jueves, 7 de mayo de 2020

Sobre Bourdieu

Sobre Bourdieu. 

Ante todo aprovecho para presentarme, como sabemos estamos transitando un contexto complicado para todos en el marco de la pandemia generada por el COVID-19, no obstante, desde la cátedra, intentamos poder brindarles una guía que no solo implica apoyo pedagógico, sino además, una guía sobre los conocimientos y debates que propone la materia. Dicho esto, mi nombre es Vanesa Da Silva, soy Licenciada en Sociología (UBA) y Doctoranda en Historia (FFyL) además de integrante del cuerpo docente de la asignatura. Son mis tareas, entre otras, coordinar el trabajo de los alumnos en la instancia de las clases prácticas.  El texto que nos convoca hoy es el de Pierre Bourdieu Espacio Social y espacio simbólico. Introducción a Una Lectura Japonesa de La Distinción. en Bourdieu, P. Capital Cultural, Escuela y Espacio Social Siglo XXI, Argentina, Bs As.
Consigna: ¿Por qué para Bourdieu no existe la igualdad en la enseñanza? ¿cómo opera el sistema escolar como reproductor de una determinada cultura? Describa brevemente cuáles son las consecuencias para las clases más desfavorecidas.   
En este texto encontramos un conjunto de escritos como conferencias, entrevistas que fueron hechas a Bourdieu, cartas elaboradas por Bourdieu para visualizar los aportes de otros intelectuales de su época y material producido por el autor durante una visita que hace a intelectuales japoneses en 1989. Leeremos la transcripción de una entrevista hecha a Bourdieu por Jaques Bass, un escrito titulado Sociología y democracia, (Conferencia pronunciada en Today, Japón, en 1989, conocida como una “Introducción a la lectura japonesa” de su obra La nobleza del Estado), un texto preparado para la última reedición de La Reproducción, y una entrevista sobre educación hecha a Bourdieu por dos profesores de la Universidad de Tokio en 1989.
Lo que plantea Bourdieu es que la sociología debe contribuir a una acción política democrática en la que la educación sea el elemento más importante, que además de alcanzar posiciones sociales es determinante para la práctica de los derechos de ciudadanía, ya que la igualdad implica tensiones donde existe desigualdad.
En la Conferencia de Tokio, Bourdieu analiza a la institución escolar sosteniendo que la misma contribuye a la reproducción del capital cultural, y con esto a la reproducción de la estructura del espacio social, influyendo en las estrategias de la familia y la lógica de las instituciones escolares, a las que llama estrategias de reproducción, específicamente, estrategias educativas. Sostiene que el sistema escolar opera separando a los herederos de un capital cultural ya apropiado (la gran nobleza), de los que menos lo tienen (la pequeña nobleza).
Los títulos, los grados, las ceremonias solemnes, contribuyen a constituir La nobleza del Estado; para el autor los alumnos y las familias actúan en función de tres aspectos: a) Su gusto (sistema adquirido a partir de preferencias, de principios de visión y de división); b) Sistemas de estructuras cognoscitivas duraderas; y, c) Esquemas de acción que orientan a percibir la situación y la respuesta adecuada (Bordieu, 2005).
Bourdieu critica como opera la institución escolar, tanto para los académicos, señalando que los mismos no pueden enjuiciar a sus alumnos, ya que ellos, integrantes de una historia tienen un habitus adquirido. Persigue la idea de que la institución contribuyen a la reproducción del capital cultural y con esto del espacio social.
Para el autor el sistema escolar debe insistir en que no todos los alumnos manejan formas elementales de aprendizaje, destacando la educación familiar, especialmente por parte de la madre, quien es la que transmite los hábitos de trabajo (Bordieu, 2005).
Bourdieu plantea dos estrategias de reproducción del capital cultural: la familia y el sistema escolar. Para Bourdieu, el sistema escolar está constituido desde la lógica de las instituciones escolares que disponen de un conjunto de agentes sociales, a los que clasifica en dos categorías: la familia y los alumnos; éstos cuentan con un gusto propio y determinado, una estructura cognitiva duradera y ciertos esquemas de acción.
Las familias en tanto cuerpos sociales articulados, son producto de una historia que preservan y transmiten   su ser social. Y así se constituyen en una estrategia de reproducción del orden social, que en primer lugar contribuye a la reproducción del capital cultural y a partir de éste a la reproducción del espacio social, lugar donde se mueven los campos y se presentan las ofertas culturales de cada uno de los mismos.
Bourdieu sostiene que el capital cultural de una familia crece y es acumulado por la misma. Hay familias que valoran más la educación y su capital cultural es mayor situándose en una posición de mayor ventaja, como una nobleza y de este modo se transmite una diferencia social.


Texto de apoyo Unidad 2

Los textos en formato pdf los encontramos en este link Textos Unidad 2


Los pantanos teóricos en que nos metieron Marx y Weber y los intentos posclásicos de salir

El punto de partida que la sociología académica desarrolló en el siglo XX fue el de la formalización, estilización o explosiva combinación de los textos dejados por Marx y Weber. 
Sin embargo, cualquiera puede constatar que, por un lado, Marx no terminó el último capítulo de El Capital sobre las clases, Engels evitó o no fue capaz de escribirlo con lo que finalmente el marxismo “base” sobre las clases es el de Kautsky (con las críticas de Lenin) y, por otro lado, que los textos editados por la esposa de Weber eran papeles borradores que en algunos tópicos se contradicen sobre el tema de las clases al punto que se publicaron en partes distintas de Economía y Sociedad.

Los clásicos no abordaron de manera amplia y sistemática la especificidad de la problemática teórica de las clases y dejaron todo tipo de inconsistencias y omisiones. Las posteriores corrientes marxianas, por un lado, y funcionalistas americana, por otro, intentaron modelizar esta endeblez vía el expediente de ocultar o negar todas sus inconsistencias, en vez de explotarlas o desarrollarlas.

La sociología posclásica abordó 3 campos de debates sobre las clases: 1) El tipo de determinación fundamental o de relaciones sociales privilegiantes de las diferencias de clase (acumulación-trabajo-capital en Marx, mercado-distribución-poder de disposición en Weber); 2) Los factores aglutinantes de la formación de las clases para reconocerlos como agentes sociales diferenciados de otros; 3) La posible eficacia histórica, es decir, su papel en el cambio social.

Veamos las derivas del posweberismo: por un lado, el funcionalismo estructural que retomó la teoría de la acción weberiana y la combinó con la tradición utilitarista – pragmatista anglosajona y con los descubrimientos de teoría de sistemas biológicos y de la sociología de las organizaciones. Por otro lado, los que recuperaron y enfatizaron la teoría del poder weberiana y lo combinaron con ciertos aspectos del marxismo y la teoría de las elites.
Lo primero que hay que resaltar es que para Weber lo que define las clases es la economía: la situación de clase como probabilidades típicas de acceso a bienes que determina oportunidades vitales e intereses semejantes. El siguiente cuadro muestra las distintas variantes estratificadoras presentadas por Weber. Obsérvese que se basa en una amplicación del criterio marxista: ya no solo los medios de producción sino también otros tipos de medios que den oportunidades de apropiación de ingresos, rentas, etc.
Además hace jugar ciertos criterios de formación de clases: las clases “sociales” específicas tienen sus propias formas de cohesión, vida interna y de acción clasista. Con ello podría decirse que no todas las clases económicas llegan a ser clases sociales.

TIPOS DE DETERMINACION DE SITUACION DE CLASE
FUENTE DE PODER DE DISPOSICION
CATEGORIAS DE CLASES  POSITIVAS O NEGATIVAMENTE AVENTAJADAS
CARÁCTER DE LA RELACION DE CLASE



PROPIETARIAS
Monopolios de compra-venta de bienes o servicios, patrimonio o capital. Activos reales o financieros.
Privilegios estamentales por títulos educativos
RENTISTAS, PRESTAMISTAS, ACREEDORES
CLASES MEDIAS EDUCADAS
SERVIDUMBRE, DESCLASADOS, DEUDORES, POBRES
FORMA NO DINAMICA DE LUCHA (Esclavistas,  campesinos, artesanos)
Luchan por acceso o la defensa de la propiedad. Desclasados y terratenientes; acreedores y deudores o patriciado y plebe urbana y campesina.
Diversidad interna, solo es homogenea la de los desclasados/desposeidos.






LUCRATIVAS
Monopolios de bienes lucrativos y aseguramiento de oportunidades
EMPRESARIOS
BANQUEROS
PROFESIONALES LIBERALES
TRABAJADORES CON CUALIDADES MONOPOLICAS
CLASES MEDIAS DE CAMPESINOS Y ARTESANOS, FUNCIONARIOS
TRABAJADORES DE CUALQUIER CALIFICACION NO MONOPOLICA
Conducta homogénea:
-intereses inmediatos enemigos (proletarios contra gerentes y no contra accionistas, campesinos contra estado y no contra terratenientes)
- Masificación de situación típica.
-posibilidad técnica de fácil reunión
-dirección clara de intelectuales externos.



SOCIALES
Altas oportunidades de Interacción personal regular y perduración intergeneracional
PROLETARIADO
PEQUEÑA BURGUESIA
INTELLIGENTSIA Y EXPERTOS
PROPIETARIOS Y PRIVILEGIADOS POR EDUCACION
Fragmentaciones internas por calificación. Ideal de ascenso a Intelligentsia mas que a Pequeña propiedad independiente.



Los tipos de bienes (renta o lucro) determinan diversos tipos de cortes de clases. El esquema weberiano limitaba mucho la cuestión de la formación de clases (los estilos de vida homogéneos eran materia del análisis de estamentos) y la cuestión de la eficacia histórica o de poder (en realidad son las asociaciones de dominación y especialmente los partidos políticos los que se encargan de esto, no las clases).

La sociología americana retomó el esquema weberiano pero le adosó la teoría sistémica de los roles y la idea de tendencia hacia el equilibrio basado en las recompensas a la integración y adaptación del sistema.

Parsons ve en las situaciones de clase unas diferenciaciones que reflejan el premio – incentivo que sistémicamente se tiene que dar a aquellos que más contribuyen a la integración y la expansión del sistema. Es el principio de primacía de la integración del sistema: la estratificación se ve íntimamente ligada a la integración. Lo que en Weber podía ser monopolio y coerción en Parsons es un imperativo sistémico por el cual las recompensas o retribuciones a los distintos roles sociales tienen que respetar la contribución que hace cada uno de ellos a la perpetuación y crecimiento del sistema en su conjunto y de los valores normativos que inspiran a los integrantes del sistema.

La estratificación es una función de evaluación sistémica de la actuación de los actores y de la importancia de los roles que desempeñan. Las recompensas materiales (recursos) o simbólicas (prestigio, reputación) tienden a jerarquizar a quienes más aportan a la integración funcional global. La teoría sostiene un principio de correspondencia entre roles y recursos de forma tal que incentive la eficacia social de acuerdo a los fines normativos, obligando  a evaluar la contribución diferencial de las unidades y actores.
Es evidente que este planteo responde defectuosamente a las tres cuestiones heredadas de los clásicos: son los fines valorativos en última instancia lo que justifica las diferencias y no hay bienes o instancias privilegiadas de diferenciación; la formación de clases se reduce a “grupos de estatus” que comparten un tipo específico de recompensa material y simbólica; y no se les asigna papel alguno en el cambio social ni en la acción histórica o política. En todo caso configuran el contexto o paisaje social sobre el que actúan políticos, elites o gobernantes.

La reducción funcional posweberiana no fue el único derrotero de los seguidores de los pasos de Weber.

Dahrendorf es uno de los más grandes teóricos sobre la sociedad clasista industrial y rescata la cuestión del poder como central, además de incorporar varios tópicos típicamente marxistas al análisis. Es un avanzado al situar la teoría de la formación de clase dentro de la teoría del conflicto y el cambio y no al revés. No hay clases sin lucha de clases afirma resuelto en consonancia con el marxismo más combativo.  
Pero contrariamente al marxismo la estructura de clases no proviene de la lógica de la acumulación y la relación capital – trabajo sino, siguiendo la tradición weberiana, de las relaciones de poder efectivas.   Lo importante no es el derecho de propiedad sino el poder de disposición efectiva y el uso de los bienes para diferenciar y excluir. Lejos de la teoría de la integración, Dahrendorf se inscribe en la teoría del conflicto y la dominación.  El demarcador clasista no es ni el mercado ni el capital, sino la distribución diferencial de poder (y exclusión o participación en el poder legítimo) en una asociación de dominación. Es el compartir estas posiciones de manejo de poder sobre bienes lo que da lugar a la aparición de “cuasi grupos” con “intereses latentes”. Son las funciones asignadas en el sistema de poder las que en su interjuego y ajuste terminan moldeando la conciencia y formalizando los intereses manifiestos (psicológicos y materiales) de las clases.
Las CLASES son entonces resultados de una posición estructural-funcional en una asociación de dominación (típicamente la gran empresa capitalista de posguerra) más las experiencias comunes y la acción organizada para defenderse y atacar las posiciones de otros grupos.
La formación de clases tiene tres dimensiones o factores: TECNICOS (facilidad de agrupamiento, de reunión, acceso a recursos, a ideas comunes); POLITICOS (reconocimiento institucional, legalidad); y SOCIALES (contacto regular, reclutamiento, experiencias comunes).
La GRAN EMPRESA con planificación, profesionalización y nuevas relaciones jurídicas que separan propiedad de control y empresa de capital (managers, accionistas) son proclives a la INSTITUCIONALIZACION DEL CONFLICTO (encapsulamiento) y con ello a los procesos de formación de clases.

El neoweberianismo de F. Parkin es curioso porque prescinde por completo de los textos de Weber sobre las clases y recrea la teoría a partir de otro concepto weberiano pero sacado de sus estudios de historia económica: el concepto de acaparamiento de oportunidades y de cierre social. Es el dispositivo de cierre social como poder colectivo de exclusión colectiva el que se convierte en ariete de su concepción de las clases. Cierre social supone un poder de maximizar recompensas limitando a otros el acceso a las mismas, invocando atributos como motivos de exclusión. Es la monopolización por prácticas excluyentes usando atributos grupales que definen a otros como “los extraños” o “ajenos”.

El interés de este punto de partida se potencia porque los rechazados o sea quienes intentan acceder a esos recursos u oportunidades, resisten el cierre con lo que Parkin llama intentos de “usurpación”. El interjuego de cierre y usurpación es la dinámica específicamente clasista y forma las clases en torno al control sobre recursos “valiosos” en distintas épocas = tierra, armas, conocimientos esotéricos, etc. La monopolización de recursos claves deben reproducir y perpetuar esta capacidad de excluir a otros, y las acciones de usurpación que se le oponen siempre son portadoras de nuevos criterios distributivos de “justicia”.

Parkin contra Parsons y Dahrendorf reafirma el apotegma marxista: las clases se forman en la lucha y también que el cierre social más importante tiende a ser el de la propiedad privada de los medios productivos basada en el derecho hereditario. Se opone con ello a la devaluación de la importancia de la propiedad a favor de la división del trabajo y los roles ocupacionales, típicas de la teoría de la estratificación del funcionalismo, y se opone a la exacerbación del poder de mando y decisión que enarbola Dahrendorf.  Se opone en definitiva a la desvalorización funcionalista o weberiana de la propiedad.

En cambio muestra otro tipo de cierre social del capitalismo avanzado: los tìtulos educativos como control de entrada y cierre social sobre posiciones claves.
Finalmente Parkin ofrece análisis de cómo aquellos que intentan usurpar o romper los cierres sociales pueden a su vez ejercer el cierre social sobre otros: los obreros blancos comunistas en Sudáfrica eran racistas, lo mismo los sindicatos irlandeses contra los católicos, etc. A estos fenómenos lo llama el cierre social dual.

Dentro de la tradición marxista los procesos de consolidación o cristalización teórica también intentan disfrazar o suturar contradicciones teóricas.

Ossowski (1969), un marxista polaco, es quien ha leído con mayor detenimiento el potencial explosivo de contradicciones sobre las clases que anida en la obra marxiana. Define al marxismo como una “exorbitante síntesis” omniabarcativa de múltiples disciplinas (sociología, economía, filosofía, historia, política); que mezcla una ética normativa de fines revolucionarios con explicaciones legaliformes positivistas de leyes de desarrollo histórico; que  combina tradiciones multiculturales europeas: economía inglesa, filosofía alemana, y socialismo francés.

Así, la dicotomía básica (burguesía / proletariado) del Marx dramaturgo-revolucionario de algunas obras se acompaña del delicado análisis de clases intermedias del Marx historiador o cronista social de su época.

Sin embargo, hay un criterio tricotómico sistémico en el punto de partida de Marx que sostiene  3 y solo 3 tipos de relaciones de la fuerza de trabajo con los medios de producción, que proviene del cruce del criterio de 1) posesión/desposesión de los medios de producción, con el de 2) si trabajan o no trabajan, con el de 3) si son explotados, explotan o ni uno ni otro. 

Si cruzamos el criterio 1 y el 3 tenemos el siguiente cuadro.


POSEEDORES MEDIOS PROD.
DESPOSEIDOS
EXPLOTAN FUERZA DE TRABAJO


BURGUESÍA
NO EXPLOTAN FUERZA DE TRABAJO


INTERMEDIAS
VENDEN FUERZA DE TRABAJO Y SON EXPLOTADOS

OBREROS
NO VENDEN Y NI SON EXPLOTADOS


LUMPEN

  
Si cruzamos el criterio 2 y 3 tenemos el siguiente cuadro.



NO TRABAJAN Y EXPLOTAN

CAPITALISTAS
TRABAJAN Y EXPLOTAN
PEQUEÑA BURGUESIA CAPITALISTA
TRABAJAN Y NO EXPLOTAN
PEQUEÑA BURGUESÍA INDEPENDIENTE
TRABAJAN Y SON EXPLOTADOS

PROLETARIADO
NO TRABAJAN NI EXPLOTAN

DESCLASADOS


En Ossowski se observa que la combinación de criterios dicotómicos sistémicos tiene líneas de fuga no dicotómicas.

También hay fuertes contradicciones no resueltas en las elaboraciones sobre la lucha de clases: como lucha emancipatoria sempiterna de opresores minoritarios y masas oprimidas, o como lucha entre minorías competitivas por el poder. Engels en el prólogo a “Las luchas de clases en Francia” llega a reconocer por la evidencia histórica que las masas se involucran detrás de minorías, o sea que los oprimidos no son los que se enfrentan de manera directa por su liberación sino al servicio de clases minoritarias. Incluso para algunos marxistas las luchas de las masas oprimidas pueden obstaculizar la lucha progresiva de una minoría adelantada contra una atrasada.  Del mismo modo, la lucha de clases no es necesariamente reducida a luchas entre explotadores y explotados, sino que puede ampliarse a luchas entre intereses contrapuestos en sentido lato. Si la programática revolucionaria va hacia lo primero, los estudios históricos van hacia lo segundo.

Sobre este núcleo incandescente de cuestiones irresueltas el marxismo “occidental” ha derivado en diversas vertientes al combinarse con tradiciones intelectuales o influencia de disciplinas científicas: el estructuralismo, el historicismo y el individualismo metodológico han generado distintos modos de análisis marxista de la cuestión de las clases, de los cuales solo vamos a ver algunas de sus expresiones más reconocidas.

El griego Poulantzas discípulo de Althusser ha sido sin dudas el más brillante teórico de las clases dentro de la corriente estructuralista de los años 60 y 70. Abandona sin mucho ruido la definición leninista clásica centrada en el modo de producción, y dice que las clases no se constituyen en el campo de las relaciones estructurales, sino en el campo de las relaciones sociales, es decir, el campo de los efectos conjuntos de estructuras economico-político e ideológico, las prácticas. El concepto de clase social entonces no se corresponde con estructuras sino con prácticas, específicamente, prácticas de lucha en las que son decisivos dos conceptos específicos: intereses y poder.

Sin embargo, el papel de las estructuras sigue siendo una clave de análisis insoslayable a través de lo que él denomina la doble articulación del concepto de clases con las estructuras: las estructuras delimitan la capacidad de las prácticas de transformar las mismas estructuras. Las prácticas antagónicas donde se dirime poder e interés pueden agrupar a los agentes en clases y sus luchas cambiar la historia, pero solo hasta el punto en que las mismas estructuras (relaciones de producción y fuerzas productivas) las limitan.
Según este planteo las clases se constituyen en la lucha de clases integrando los niveles económico- político- ideológico, limitadas por las relaciones estructurales en cuánto agentes con eficacia histórica.  

El marxismo analítico representado aquí por el recientemente fallecido y asiduo visitante de nuestro país y nuestra universidad, E. Olin Wright, ha introducido en el marxismo los principios del empirismo lógico, el individualismo metodológico y la teoría de juegos estratégicos. Las clases se definen por el tipo de estrategias que están obligadas a realizar al tener (o no tener) acceso a algún bien estratégico: los medios de producción, la tierra, los medios de crédito, los conocimientos y la tecnología, etc. Comprar y vender fuerza de trabajo, hipotecar o prestar bienes propios, o comprar y vender saberes o técnicas son los comportamientos que nos constituyen como clase. Son los intercambios no exentos de lucha y antagonismo los que definen las clases. En este contexto realizan su aporte para entender desde el marxismo el fenómeno de la despolarización de la estructura de clases y la emergencia de las llamadas clases medias, con sus “posiciones paradójicas”.

El artículo de Przeworski, también expresión del marxismo anlítico, muestra que la imagen de la sociedad de clases del marxismo originario se basa en la homogeneidad de la masa amorfa de clases bajas a mitad del Siglo XIX  en que las posiciones respecto de los medios de producción coincidían con una segmentación nítida y catastrófica de la población entre ricos y pobres. La condición de propiedad definía per se la situación en la vida social. Sin embargo, hacia fines de siglo XIX se puede observar una incipiente clase media (trabajadores no manuales, con pequeña propiedad, educación, etc.) que consume lo que no produce y la lucha de clases organiza el excedente con amplios grados de libertad respecto del proceso de acumulación capitalista. La determinación política ideológica de las clases medias a través de las luchas incide sobre los procesos de acumulación / distribución. Hay efectos continuos de las luchas por organizar la sociedad y no son sujetos continuos que emanan de realidades estructurales sino que se reconfiguran dinámicamente. Las clases en lucha son efecto de luchas de clases. Las luchas mejoran salarios y distribución de la propiedad inmueble, la educación y las pensiones, con ello se reconfigura la estructura de clases.  Las clases mismas se definen en torno a las luchas: lucha sobre clases en vez de lucha entre clases. ¿Las clases medias son parte o no de la clase trabajadora?, ¿son una tercer clase enfrentada con la burguesía y el proletariado?, ¿o son simples fieles servidores de la burguesía?, son cuestiones en torno a las que hay una lucha de clases.

Las vertientes historicistas representadas aquí por E.P. Thompson, el principal historiador marxista británico, conocido por revolucionar la historia obrera y popular, partiendo de la radical disociación entre la cultura y la política de los de arriba y los de abajo. Aboga por un reconstruir la visión histórica desde abajo. Entiende que la Clase “es definida por los hombres al vivir su propia historia” como única definición. Por tanto es una categoría histórica, aunque parte de supuestos de estructuras, determinantes objetivos, relaciones de producción. Es también una categoría heurística que permite organizar la base empirica de investigación histórica, sobre todo cuando “Clase” no es una categoría presente en la época ni usada por ningún agente histórico concreto.

Thompson reivindica a Marx en tanto respeta este carácter  histórico de clase,  pero no a Lenin que plantea una proyección geométrica de las relaciones de producción como única forma de constitución de clase. Rechaza el estructuralismo que prescinde de la historia en la formación de clase. Clase en su uso heurístico es inseparable de lucha de clases. Se ha prestado mucha atención a clase y menos a lucha, que es previo y mucho más universal. “No hay gentes que miran en derredor, encuentran al enemigo y comienzan a luchar. Se encuentran en sociedades estructuradas en modos determinados principal pero no únicamente por modos de producción; experimentan la explotación; identifican intereses antagónicos;  comienzan a luchar y en el transcurso se descubren como clases”. La conciencia es el último paso no el primero. La clase no está instantáneamente presente porque lo profese un modelo teórico. Es un gigantesco error creer que existen clases independientemente de sus relaciones y luchas, “no luchan porque existen sino existen porque luchan”. Las Clases acaecen al vivir los hombres y mujeres sus relaciones de producción y experimentarlas modelando la experiencia culturalmente. Clase se define a sí misma en su acontecer. No hay modelo universal de formación de clases.

Finalmente, no hay forma de evitar el abordaje de los autores más arraigados en el estudio de las clases sociales en los últimos 40 años que tienden a una convergencia entre los enfoques weberianos y neoweberianos, y los diversos enfoques provenientes del marxismo. Encabezados por Bourdieu, intentan desarrollar una sociología constructivista de las clases en la que se ensamblan de manera ecléctica y secuenciada a la manera de capas superpuestas las diversas dimensiones “enclasantes”. La teoría del campo en Bourdieu y la teoría de los factores mediatos e inmediatos de estructuración de clases de Giddens son ejemplos acabados. 

Para Bourdieu los agentes dirimen, tanto individual como colectivamente, a través de relaciones de cooperación o conflicto en campos específicos, sus oportunidades de apropiación de los distintos  tipos de "capital" (económico, social y cultural) que sirven para realizar prácticas más efectivas de predominio en cada campo. La posibilidad que los agentes hagan distintas "apuestas", "tomas de posición", para disputar formas diversas de capital supone un importante recurso que es el de "conversión" entre tipos de capital: los agentes pueden intentar mejorar su posición cambiando capital económico por capital cultural, o capital social, etc. Los mecanismos de socialización y educación o inculcación en familias y escuelas o instituciones que ejercen violencia simbólica hacen que haya lo que el llama "incorporación de habitus" que hacen que los agentes se desempeñen para reproducir las prácticas de apropiación adecuadas que perpetuan el predominio o la situación de subordinación de dónde provienen. Las clases se reproducen intergeneracionalmente a través de los habitus incorporados. 

Para Giddens, la propiedad, la jerarquía de autoridad, el dominio de conocimiento o habilidades técnicas, los estilos de vida y consumo, se superponen para ir ensamblando las clases como formas de actuación y de conciencia comunes. En una suerte de teoría catch all, o toma todo, omniabarcadora y ecléctica, se multiplican los criterios de enclasamiento de la población. 

La articulación de la propiedad económica con las relaciones técnicas de producción y la autoridad, la tecnología, y los estilos de vida y consumo, proveen criterios amplios omniabarcadores lo suficientemente flexibles como para analizar material empírico diverso. Sin embargo, en mi texto (Gomez, 2014) se puede ver que el eclecticismo en realidad termina multiplicando los problemas irresueltos en los puntos de partida primitivos de Marx y Weber que se hacen converger.



lunes, 4 de mayo de 2020

Devolución TP 1


Devolución TP 1

Excelentes los dos ejercicios propuestos porque son casos que permiten empezar a "jugar" con las categorías analíticas. Las observaciones que hago están lejos de intentar refutar sus propuestas sino justamente "estirar" el juego, es decir, problematizar, hacer más preguntas. Por supuesto pueden seguir comentando o si quieren discutiendo esta devolución. 

Federico Lopez

Excelente la aplicación del esquema de 2ble negación del joven Marx al caso del  TIPNIS en Bolivia bien concreto y bien recortado en cuanto a los polos que se enfrentan. El conflicto se desdobla entre, por un lado, la disputa por el territorio entre dos tipos de pueblos indígenas, uno excedentario de producción ganadera y de coca, y otro de subsistencia. Ambos como contradicción a nivel de existencia.  Por otro lado, el conflicto por el modelo de desarrollo que se describe como "neoextractivismo vs. buen vivir", tomado como contradicción a nivel esencia o género. Sin embargo, no es del todo claro el posteo que insinúa pero no lo hace directamente que los pueblos campesinos mercantilizados adhieren a la ruta y los otros no mercantilizados o de subsistencia, se oponen. En ese caso (desconozco esto en los hechos) hay un problema: ambos polos principales tienen “subpolos” en actores sociales indígenas con distinta organización económica. Si es así no hay una doble negación sino una sola que se expresa más ideológicamente como buen vivir/neoextractivismo y otra expresión más social como grupos con distintas formas económicas que apoyan a cada uno de los dos polos.  Pero no habría dos formas de negación. La pregunta persiste: qué clase de contradicción hay entre buen vivir y neoextractivismo desarrollista?. El buen vivir parece ser un principio con una realidad propia independiente e incluso anterior históricamente al desarrollismo. Pero ocurre que los antagonismos sociales contrariamente a los filosóficos son dinámicos, es decir, se transforman con su despliegue. Es claro que más allá de tradiciones y raíces culturales comunitarias que sustentan el sumak kwasai  también las comunidades están atravesadas por aspiraciones de modernización (G. Linera sorprendido porque en algunas comunidades indígenas aisladas, no creo que sean las del TIPNIS pero igual es indicativo, que lo recibían con los celulares en alto). No afirmo nada pero lo dejo como para seguir reflexionando: en qué medida el proceso de cambio social económico  y político cultural que encarnó Evo no hace que estos polos no se conviertan en interdependientes, al menos algunos aspectos y, por tanto, como mediados que se realimentan por su opuesto. Los movimientos más indigenistas ambientalistas se alimentan de enfrentar las iniciativas de empresas y gobiernos con implicancias de daño ambiental y cultural. El hecho de que las banderas del buen vivir sean sostenidas por un gobierno popular con políticas crudamente extractivistas en este caso, muestra la interdependencia desde el polo opuesto. Es decir, el extractivismo no se puede presentar sin contener a su opuesto para legitimarse. El buen vivir tampoco podría poder sostenerse al menos políticamente al margen de la modernidad al menos en algunos de sus aspectos. El análisis de las contradicciones sirve para problematizar también las oposiciones superficiales, es decir, las oposiciones presentadas por los que encarnan cada uno de los polos. Las racionalizaciones de los actores no agotan el sentido de los antagonismos. Como decía Marx que lo llame León al perro no lo convierte en perro. Que una realidad se “declare” (operación típicamente del campo ideológico) independiente de otra y la enfrente no significa que el análisis del antagonismo tenga que detenerse allí. En la medida que las expresiones del buen vivir aparecen solo para enfrentarse a proyectos gubernamentales y empresariales muestran una dependencia de ellas. Al revés, si los proyectos desarrollistas para hacerse posibles no pueden prescindir de las comunidades indígenas ya sea como mercados o como fuerza de trabajo, o necesitan su consentimiento político, también va a demostrar cierta dependencia de ellas. En estos casos serían antagonismos existenciales, los polos al menos en parte se van a realimentar en la lucha. En la medida que estos proyectos no necesiten de las comunidades y las arrasen o destruyan entonces el antagonismo sería esencial, al igual que si las comunidades fueran integrando progresivamente territorio bajo un régimen de producción desmercantilizador y amenazara al capitalismo y al estado desarrollista.


Lucía Pérez
El TP sobre el movimiento estudiantil en Colombia excede la consigna, lo que por supuesto es motivo de elogio. Extraordinario lo que contás sobre la estratificación de la población por categoría de vivienda para el pago de los servicios públicos. Es claro que una diferencia económica basada en una estimación del valor patrimonial de un bien como la vivienda sea sancionada administrativamente por el estado y que la gente la empiece a tomar como punto de referencia para medir sus oportunidades en el campo económico y social, sumado al hecho de que el ingreso a la universidad sea pago para las clases altas y dificultosamente financiado para el resto, muestra una situación de inmovilidad intergeneracional de la estructura de clases: es decir, se reducen las posibilidades de ascenso social sobre la base de las acreditaciones educativas superiores, que es el principal canal de ascenso para las clases medias. Como señalás acertadamente, esta segmentación estatal de la población en 6 categorías, por un lado, y las barreras a los estudios universitarios sumado a la represión como método de control político, por el otro, muestra una especie de tendencia a la estamentalización o al abandono de un sistema específicamente clasista de diferenciación social, que necesariamente debería ser abierto y móvil. 
La observación a hacer es: la cuestión del contenido clasista de estas luchas estudiantiles no pueden describirse simplemente como el estudiantado como “clase en lucha”. Recomiendo la lectura de Gurvitch y también mi propio libro en diversas partes, las clases no son grupos (viejo reflejo heredado del marxismo con la ecuación clase=obreros de fábrica), son en todo caso  supra agrupaciones, es decir, aglutinaciones difusas de muchos grupos concretos. Desde este punto de vista subsiste la pregunta cómo describir el carácter de clase de las movilizaciones estudiantiles. Qué horizonte de grupos aunaron estas movilizaciones, qué tipo de antagonismos catalizaron y qué polos se articularon, cómo las autoidentificaciones por categorías impositivas operan en este contexto. Tengo entendido por ejemplo que se movilizaron también estudiantes de las principales universidades privadas por lo que no podría entenderse como una movilización de clases medias pobres. En definitiva, el análisis de antagonismos clasistas sirven para hacerse preguntas o para no quedarse con las correspondencias inmediatas entre actores sociales, intereses y acciones.

sábado, 18 de abril de 2020

TP 1 Unidad 1 (entrega 24/4)


TRABAJO PRACTICO 1 Unidad 1 (colgar antes del 24/4)

Elija uno y solo uno

DIFICIL
Elija un antagonismo social extraído de un caso o proceso histórico a elección o de algún proceso de movilización o conflictividad social contemporánea (preferentemente de A. Latina –en adelante Abya Yala- o Argentina) descríbalo brevemente en términos de los polos enfrentados y trate de analizarlo en términos del esquema marxiano de la doble negación (determinaciones opuestas de existencia; determinaciones opuestas de esencia).

MODERADO
Infórmese periodísticamente de las movilizaciones recientes de estudiantes en Chile y Colombia, o de las protestas indígena campesinas en Ecuador (un caso solamente) e intente describir a los grupos movilizados teóricamente como clases, estamentos, estratos.

FACIL
Proponga lo que crea que es una clase social de nuestro país e intente describirla en términos de los atributos de G. Gurvitch.

  

Texto de apoyo Unidad 1 (2da. Parte)


Texto de apoyo Unidad 1 (2da. Parte)

La clase: un concepto escurridizo para un objeto disoluto

Marcelo Gómez y Daniel Contartese

No está demás comenzar por una digresión antropológica: la especie humana se caracteriza por la “neotenia”, es decir por la inmadurez completa de respuestas de subsistencias del neonato humano que lo hace completamente dependiente del colectivo en el que nace. La forma en que el grupo organiza sus diferencias (de generaciones, de sexo, de habilidades, fuerza, parentesco y salud en las sociedades arcaicas) para perpetuar el grupo tratando de asegurar la vida de los neonatos, introduce la cuestión de qué diferencias son significativas y cómo se ordenan entre sí. En la mal llamada sociedades “primitivas” (hoy se dice “ágrafas”), la perpetuación biológica queda atada a la organización de estos sistemas de diferenciación interna: por ejemplo, el hombre joven procura el alimento y defiende o ataca a otros hombres, las mujeres cuidan la cría y almacenan y cocinan, los ancianos se encargan de cohesionar al grupo en torno a creencias comunes, decidir sobre cuestiones importantes de organización para la subsistencia colectiva, y trasmitir los saberes a las nuevas generaciones, etc.
En las sociedades urbanas con estados mínimamente organizados premodernas los principios generales de organización de diferencias jerárquicas conocidos históricamente son el esclavismo, las castas, y los estamentos. En la sociedad urbana industrial moderna el sistema conocido son las clases sociales. Son cuatro principios distintos de organizar la diferenciación y las asimetrías sociales.   
Los textos de esta unidad se focalizan en la determinación de la naturaleza, especificidad y campo de aplicación de la categoría clase como instrumento de análisis sociológico por antonomasia. En cierto punto la suerte de la sociología estuvo y está (¿?) atada a la suerte de la categoría “clase”.
En este sentido, a los textos de esta Unidad 1 les subyacen cuestiones epistemólogicas y ontológicas: ¿qué buscamos decir cuando hablamos de “clase”? y ¿qué es lo que efectivamente decimos? ¿qué es lo que en definitiva llegamos a designar como clase?
Los textos de Giddens (1992: 247-286) y Crompton (1994: 17-41) ofrecen una aproximación al concepto y las temáticas propias del campo de estudio de las clases.
Claramente se inscribe en el intento de entender los procesos de diferenciación social en las sociedades modernas. Es decir, se parte de la pregunta por las diferencias relevantes según generen agrupamientos que son importantes para la vida social: las clases son macrodiferenciaciones que albergan la esperanza de entender vastos fenómenos de la vida en sociedad. La cuestión de cómo las distribuciones diferenciales materiales y simbólicas determinan extensamente la suerte o el destino social e individual es la que se encarna en cualquier analítica de clases.
Clase es un concepto moderno que surge con el capitalismo industrial y esto supone su especificidad analítica e histórica. Clase se diferencia de manera bien nítida del Esclavismo (regido por la violencia), los sistemas de Castas (regidos por las creencias del karma y el dharma) o de Estamentos (regidos por el derecho de costumbre y el linaje de la sangre) en la medida en que las diferencias no se establecen por principios o prescripciones exteriores (divinidades, tradiciones o creencias, imposición forzosa, imposición legal, etc.) a la interacción social misma, y sus fronteras lejos de ser cerradas y rígidas, son abiertas y cambiantes. La llamada movilidad social (en sus formas vertical, horizontal, ascendente, descendente, inter e intrageneracional) es inherente rasgo propio del principio de diferenciación clasista.
La esclavitud determinada por la fuerza, las castas por la religión, y los estamentos por la tradición, son principios de diferenciación que pueden coexistir fácticamente o históricamente con los clasistas, pero tienen que ser diferenciados analíticamente. Las sociedades donde el principio clasista es el dominante consagran la igualdad de los individuos ante la Ley y el poder político y la igualdad de tratamiento de la Ley y el poder político ante los individuos, obviamente aunque esto tenga mil trampas de hecho.
El siguiente cuadro puede contribuir a entender la especificidad histórica del concepto de clase.
Sistema de
Diferenciación
Social
Fuente predominante de asimetría
Criterio de perpetuación
Forma del lazo social y justificación
Esclavitud
Propiedad de personas como si fueran cosas
Fuerza / Factico.
Separación, cerrada.
Excepcionalidad de manumisión por mérito o servicios.
Amos y esclavos
Interioridad asocial o natural de nexo de asimetría absoluta (esclavo=buey)
Racismo, biologicismo, superioridad natural o no reconocimiento de humanidad
Castas
Religión / Rito (cuerpo divino =cuerpo social)
Adscriptivo hereditario fijo y cerrado. Separación estricta, cerrada sin excepciones. Solo movilidad por metempsicosis (“kharma”-“dharma”)
Puros e impuros, el contacto mínimo estrictamente ritualizado para evitar  la contaminación.La confusión o mezcla es pecado. Exterioridad del nexo con reconocimiento de humanidad
Estamental (“Estados”)
Costumbre/Ley
Voluntad de Dios
Adscriptivo (linaje, parentesco) hereditario variable. Cerrada con separación no estricta y  selectiva
Señores/Nobles y Siervos/Vasallos
Asimetría de jerarquía fija formalizada por ley consuetudinaria cuya violación es crimen.
Exterioridad relativa del nexo con reconocimiento y reciprocidad.
Clases
Propiedad de cosas y
condiciones de producción y reproducción de la vida material.
Principio del “efecto distribucional”
Adquisitivo (resultados de acciones e interacciones  electivas)

Abierta, movilidad y no imposición de separaciones. Igualdad y libre disposición de propiedad.
Poseedores/desposeidos; ricos/pobres; capitalistas/obreros, etc.
“Merito” o “Explotación” como forma no natural de diferencia. Asimetrías producida socialmente.Interioridad del lazo social, jerarquía móvil. Intercambio y reciprocidades legalmente protegidas.

En los sistemas clasistas las diferencias no pueden establecerse ex ante por ningún otro orden previo a la interacción social misma. La clase es un concepto de secularización y terrenalización de la diferenciación social: las diferencias, asimetrías y jerarquías son las que producen les humanes mismes en sus relaciones materiales y simbólicas. Las clases son “móviles” y contingentes y no fijas. Las clases suponen un giro de la diferenciación jerárquica basada en lo adscriptivo- heredado -fijo, a unas asimetrías dinámicas basadas en lo adquirido- producido- móvil.
Entre los fenómenos que se incluyen en el ancho campo de aplicación del concepto de clases tenemos: la identificación de aquellos bienes materiales o simbólicos que operan las diferenciaciones clasistas merced su control o la exclusión de los mismos (estructura de clases), las formas sociales concretas en que se plasman las clases en la vida social (formación de clases, estilos de vida compartidos, organizaciones de clase), las manifestaciones de identidad, ideología o la subjetividad con que se revisten las diferencias clasistas (conciencia de clases), los enfrentamientos o conflictos entre las clases (lucha de clases, política de clases), las interrelaciones de las diferencias clasistas con otros sistemas de diferencias no clasistas (género, etnia, nacionalidad, religión, edad, subcultura, etc.).  
Problemas como qué tipo de bienes son estratégicamente “diferenciantes” en una situación o momento dado, cómo se constituyen históricamente colectivos clasistas, cómo se dan a sí mismos creencias, identidades, cultura, cómo el papel de la mujer, el estado-nación, las creencias religiosas, las relaciones intergeneracionales o las culturas grupales se conectan con los procesos clasistas son macrotemas típicos del análisis de clases.
El atravesamiento por el género aparece en cuestiones como las mencionadas por Giddens: las dificultades para definir empíricamente la clase objetiva sin tomar a la mujer cónyuge y el fenómeno de “refuerzo de género” de la condición de clase. Las cuestiones de la conciencia aparecen en temas típicos como las discrepancias entre condición de clase objetiva y percepción subjetiva. Los solapamientos entre clase- etnia/credo/subculturas, y sus tensiones son objeto de numerosos trabajos sobre la etnificación de las relaciones de clase, las clases “nacionales”, e incluso la reinterpretación clasista de las pertenencias religiosas.
Ahora bien, si el advenimiento de un concepto como clase significa el abandono de explicaciones extrasociales rectoras de las diferencias y jerarquías, aparece la cuestión de qué criterios son los que operan en un sistema de diferencias sociales autogeneradas por las mismas relaciones sociales.
El pensamiento social desde el siglo XVIII ofrece dos grandes tradiciones contrapuestas por no decir fuertemente antinómicas.
Por un lado la tradición “libertaria”, del pensamiento crítico, revolucionario, marxista, socialista o anarquista, que propone un principio “relacional” que rige la producción social de las diferencias, según el cual  una posición ventajosa supone mantener en desventaja a otras, o el control de determinados bienes supone necesariamente la privación para el resto. El modo de distribución social de todo tipo de bienes está determinado por las distribuciones de partida de determinados bienes “claves”, y la interacción social misma tiende a reproducir ampliada dicha distribución asimétrica inicial. La especificidad de la relación entre los grupos es causa y consecuencia de determinados efectos distributivos. Esto significa que las clases tienden a polarizarse, compactarse, consolidarse y enfrentarse. El pato de la boda de este planteo tiende a ser el de la “movilidad” de clases. Las clases tienden a concebirse como grupos cerrados antagónicos y por tanto el concepto de clase no termina de realizarse cabalmente porque si los grupos no son abiertos no serían clases.
Pero a este punto de vista se le opuso desde siempre el del “liberalismo” amable británico (Spencer) o más enjundioso francés (Tocqueville): las diferencias sociales obedecen a  oportunidades, mérito, eficiencia, desigualdad de resultados por diferencias de capacidad y esfuerzo, dando lugar a un sistema de “estratificación” que expresa diferencias graduales legítimas por recompensas diferenciales en un sistema de premios y castigos a las contribuciones individuales al conjunto social. La fuerza del reconocimiento, el logro, el prestigio, etc. son las que impulsan la lucha interindividual por el “estatus” y la sociedad se ordena inestablemente por diferencias móviles. El pato de la boda de este planteo que sustituye la clase por el estrato tiende a ser la pérdida del carácter colectivo y de la efectividad histórico-causal del concepto de clase.
Los estudios de estratificación se inscriben en una teoría más descriptiva que explicativa y tienden a considerar los “estratos” como artificios o agregados estadísticos útiles para una descripción morfológica de la estructura social. Las clases vistas como estratos son “objetivas” pero solo estadísticamente. Los estratos serían bastante estériles desde el punto de vista de su papel en la vida social y en la historia.
Es decir, algunos teóricos señalaran que la desigualdad constituye un rasgo característico de toda sociedad compleja y que estas tienen efectos necesarios y positivos. Este es el conocido argumento neoliberal que distinguirá entre las igualdades legales o formales (la igualdad ante la ley o la igualdad de oportunidades) de las igualdades de resultados. Y apuntarán que la búsqueda de igualdad de resultados mediante políticas públicas contradice el principio de igualdad legal o formal. Otro argumento utilizado por los neoliberales es que las desigualdades materiales son beneficiosas  y positivas en las sociedades modernas porque de esa manera se propicia la innovación y el avance tecnológico. Es decir, el capitalismo es eficiente porque es desigual y los intentos dirigidos hacia la igualdad pueden tener como consecuencia su destrucción.
Estos argumentos neoliberales tienen su paralelo en la teoría sociológica funcionalista que afirma que la desigualdad es un “mecanismo inconsciente” por el cual las sociedades se aseguran que las posiciones más importantes sean ocupadas por las personas más calificadas. En la sociedad habría grupos diferentes, pero no por eso antagónicos, descriptos como “estratos” socioeconómicos y no como “clases”. Dos argumentos son explicados por los funcionalistas para explicar y justificar las desigualdades materiales:
1.         Las recompensas desiguales proporcionan una estructura de incentivos que garantizan que los individuos más talentosos se esforzaran e innovaran.
2.         Legitimidad de las recompensas diferenciales ya que esos innovadores son indispensables para el funcionamiento de la sociedad.
El principio del estrato instaura espacios predefinidos escalarmente: ingresos, empleo, educación, vivienda, etc. La cúspide, es decir, los estratos superiores que reúnen los niveles más altos en cada espacio, funciona como omega y motor motivacional del resto. Los estratos se ordenan de arriba para abajo. Sólo viendo a quienes detentan la mayoría de los bienes, se puede suponer cuáles son los bienes estratégicos más valiosos. Las escalas siempre se piensan desde lo alto.
El siguiente cuadro puede ayudar a entender el punto.

Principio de la clase/relacional
(Marx, anarquismo, pensamiento radical)
Propiedad de medios de producción de la vida material
Tipo de lazo social
Nexo interno: criterio monótono, oposición, explotación, opresión, polarización, lucha, objetividad, politización.
Tendencia a la fijación dicotómica, fronteras cerradas y concentración/pauperización.
Principio del estatus/gradacional
(Tocqueville, Weber en la lectura parsoniana)
Propiedad de medios de reproducción de la vida social
Tipo de lazo social
Nexo externo: criterio múltiple, pluralidad de diferencias, distancias, niveles de reconocimiento y estima social, relaciones de competencia, emulación y comparación, remuneración, gastos, educación, cultura, subjetividad, etc.
Tendencia a la variabilidad y escalas gradacionales, fronteras abiertas y despolarización distributiva con alta movilidad.

Los bienes estratégicos se convierten para los que están debajo en bienes codiciados, recompensas esperadas: existe un supuesto de universalidad aspiracional, las escalas son válidas bajo el supuesto que los individuos que son estratificados en ellas comparten la deseabilidad de las posiciones más altas. El principio fundamental competitivo de la homogeneidad compartida universal de aspiraciones (riqueza, prestigio y poder) nos mete de lleno en el funcionalismo. Las teorías estratificadoras no pueden evitar este supuesto de homogeneidad de escalas de valoración y de legitimación de las posesiones de las capas superiores. El supuesto es que la distancia fundamental en las escalas está entre cada individuo y los que están en la cúspide. Caben pocas dudas que este andamiaje sociológico para entender las diferencias sociales convalidan los supuestos ideológicos individualistas, meritocráticos, competitivos. No puede evitar notarse la presencia de Tocqueville con su idea inspirada en lo que vio en América del Norte de “sociedad desigualitaria sin clases” donde los individuos librados a sí mismos, a sus propias capacidades, compiten unos con otros sin ataduras de ningún tipo con el solo objeto de ascender en la búsqueda de riqueza, poder o prestigio.

De acuerdo a esto, el principio analítico de las diferenciaciones sociales por clases da lugar a una visión de “clases-fuerte” y una visión de “estratos-debiles”, lo nos lleva a la espinosa cuestión de qué tipo de entidad social son las clases. Para ello es inmejorable la vieja contribución de G. Gurvitch (1971: 185-217) que repasa todos los atributos conceptuales posibles de la categoría clase y su especificidad diferencial respecto de otras categorías sociales.

1)    Son “agrupamientos” de hecho, no de derecho. Emergen de la vida social y no derivan de principios o poderes extrasociales. Al igual que género, edad o etnia, “participamos” de ellos como quien habla en prosa sin pensarlo.
2)    Tienen vasta escala y son perdurables por lo que son fuertemente gravitantes en la vida social total.
3)    No son “voluntarios” (un club) ni coercitivos “artificiales” (una institución) sino que incluyen todo tipo de agrupamientos. Son macrocosmos de agrupamientos donde las relaciones sociales no son inmediatas o directas sino “a distancia” es decir, compartimos la condición de clase con muchos otros completamente desconocidos con los que nos relacionamos a través de mediaciones organizacionales y simbólicas muy espesas.
4)  Son necesariamente abiertos y no pueden forzar ni la entrada ni la salida más allá de condicionamientos o presiones difusas. No obstante ofrecen una “estructuración” inorgánica (no son un grupo formal organizado) pero intensa (tienen infinitos dispositivos de propagación, articulación, socialización, identidad, cultura, iniciativas políticas, etc.)
5)    Son suprafuncionales, es decir, asumen la tarea de constituir el orden social global a su imagen y semejanza. Esto significa que son “portadores” de orden social frente a otros colectivos o clases. La existencia práctica de las clases es justamente este intento perpetuo de controlar y regir el orden social.  
6)    Son antagónicos o incompatibles: disputan obligadamente con otros en virtud de su pretensión suprafuncional, incluso contra el estado o las Iglesias. Resisten la influencia de la sociedad global y de otros grupos. Son “colectivos divisionistas” en la medida que su mera existencia plantea la exclusión activa y el intento de desplazar a otros o a someterlos a sus designios.

Aunque el léxico usado por Gurvitch es arcaico, creo que contribuye a entender el carácter esquivo y disoluto del concepto de clase. Por supuesto también contribuye a refutar los planteos más nominalistas como el de Portes (2003) para quien la clase es un recurso heurístico-explicativo de primer nivel pero a la que no se le puede asignar una eficacia social o actuación histórica concreta. Las clases serían solamente una forma sociológica de “llamar” determinados fenómenos. No son grupos reales, no son sujetos de acciones, no son agentes históricos, lo que no quita que no pueden obviarse para explicar todo tipo de hechos o procesos sociales, políticos o culturales.

Por último cabe incluir un adelanto de la  problemática contemporánea sobre las clases a saber, el progresivo proceso de reconfiguración de los enfoques fundacionales de Marx y Weber (ver el texto de Gomez, 2014: 38-57)  y lo que traen de nuevo los teóricos “posclásicos” (ib ídem, 57-79).  

La influencia de los descubrimientos de la antropología acerca del peso de lo simbólico-ritual y del lenguaje en el comportamiento humano (“violencia simbólica” en Bourdieu, “eficacia de los simbólico” en Levy Strauss), con las indagaciones de la psicología profunda acerca de las motivaciones inconcientes,  los hallazgos de la psicología de los procesos cognitivos y del aprendizaje (especialmente las teorías de la disonancia cognitiva y de las actitudes), y por las teorías de la elección racional y las teorías de los juegos estratégicos, han llevado al abandono progresivo de los esquemas explicativos toscos basados en efectos automáticos de factores estructurales (leyes de la acumulación o del mercado). La combinación de estos avances en las ciencias sociales y humanas con las heterodoxias de diversos tipos y los cruces y préstamos entre las tradiciones marxianas y weberianas, la reformulación de algunos elementos weberianos y las fuertes revisiones en el universo del marxismo occidental, hicieron que los estudios que he denominado “posclásicos”, desde los años 60 en adelante, abandonen en buena medida los supuestos de la programática clásica y abran un nuevo panorama para la comprensión de la sociedad de clases del capitalismo avanzado.

Ahora bien, los mencionados desarrollos posclásicos intentan, más resuelta o más tibiamente, romper con el canon heredado: desestiman cualquier orden presocial como diferenciador y tratan de mantenerse en el plano relacional de las prácticas diferenciadoras que pasan a constituir la dimensión central mientras los agrupamientos o efectos distributivos sobre los individuos son contingentes o secundarios.

El siguiente cuadro ayuda a entender el mosaico de principios teóricos sobre la producción social de diferencias.

Principio diferenciador
Principios exosociales – Esclavitud: se diferencia con criterio que separa lo no humano o lo no social
Suprasocial – Castas y estamentos: se diferencia con criterio mítico, religioso o tradicional.








Presocial





Estratos
Distribuciones múltiples no relacionales definidas presocialmente por la cúspide.  Determinación social posicional: las posiciones son consecuencia de prácticas de los agentes en espacios uniformes por sus resultados “ordinales” (NES, Capital cultural, radicalidad política, etc.) Combinación de estático (espacios homogéneos de recompensas) y dinámico (resultados de prácticas).
Clase
Clase posicional estática (tradición fundacional weberiano-marxiana)
Distribuciones monótonas relacionales privilegiantes presociales intramundanas (capital, mercado) con plano de inteligibilidad propio como explicativas de posiciones y prácticas. El orden se independiza de las acciones, lo importante ocurre a espaldas de los sujetos (leyes de la acumulación o la utilidad marginal).


Intrasocial


Clase relacional dinámica (desarrollos posfundacionales)
Relaciones antagónicas y prácticas que distribuyen, bloquean, enclasan. Las prácticas enclasan relacionalmente y las posiciones o locaciones están sujetas a la lucha y el conflicto. 

          Los estudios posclásicos han tendido a cultivar dos rasgos decisivos:

          a) No separan estructura y acción. Como señala Crompton (1994: 213) para los nuevos enfoques sobre la estructura de clases, la misma estructura ocupacional, lejos de ser un hecho dado y fijo -emanado de los procesos económicos o como resultado del mercado o la acumulación- se convierte en “fluida”, en tanto las mismas distribuciones de recursos y lugares son constante objeto de luchas, estrategias individuales y colectivas. La misma estructura ocupacional no podría conocerse realmente de manera separada e independiente de las luchas de clases.
          b) Hacen converger los criterios fundamentales de propiedad, conocimiento y poder, que entran en combinaciones y relaciones de superposición, sustitución o equivalencias cambiantes dando lugar a procesos de conversión entre unos y otros.

Los enfoques posclásicos desarrollaron mayor sensibilidad a las interacciones y mediaciones entre estructura y acción, y al reconocimiento de que las acciones tienen un rango amplio de incidencia sobre las supuestas estructuras.

Aunque todos los desarrollos de la teoría de las clases contemporáneas intenten romper con los residuos no secularizados del paradigma de los padres fundadores y se noten considerables avances, no han logrado enhebrar una conceptualización de clase que definitivamente rompa con ese cordón umbilical. Lo fundamental de la inspiración de estos tipos de teorización pasa por el intento de centrarse en lo relacional del concepto y al mismo tiempo no dejarlo deslizar por la pendiente de las lógicas extrasociales.

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Texto de apoyo Unidad V- Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas

 2 Links para la bibliografía Unidad 5   https://drive.google.com/drive/folders/1fFl4eZkp5OLyNMZZslu7sR1PMLY8p66z?usp=sharing https://drive....