos eran materia del
análisis de estamentos) y la cuestión de la eficacia histórica o de poder (en
realidad son las asociaciones de dominación y especialmente los partidos políticos
los que se encargan de esto, no las clases).
La sociología americana retomó el esquema weberiano pero
le adosó la teoría sistémica de los roles y la idea de tendencia hacia el
equilibrio basado en las recompensas a la integración y adaptación del sistema.
Parsons ve en las situaciones de clase unas
diferenciaciones que reflejan el premio – incentivo que sistémicamente se tiene
que dar a aquellos que más contribuyen a la integración y la expansión del
sistema. Es el principio de primacía de la integración del sistema: la
estratificación se ve íntimamente ligada a la integración. Lo que en Weber
podía ser monopolio y coerción en Parsons es un imperativo sistémico por el
cual las recompensas o retribuciones a los distintos roles sociales tienen que
respetar la contribución que hace cada uno de ellos a la perpetuación y
crecimiento del sistema en su conjunto y de los valores normativos que inspiran
a los integrantes del sistema.
La estratificación es una función de evaluación
sistémica de la actuación de los actores y de la importancia de los roles que
desempeñan. Las recompensas materiales (recursos) o simbólicas (prestigio,
reputación) tienden a jerarquizar a quienes más aportan a la integración
funcional global. La teoría sostiene un principio de correspondencia entre roles
y recursos de forma tal que incentive la eficacia social de acuerdo a los fines
normativos, obligando a evaluar la
contribución diferencial de las unidades y actores.
Es evidente que este planteo responde
defectuosamente a las tres cuestiones heredadas de los clásicos: son los fines
valorativos en última instancia lo que justifica las diferencias y no hay
bienes o instancias privilegiadas de diferenciación; la formación de clases se
reduce a “grupos de estatus” que comparten un tipo específico de recompensa
material y simbólica; y no se les asigna papel alguno en el cambio social ni en
la acción histórica o política. En todo caso configuran el contexto o paisaje
social sobre el que actúan políticos, elites o gobernantes.
La reducción funcional posweberiana no fue el
único derrotero de los seguidores de los pasos de Weber.
Dahrendorf es uno de los más grandes teóricos sobre la
sociedad clasista industrial y rescata la cuestión del poder como central,
además de incorporar varios tópicos típicamente marxistas al análisis. Es un
avanzado al situar la teoría de la formación de clase dentro de la teoría del
conflicto y el cambio y no al revés. No hay clases sin lucha de clases afirma
resuelto en consonancia con el marxismo más combativo.
Pero contrariamente al marxismo la estructura de clases
no proviene de la lógica de la acumulación y la relación capital – trabajo
sino, siguiendo la tradición weberiana, de las relaciones de poder
efectivas. Lo importante no es el derecho de propiedad sino
el poder de disposición efectiva y el uso de los bienes para diferenciar y
excluir. Lejos de la teoría de la integración, Dahrendorf se inscribe en la
teoría del conflicto y la dominación. El
demarcador clasista no es ni el mercado ni el capital, sino la distribución
diferencial de poder (y exclusión o participación en el poder legítimo) en una
asociación de dominación. Es el compartir estas posiciones de manejo de poder
sobre bienes lo que da lugar a la aparición de “cuasi grupos” con “intereses
latentes”. Son las funciones asignadas en el sistema de poder las que en su interjuego y ajuste terminan moldeando la
conciencia y formalizando los intereses manifiestos (psicológicos y materiales)
de las clases.
Las CLASES son entonces resultados de una
posición estructural-funcional en una asociación de dominación (típicamente la
gran empresa capitalista de posguerra) más las experiencias comunes y la acción
organizada para defenderse y atacar las posiciones de otros grupos.
La formación de clases tiene tres dimensiones
o factores: TECNICOS (facilidad de agrupamiento, de reunión, acceso a recursos,
a ideas comunes); POLITICOS (reconocimiento institucional, legalidad); y SOCIALES
(contacto regular, reclutamiento, experiencias comunes).
La GRAN EMPRESA con planificación,
profesionalización y nuevas relaciones jurídicas que separan propiedad de
control y empresa de capital (managers, accionistas) son proclives a la INSTITUCIONALIZACION
DEL CONFLICTO (encapsulamiento) y con ello a los procesos de formación de
clases.
El neoweberianismo de F. Parkin es curioso
porque prescinde por completo de los textos de Weber sobre las clases y recrea
la teoría a partir de otro concepto weberiano pero sacado de sus estudios de
historia económica: el concepto de acaparamiento de oportunidades y de cierre
social. Es el dispositivo de cierre social como poder colectivo de exclusión colectiva
el que se convierte en ariete de su concepción de las clases. Cierre social
supone un poder de maximizar recompensas limitando a otros el acceso a las
mismas, invocando atributos como motivos de exclusión. Es la monopolización por
prácticas excluyentes usando atributos grupales que definen a otros como “los
extraños” o “ajenos”.
El interés de este punto de partida se potencia porque
los rechazados o sea quienes intentan acceder a esos recursos u oportunidades,
resisten el cierre con lo que Parkin llama intentos de “usurpación”. El
interjuego de cierre y usurpación es la dinámica específicamente clasista y
forma las clases en torno al control sobre recursos “valiosos” en distintas
épocas = tierra, armas, conocimientos esotéricos, etc. La monopolización de
recursos claves deben reproducir y perpetuar esta capacidad de excluir a otros,
y las acciones de usurpación que se le oponen siempre son portadoras de nuevos
criterios distributivos de “justicia”.
Parkin contra Parsons y Dahrendorf reafirma el apotegma
marxista: las clases se forman en la lucha y también que el cierre social más
importante tiende a ser el de la propiedad privada de los medios productivos
basada en el derecho hereditario. Se opone con ello a la devaluación de la
importancia de la propiedad a favor de la división del trabajo y los roles
ocupacionales, típicas de la teoría de la estratificación del funcionalismo, y
se opone a la exacerbación del poder de mando y decisión que enarbola
Dahrendorf. Se opone en definitiva a la desvalorización
funcionalista o weberiana de la propiedad.
En cambio muestra otro tipo de cierre social del
capitalismo avanzado: los tìtulos educativos como control de entrada y cierre
social sobre posiciones claves.
Finalmente Parkin ofrece análisis de cómo aquellos que
intentan usurpar o romper los cierres sociales pueden a su vez ejercer el
cierre social sobre otros: los obreros blancos comunistas en Sudáfrica eran
racistas, lo mismo los sindicatos irlandeses contra los católicos, etc. A estos
fenómenos lo llama el cierre social dual.
Dentro de la tradición marxista los procesos de consolidación o cristalización teórica también intentan disfrazar o suturar contradicciones teóricas.
Ossowski (1969), un marxista
polaco, es quien ha leído con mayor detenimiento el potencial explosivo de
contradicciones sobre las clases que anida en la obra marxiana. Define al
marxismo como una “exorbitante síntesis” omniabarcativa de múltiples disciplinas
(sociología, economía, filosofía, historia, política); que mezcla una ética normativa
de fines revolucionarios con explicaciones legaliformes positivistas de leyes
de desarrollo histórico; que combina
tradiciones multiculturales europeas: economía inglesa, filosofía alemana, y socialismo
francés.
Así, la dicotomía básica (burguesía / proletariado) del
Marx dramaturgo-revolucionario de algunas obras se acompaña del delicado
análisis de clases intermedias del Marx historiador o cronista social de su
época.
Sin embargo, hay un criterio tricotómico sistémico en el
punto de partida de Marx que sostiene 3
y solo 3 tipos de relaciones de la fuerza de trabajo con los medios de
producción, que proviene del cruce del criterio de 1) posesión/desposesión de
los medios de producción, con el de 2) si trabajan o no trabajan, con el de 3)
si son explotados, explotan o ni uno ni otro.
Si cruzamos el criterio 1 y el 3
tenemos el siguiente cuadro.
POSEEDORES MEDIOS PROD.
|
DESPOSEIDOS
| ||
EXPLOTAN FUERZA DE TRABAJO
BURGUESÍA
|
NO EXPLOTAN FUERZA DE TRABAJO
INTERMEDIAS
|
VENDEN FUERZA DE TRABAJO Y SON EXPLOTADOS
OBREROS
|
NO VENDEN Y NI SON EXPLOTADOS
LUMPEN
|
Si cruzamos el criterio 2 y 3 tenemos el siguiente
cuadro.
NO TRABAJAN Y EXPLOTAN
CAPITALISTAS
|
TRABAJAN Y EXPLOTAN
PEQUEÑA BURGUESIA CAPITALISTA
|
TRABAJAN Y NO EXPLOTAN
PEQUEÑA BURGUESÍA INDEPENDIENTE
|
TRABAJAN Y SON EXPLOTADOS
PROLETARIADO
|
NO TRABAJAN NI EXPLOTAN
DESCLASADOS
|
En Ossowski se observa que la combinación de criterios
dicotómicos sistémicos tiene líneas de fuga no dicotómicas.
También hay fuertes contradicciones no resueltas en las
elaboraciones sobre la lucha de clases: como lucha emancipatoria sempiterna de
opresores minoritarios y masas oprimidas, o como lucha entre minorías
competitivas por el poder. Engels en el prólogo a “Las luchas de clases en
Francia” llega a reconocer por la evidencia histórica que las masas se
involucran detrás de minorías, o sea que los oprimidos no son los que se
enfrentan de manera directa por su liberación sino al servicio de clases
minoritarias. Incluso para algunos marxistas las luchas de las masas oprimidas
pueden obstaculizar la lucha progresiva de una minoría adelantada contra una
atrasada. Del mismo modo, la lucha de
clases no es necesariamente reducida a luchas entre explotadores y explotados, sino
que puede ampliarse a luchas entre intereses contrapuestos en sentido lato. Si
la programática revolucionaria va hacia lo primero, los estudios históricos van
hacia lo segundo.
Sobre este núcleo incandescente de cuestiones irresueltas
el marxismo “occidental” ha derivado en diversas vertientes al combinarse con
tradiciones intelectuales o influencia de disciplinas científicas: el
estructuralismo, el historicismo y el individualismo metodológico han generado
distintos modos de análisis marxista de la cuestión de las clases, de los
cuales solo vamos a ver algunas de sus expresiones más reconocidas.
El griego Poulantzas discípulo de Althusser ha sido sin
dudas el más brillante teórico de las clases dentro de la corriente
estructuralista de los años 60 y 70. Abandona sin mucho ruido la definición
leninista clásica centrada en el modo de producción, y dice que las clases no
se constituyen en el campo de las
relaciones estructurales, sino en el campo de las relaciones sociales,
es decir, el campo de los efectos
conjuntos de estructuras economico-político e ideológico, las prácticas. El concepto de
clase social entonces no se corresponde con estructuras sino con prácticas,
específicamente, prácticas de lucha en las que son decisivos dos conceptos
específicos: intereses y poder.
Sin embargo, el
papel de las estructuras sigue siendo una clave de análisis insoslayable a
través de lo que él denomina la doble articulación del concepto de clases con
las estructuras:
las estructuras delimitan la capacidad de las prácticas de transformar las
mismas estructuras. Las prácticas antagónicas donde se dirime poder e interés
pueden agrupar a los agentes en clases y sus luchas cambiar la historia, pero
solo hasta el punto en que las mismas estructuras (relaciones de producción y
fuerzas productivas) las limitan.
Según este planteo las clases se constituyen
en la lucha de clases integrando los niveles económico- político- ideológico,
limitadas por las relaciones estructurales en cuánto agentes con eficacia
histórica.
El marxismo analítico representado aquí por el
recientemente fallecido y asiduo visitante de nuestro país y nuestra
universidad, E. Olin Wright, ha introducido en el marxismo los principios del
empirismo lógico, el individualismo metodológico y la teoría de juegos
estratégicos. Las clases se definen por el tipo de estrategias que están
obligadas a realizar al tener (o no tener) acceso a algún bien estratégico: los
medios de producción, la tierra, los medios de crédito, los conocimientos y la
tecnología, etc. Comprar y vender fuerza de trabajo, hipotecar o prestar bienes
propios, o comprar y vender saberes o técnicas son los comportamientos que nos
constituyen como clase. Son los intercambios no exentos de lucha y antagonismo
los que definen las clases. En este contexto realizan su aporte para entender
desde el marxismo el fenómeno de la despolarización de la estructura de clases
y la emergencia de las llamadas clases medias, con sus “posiciones
paradójicas”.
El artículo de Przeworski, también expresión del marxismo anlítico, muestra que la imagen de la
sociedad de clases del marxismo originario se basa en la homogeneidad de la
masa amorfa de clases bajas a mitad del Siglo XIX en que las posiciones respecto de los medios
de producción coincidían con una segmentación nítida y catastrófica de la
población entre ricos y pobres. La condición de propiedad definía per se la
situación en la vida social. Sin embargo, hacia fines de siglo XIX se
puede observar una incipiente clase media (trabajadores no manuales, con
pequeña propiedad, educación, etc.) que consume lo que no produce y la lucha de clases organiza el excedente con
amplios grados de libertad respecto del proceso de acumulación capitalista. La determinación
política ideológica de las clases medias a través de las luchas incide sobre
los procesos de acumulación / distribución. Hay efectos continuos de las luchas
por organizar la sociedad y no son sujetos continuos que emanan de realidades
estructurales sino que se reconfiguran dinámicamente. Las clases en lucha son efecto de luchas de clases. Las luchas
mejoran salarios y distribución de la propiedad inmueble, la educación y las
pensiones, con ello se reconfigura la estructura de clases. Las clases mismas se definen en torno a las
luchas: lucha sobre clases en vez de
lucha entre clases. ¿Las clases medias son parte o no de la clase trabajadora?,
¿son una tercer clase enfrentada con la burguesía y el proletariado?, ¿o son
simples fieles servidores de la burguesía?, son cuestiones en torno a las que hay
una lucha de clases.
Las vertientes historicistas representadas aquí por E.P. Thompson, el principal historiador marxista británico, conocido
por revolucionar la historia obrera y popular, partiendo de la radical
disociación entre la cultura y la política de los de arriba y los de abajo.
Aboga por un reconstruir la visión histórica desde abajo. Entiende que la Clase
“es definida por los hombres al vivir su propia historia” como única
definición. Por tanto es una categoría histórica, aunque parte de supuestos de
estructuras, determinantes objetivos, relaciones de producción. Es también una
categoría heurística que permite organizar la base empirica de investigación
histórica, sobre todo cuando “Clase” no es una categoría presente en la época
ni usada por ningún agente histórico concreto.
Thompson reivindica a Marx en tanto respeta este carácter
histórico de clase, pero no a Lenin que plantea una proyección
geométrica de las relaciones de producción como única forma de constitución de
clase. Rechaza el estructuralismo que prescinde de la historia en la formación
de clase. Clase en su uso heurístico es inseparable de lucha de clases. Se ha prestado
mucha atención a clase y menos a lucha, que es previo y mucho más universal. “No
hay gentes que miran en derredor, encuentran al enemigo y comienzan a luchar.
Se encuentran en sociedades estructuradas en modos determinados principal pero
no únicamente por modos de producción; experimentan la explotación; identifican
intereses antagónicos; comienzan a
luchar y en el transcurso se descubren como clases”. La conciencia es el último
paso no el primero. La clase no está instantáneamente presente porque lo
profese un modelo teórico. Es un gigantesco error creer que existen clases independientemente
de sus relaciones y luchas, “no luchan porque existen sino existen porque
luchan”. Las Clases acaecen al vivir los hombres y mujeres sus relaciones de
producción y experimentarlas modelando la experiencia culturalmente. Clase se
define a sí misma en su acontecer. No hay modelo universal de formación de
clases.
Finalmente, no hay forma de evitar el abordaje de los
autores más arraigados en el estudio de las clases sociales en los últimos 40
años que tienden a una convergencia entre los enfoques weberianos y
neoweberianos, y los diversos enfoques provenientes del marxismo. Encabezados
por Bourdieu, intentan desarrollar una sociología constructivista de las clases
en la que se ensamblan de manera ecléctica y secuenciada a la manera de capas
superpuestas las diversas dimensiones “enclasantes”. La teoría del campo en
Bourdieu y la teoría de los factores mediatos e inmediatos de estructuración de
clases de Giddens son ejemplos acabados.
Para Bourdieu los agentes dirimen, tanto individual como colectivamente, a través de relaciones de cooperación o conflicto en campos específicos, sus oportunidades de apropiación de los distintos tipos de "capital" (económico,
social y cultural) que sirven para realizar prácticas más efectivas de predominio en cada campo. La posibilidad que los agentes hagan distintas "apuestas", "tomas de posición", para disputar formas diversas de capital supone un importante recurso que es el de "conversión" entre tipos de capital: los agentes pueden intentar mejorar su posición cambiando capital económico por capital cultural, o capital social, etc. Los mecanismos de socialización y educación o inculcación en familias y escuelas o instituciones que ejercen violencia simbólica hacen que haya lo que el llama "incorporación de habitus" que hacen que los agentes se desempeñen para reproducir las prácticas de apropiación adecuadas que perpetuan el predominio o la situación de subordinación de dónde provienen. Las clases se reproducen intergeneracionalmente a través de los habitus incorporados.
Para Giddens, la propiedad, la jerarquía de autoridad, el dominio de conocimiento o habilidades técnicas, los estilos de vida y consumo, se superponen para ir ensamblando las clases como formas de actuación y de conciencia comunes. En una suerte de teoría catch all, o toma todo, omniabarcadora y ecléctica, se multiplican los criterios de enclasamiento de la población.
La articulación de la propiedad económica con las
relaciones técnicas de producción y la autoridad, la tecnología, y los estilos
de vida y consumo, proveen criterios amplios omniabarcadores lo suficientemente
flexibles como para analizar material empírico diverso. Sin embargo, en mi
texto (Gomez, 2014) se puede ver que el eclecticismo en realidad termina
multiplicando los problemas irresueltos en los puntos de partida primitivos de
Marx y Weber que se hacen converger.
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