viernes, 26 de marzo de 2021

Texto de Apoyo Unidad I (primera parte)

 Texto de Apoyo Unidad I (primera parte)


1era Clase. El nacimiento teórico de la problemática antagonismo-clase social.

La primera Unidad del programa tiene 3 núcleos temáticos que permiten organizar la lectura de los textos: el origen que liga el pensamiento dialéctico con la emergencia de la sociedad moderna de clases; la especificidad de la categoría clase respecto de otras formas de diferenciación y jerarquía sociales; la naturaleza del objeto “clase” y sus particularidades distintivas como fenómeno sociológico.

Cerca de la revolución: dialéctica y clases; Hegel y Marx

Aunque las nociones de antagonismo y clase están inextricablemene ligadas a la tradición marxiana, una revisión más atenta de la historia de las ideas nos conduce a las protoformas del pensamiento social crítico: la dialéctica hegeliana como el módulo teórico que tiene su centro de gravedad en el antagonismo y la negatividad. Si bien en la historia de la filosofía occidental la contradicción ha sido motivo de reflexión desde sus mismos inicios (Heráclito, Platón, Plotino, entre otros) el espíritu de la época la entroniza como llave maestra de la razón recién con la Revolución Francesa y a través de la dialéctica hegeliana. El motor de la negatividad como fuerza histórica es fundante de la modernidad. Por primera vez la realidad del presente, la objetividad dada, se ve desde lo que la niega. El mundo aparece en su precariedad desnuda, el orden dado se muestra carcomido por su insostenibilidad, la filosofía es una filosofía “del futuro” (Feuerbach) es la filosofía que ve lo que es desde lo que aún no es[i].
Hay entonces una primera certeza: la realidad es contradicción y solo se abre al pensamiento que sabe lidiar con ella y ese pensamiento es la dialéctica. Los tumultos de masas, las guillotinas francesas se convierten en dialéctica entre los intelectuales alemanes.
Así como el corset de los estamentos feudales, las jerarquías esclerosadas, son removidas por la revolución y emerge una sociedad que se produce a sí misma sin ningún fundamento suprasocial (Dios, Tradición, Linaje), el corset del pensar lógico metafísico es removido del pensamiento y emerge una filosofía donde no hay puntos de partida solo la negatividad llevada a sus últimas consecuencias. La sociedad que se produce a si misma a través del antagonismo es una sociedad de clases. El pensamiento que solo acepta la negatividad es la dialéctica. La experiencia de la relatividad de las posiciones jerárquicas (clase) y la libre autodeterminación de las reglas (democracia) son la tierra fértil para el cultivo del pensamiento sobre el poder de la negatividad.
En Gomez (2019) se puede ver una reconstrucción de la relación estrecha de la dialéctica con la modernidad. Clase y antagonismo parecen haber llegado juntos. El antagonismo de las clases es la forma de entender la autoproducción del orden social tanto como partir de la contradicción y la negación es la forma de entender la autoproducción del pensamiento.
Pero Hegel intentó hiperevolucionar el pensamiento solo para relegitimar el statu quo del antiguo régimen.
Sería el  joven Marx quien tirándole ácido a las elucubraciones repugnantemente inconsecuentes de Hegel,  llevaría la dialéctica a completar el proceso de modernizar el pensamiento social.
Pero aquí hay otra certeza: en la obra de Marx los  conceptos de contradicción y antagonismo aparecen como objeto de reflexión antes que clase y modo de producción.
El ajuste de cuentas con la dialéctica hegeliana precede por algo más de un año a la primera mención de Marx al proletariado como clase (1844), luego de tomar contacto con el movimiento obrero socialista francés. El tratamiento del antagonismo es previo al de clase. La secuencia cronológica del problema teórico es: revolución francesa, idealismo alemán/dialéctica crítica, organización  proletariado francés, concepto de clases y modos de producción.
El texto obligatorio de Gomez (2019) resume y polemiza sobre los orígenes y la especificidad de la crítica marxiana a la dialéctica hegeliana. Allí es preciso detenerse en el también obligatorio fragmento de Marx llamado “excurso sobre la dialéctica”. En ese fragmento el casi imberbe Marx propone las diferencias fundamentales que deslindan su dialéctica como instrumento teórico respecto de la de Hegel. Aunque a lo largo de su biografía intelectual este tema tendría una trayectoria sinuosa y cambiante, considero que es un texto muy importante para nuestros propósitos teóricos y para interpretar la trayectoria del pensar del propio Marx y del marxismo en  general respecto del análisis del antagonismo. Nociones como contrariedad y contradicción; oposición lógica y oposición real; oposición a nivel de existencia diferenciada y oposición a nivel de esencia genérica, si  bien son formulaciones típicamente filosóficas, constituyen esquemas que se trasponen a la teoría social y permiten aclarar un conjunto de ejes de debate históricos en nuestro campo disciplinar. Sobre todo teniendo en cuenta a mi juicio que los pocos que trabajaron sobre este texto tanto dentro como fuera del marxismo (Colletti, Laclau, y Dotti) lo han hecho de maneras completamente equivocadas.
Este excurso muy poco conocido y poco citado en la Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel (pp. 110-112) y la mas conocida crítica a la dialéctica hegeliana en el final  del 3er. Manuscrito de los Manuscritos de París (pp. 410-432) son textos tempranos que permiten aclarar de manera directa la especificidad de la dialéctica marxiana frente a Hegel pero también de manera indirecta frente a las críticas tradicionales a la dialéctica.
La tesis del excurso podríamos resumirla así: todo elemento está sometido a una doble negación, por un lado, el extremo opuesto de su existencia diferenciada, del cual se alimenta; y, por otro, un principio que se le opone esencialmente, le carcome sus condiciones de posibilidad y amenaza hacerlo imposible. Esta lógica tiene un corolario político bien claro: para confrontar algo no hay que refugiarse en el polo opuesto, sino auscultar en la dinámica de lo real qué nuevo principio hace imposible lo que sostiene los dos polos.
Otro de los ejes de reflexión sobre la forma naciente del pensar el antagonismo viene de la pregunta por el locus, el dónde anida la raíz del antagonismo, dónde hay que buscarlo. Respecto a esto, ya tempranamente en el “Manifiesto” aparece una dualidad irresuelta: ¿la historia es la de los modos de producción impelidos por la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción o es la historia de la lucha de clases impelidas por el antagonismo entre los hombres? La querella de la sociología académica contemporánea entre agencia y estructura, tiene remotos orígenes.
La trayectoria del pensamiento de Marx es sumamente escurridiza. Cuando aparece por primera vez la mención a la clase del proletariado en la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, asume la figura de clase-universal en su negatividad con un horizonte de redención histórica. El proletariado aparece aquí como el mesías portador de modernidad, como principio genérico antagónico a la “vieja” sociedad en decadencia que tiene por destino sucumbir ante su lucha. En los Manuscritos de París apenas meses después el “trabajo” aparece como extremo opuesto a la propiedad privada industrial dentro del principio genérico de la sociedad burguesa. Entre este texto y los MEFP se opera un cambio importante: la clase pasa de ser analizada como contradicción a nivel de esencias a contradicción inmanente a nivel de existencia diferenciada del capitalismo industrial. Posteriormente en la maduración progresiva de su analítica del Capital la lucha de clases tiende a ser vista como la especificación a nivel de existencia diferenciada del  principio, la  “lógica”,  autocontradictoria de acumulación de valor.
¿Cuál es el domicilio principal del antagonismo? ¿dónde reside la negatividad?  La dialéctica queda seducida por la indetenible acumulación de capital y la teoría pasa del trabajo enajenado a la del valor y la fuerza de trabajo como mercancía. Las clases se convierten en “personificaciones” del Capital y del Trabajo que a su vez se vuelve “capital variable”.
En su obra cumbre la reivindicación enfática del “viejo Hegel” y la dialéctica hace las cosas muy claras: método dialéctico y acumulación de Capital ... “las clases te las debo”, diría Mauricio. Y esto no es chiste: dejó inconcluso luego de media página el Cap. LII sobre las Clases y Engels sorpresivamente no se animó o no intentó completar al menos alguno de sus puntos suspensivos.
A lo largo de la conformación de la sociología occidental esta antinomia sobrevive hasta nuestros días: estructuralismo (Althusser)/culturalismo (Thompson); subjetividad (Escuela de Frankfurt)/ racionalidad (marxismo analítico); política (Gramsci)/economía (Kautsky); lucha de clases (operaismo)/acumulación (escuela lógica del Capital).
La sociología académica ha optado por desdialectizar todo y optar por un ensamblado “constructivista” tipo catch all: la teoría de la estructuración de Giddens, de la integración social y la integración sistémica de Habermas, del campo de Bourdieu, intentan evadir la antinomia por el expediente de conciliarla. Las clases se ven como una construcción de ensamblado secuencial de dimensiones: estructura -  formación de colectivos - conciencia e identidad – lucha y conflicto. Se abusa de un “relacionalismo” metodológico en qué todo está ligado a todo, pero con ello se logra más eficiencia para describir y para explicar la estabilidad y la conservación pero mucho menos para entender el cambio y la disrupción.
Finalmente las corrientes posmodernas y posclasistas provenientes del posestructuralismo (Laclau, Derrida, Butler) renuncian a teorizar sobre lo real y se focalizan en las representaciones y el discurso. Todo es antagonismo pero disuelto en una contingencia que repele toda idea de necesidad histórica. Nada es punto de apoyo ni de partida, el antagonismo no tiene un locus privilegiado. El posmodernismo ayudó a politizar la vida privada (la hizo mucho más transparente a los múltiples antagonismos que la atraviesan) pero a costa de despolitizar el capital y de orientarnos acerca de dónde y cómo podríamos cambiar el orden social.
En definitiva, lo que vemos en los fundadores del marxismo es que la problemática de las clases tuvo un notable peso en el análisis histórico de coyunturas pero una sistemática subteorización.  Posteriormente tanto la dialéctica como las clases fueron en buena medida abandonadas o menospreciadas de diversas formas por las corrientes del marxismo occidental que se lanzaron a la búsqueda de otras paternidades teóricas y filosóficas.
¿hay un locus de negatividad radical desde donde entender lo real histórico y actuar? ¿estamos condenados a articular negatividades de manera contingente? ¿qué aporta el pensamiento latinoamericano? Para contestar tenemos varias clases y cientos de páginas por delante ¿no?... virus mediante claro.   


[i] La lógica formal, el código de las leyes del pensar correcto, es un requisito de rigor pero no sirve más que para posibilitar la comunicación con reglas operativas comunes (“todos debemos razonar correctamente”), y no nos acerca ni un poquito hacia lo real: si la realidad es contradictoria el pensamiento que pretenda captarla deberá ser consistentemente… contradictorio!!!. La dialéctica y el imperio del principio de contradicción que supone no descarta la lógica formal sino solo la circunscribe a un papel puramente instrumental y limitado.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Presentación de la materia 1er. cuatrimestre 2021.

 Dictar una materia como esta en un contexto de pandemia no deja de tener un amargo dejo poético: el COVID/19 es tan escurridizo y peligroso para los sistemas inmunes del cuerpo humano y para los sistemas sanitarios de las sociedades contemporáneas, como lo son las categorías de clase social y antagonismo para el pensamiento social crítico y la teoría sociológica. El paralelismo podrá parecer oportunista o francamente efectista… vamos a ver si al final de la cursada seguimos pensando lo mismo. Acá vamos a tratar conceptos fundantes del pensar sociológico, pilares teóricos de nuestro campo disciplinar, lavándonos las manos, preservando las distancias y haciendo todos los tests de fiabilidad y consistencia argumental que sean necesarios.


Para hacer estas cosas espectaculares ver https://wordart.com/


Pero además, la plaga viral que nos tiene en jaque muestra inmediatamente la centralidad de pensar la clase y el antagonismo social. En mi barrio de Boedo, en abril del año pasado las clases medias salieron a los balcones a aplaudir a las 9 de la noche gritando con ganas “Quedate en casa LPQTP” dirigido sin dudas contra aquellos que intentaban viajar a la costa atlántica, a sus barrios privados, o incluso al exterior. Las imágenes de largas colas de autos, a simple vista de alta gama, intentando llegar a Pinamar, y las noticias de empresarios navegando en yates, llevando personal doméstico en el baúl del auto, etc. colocó en la percepción pública y en amplios medios de comunicación que en torno al Covid/19 se desata una disputa con fuerte contenido de clase. Las clases medias y altas que viajan en avión remedan las ratas que viajaban en las bodegas de los barcos en el siglo XIV portando la temible peste bubónica. Las actitudes de no acatar las medidas de restricción y la jactancia incluso de desconocer la peligrosidad del virus también podían leerse de manera clasista. Apenas un mes despues  las clases medias altas empezaron a ser convocadas a protestas y movilizaciones callejeras contra "la cuarentena" y "la infectadura". En definitiva, un fenómeno biológico queda atrapado en una teleraña de sentidos clasistas en disputa.

La materia se propone ahondar en las raíces conceptuales, los orígenes históricos, las contradicciones e inconsistencias, y las premisas centrales del debate contemporáneo sobre el antagonismo y las clases sociales. La idea es visitar libremente los textos, pero no caer simplemente en querellas abstractas de pura teoría, sino en sacarle punta a las categorías tratando de pensar con ellas fenómenos interesantes tanto históricos, como empíricos, preferentemente de nuestro país y del Abya Yala (América Latina). Esto significa que interesa más que el dominio teórico o conceptual de los textos, lo que son capaces de hacer con ellos frente a algún hecho, proceso, acontecimiento, caso, que les interese. No interesa la capacidad de reproducir discurso teórico sino la capacidad de utilizarlo para leer o analizar algo particular. El trabajo de Uds. será entonces: pensar un fenómeno concreto de interés sociológico; leer las clases virtuales para tener una orientación general de las problemáticas conceptuales y leer la bibliografía indicada como obligatoria por la cátedra; seleccionar textos teóricos a leer (uno por unidad, ver el programa son 5 unidades) y colgar  en la pestaña correspondiente del blog un comentario del texto leído intentando relacionarlo o utilizarlo para entender el fenómeno concreto que van a tratar de analizar; hacer los trabajos prácticos indicados por la cátedra (uno por unidad, pero cortitos). Todas  tareas módicas, mucho más en tiempos de cuarentena.  

El programa lo bajan de este link Programa 2021

La bibliografía digitalizada de la Unidad 1 la obtienen de este link Textos Unidad 1

Todos los textos obligatorios están disponibles. Algunos de los optativos para elegir no están digitalizados, cualquier cosa me consultan y vemos como hacemos.

Para trabajar con textos y casi con cualquier material de manera fuertemente interactiva, es decir un mismo texto, imagen, video, audio, ppt, links de cualquier cosa, noticias de diarios, etc. puede ser marcado y comentado de manera acumulativa por todos los participantes con esta poderosa y fácil herramienta multirecursos VoiceThread que quiero que vean: https://voicethread.com/myvoice/browse/threadbox/117    Se tienen que dar de alta de usuario. Es gratuita en la configuración básica, y luego pueden entrar el link del ejemplo de abajo.

Quizás podamos trabajar con ella. Vean este ejemplo de trabajo con el texto de Marx "Excurso sobre la dialéctica". Uds. podrían agregar imagenes, comentarios, marcas, preguntas, directamente sobre el texto multimedial. https://voicethread.com/share/17196539/

¿Qué les parece? Espero preguntas aclaratorias, comentarios sobre la cuarentena y la pandemia, sugerencias, lo que sea. Soy todo oidos. Me escriben a mgomez@unq.edu.ar
En el programa encontraran los mails y demás datos de la cátedra. 

Finalmente vale la aclaración: a partir de la semana próxima va a estar disponible un aula virtual en el campus de la universidad. En ese momento vamos a decidir cuál va a ser nuestro espacio de trabajo no presencial para el resto de la cursada. 

Saludos cordiales.

martes, 8 de septiembre de 2020

Devolución Trabajos Finales y notas-

Lucía y Federico. Fue un gusto y un aprendizaje haberlos tenido en este curso. Considero superlativos las contribuciones que hicieron en los TPs y también en el Trabajo final. A los efectos de la evaluación lo único que puedo decir es que alcanzaron sobradamente los objetivos pedagógicos trazados ya que han demostrado casi de entrada una muy buena capacidad de asimilar los textos, las lecturas, los conceptos para poder aplicarlos o utilizarlos en temas específicos o relacionarlos con otros conceptos o temas. 

Específicamente a cada una de las monografías.

En el caso de Lucía
Hay un trabajo muy preciso de rescate de conceptos para leer el caso Famatina. Desde lo más general como la necesidad de un análisis clasista de la acción colectiva hasta aspectos particulares como el tema de las "clases nacionales" y las "clases con conexión internacional" o la cuestión del género. 
Solo para debatir y pensar más: respecto de "lo popular" y el "género" o el papel de la mujer en el movimiento habría que hilar más fino antes de aceptar que el conflicto con la minera de alguna manera articula opresiones, subordinaciones y explotaciones, lo mismo que habría que conocer más antes de considerar el protagonismo femenino como expresión de múltiples opresiones. Habría que considerar la hipótesis alternativa de que sea un movimiento de "único asunto" y por tanto no genera cadenas equivalenciales ni de identidades más allá de la defensa de la tierra y el modo de vida pueblerino. Lo mismo para el caso de la mujer: podría tranquilamente pensarse la hipótesis de que las mujeres principales animadoras del movimiento no comparten otras banderas de la emancipación femenina. 
NOTA: 10 diez

Federico

Es excelente el uso de los descriptores de Gurvitch para detectar fenómenos de clase y también hay enriquecedoras referencias a otros autores. Solo para discutir o debatir o pensar con más detenimiento. El trabajo parte de la reivindicación teórica del concepto de relaciones de producciòn como el canto que une las caras de neoliberalismo y globalización. Sin embargo, hay puntos oscuros en esto: la mayoría de las empresas globales son empresas cuyos propietarios son fondos de inversiòn cuya mayoría de cuotapartistas muchas veces son los mismos trabajadores con sus aportes previsionales o incluso instituciones si fines de lucro como Universidades que tienen cuantiosos fondos institucionales o Estados nacionales como Suecia que tiene el fondo de inversión más grande del mundo. El concepto de propiedad, su fluidificación, tiene que ser tomado en consideración para pensar estas cosas. Por ejemplo: a dónde van a protestar los trabajadores de las empresas de plataformas? si muchas no tienen siquiera una sede o la que tienen es puramente a los efectos legales. Presupongo incluso que en un conflicto los trabajadores les cuesta encontrar una contraparte a la que hacer los reclamos que terminan siendo reclamos a la autoridad pública para que regule. Otras empresas no tienen por función primaria de generación de excedentes tomarlos de la explotación de la fuerza de trabajo, sino de hacer una diferencia financiera con la cotización accionaria o, al manejar una considerable cantidad de dinero diario, inversiones financieras. Es decir, son fenómenos de ganancias en tanto activos bursátiles sometidos a expectativas y especulación más que un negocio que extrae excedente de los trabajadores.  
NOTA: 10 diez

Por el momento no es posible pasar las notas, se está previendo que a fines de mes estaría listo el sistema para que podamos cargarlas. 

lunes, 10 de agosto de 2020

Material de apoyo. Los jacobinos negros de C L R. James.

 “Los jacobinos negros”

C. L. R. James

Fuera cual fuese el origen de un hombre, sus antecedentes o su carácter, su piel blanca lo convertía aquí en una persona distinguida” (James:2003:46)

C. L. R. James, en “Los Jacobinos negros”, analiza el proceso que posibilitó la independencia de Haití entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Escribe sobre este proceso revolucionario desde una perspectiva marxista. Su postura no se reduce a un análisis economicista, integra posturas sobre la identidad que pueden ser relacionales y no esencialistas y con perspectiva histórica, análisis que permite vislumbrar procesos sociales racialmente estructurados en los que están presentes las clases sociales.

Haití se independiza formalmente de Francia el 1 de enero de 1804, siendo el primer país de América Latina en hacerlo. La particularidad del proceso haitiano radica en que Haití fue el único país latinoamericano que como consecuencia de una una exitosa revolución de esclavos negros, luego se constitui en una nación. La referencia que no podía faltar, en Los jacobinos negros remite a la participación de una de las figuras más importantes: Toussaint L´Ouverture – antiguo esclavo y posteriormente líder de la revolución. Los ex esclavos organizados por los franceses -con oficiales y jefes africanos, entre los que destacaba Lóuverture, derrotan primero a las fuerzas británicas en guerra con los franceses. Cuando Napoléon decide encauzar el orden en la colonia, fracasa finalmente con las milicias haitianas. Cabe destacar la utilización de los ex esclavos de las formas organizativas dispensadas por los franceses, acervo militar que posibilitó el triunfo de los esclavos de Santo Domingo que terminaron derrotando a las milicias francesas.

James toma como referencia un momento importante de la formación capitalista, a saber, La Revolución Francesa de 1789, que importó a la colonia los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, bandera que fue levantada en la isla para abolir la esclavitud.

James, en su detallado análisis de la sociedad haitiana, analiza tanto la estratificación social y las clases en conflicto, que incluíaesclavos: mulatos y negros (que van tejiendo alianzas según sus propios intereses), plantadores, colonos, la aristocracia francesa, monjes, curas, comerciantes, la burguesía marítima (grandes blancos), los pequeños blancos: notarios, abogados, artesanos y tenderos. El antagonismo negro/blanco era un signo distintivo de diferenciación entre europeos y africanos y esta diferenciación quebraba los lazos entre negros y mulatos: “Las ventajas de ser blanco eran tan evidentes que el prejuicio racial contra los negros permeaba la mentalidad de los mulatos. [...] Los esclavos negros y los mulatos se odiaban entre sí... [...] Los negros libres, en términos comparativos, eran escasos, y tan despreciada era la piel negra que hasta un esclavo mulato se sentía superior a un negro libre” (James 2003: 55).

Aunque destaca la figura de Toussaint L´Ouverture, la explicación de James no se centra en el rol de los individuos en los procesos históricos. Los hombres afirma, actúan según les es propicia la historia “Las grandes personalidades hacen la historia, pero solo la historia que les es dado hacer. Su libertad de acción está limitada por las necesidades de su entorno” (James:2003:18). En este sentido, Toussaint L’Ouverture no fue quien hizo la revolución, sino que fue la revolución la que lo hizo a él (2003:18). En este sentido, estas tensiones raciales, según James, hacen que la preponderancia de la “clase”, pierda peso ante el hecho de la pertenecer o no a tal raza u especie. Pero, el análisis de James consiste en una combinación entre las tensiones de raza junto a explicaciones económicas. La amalgama entre “clase” e “identidad racial” posibilitó la emergencia de un sujeto político. Los esclavos y mulatos se aproximaban a un “proletariado moderno”, en este sentido, destaca su carácter de “clase” “Los esclavos trabajaban en la agricultura y su objetivo, como el de los campesinos revolucionarios en todas las latitudes, era el exterminio de sus opresores. […] los aproximaba a un proletariado moderno más que a cualquier otro grupo de trabajadores de la época” (James:91).

Bibliografía: C.R.L James ([1938] 2003) Los jacobinos negros. Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití. Fondo de Cultura Económica, Turner, Madrid.

Consigna:

En base a los textos del Taller leídos hasta el momento establezca en no más de dos carillas de extensión matices, similitudes y diferencias entre el concepto de clase que utiliza C. L. R. James y al menos dos de los autores trabajados. Link para acceder al texto de James https://drive.google.com/file/d/1-6EPAKKJ0H5HWtYuouW_bmxJOIotntUz/view?usp=sharing

viernes, 31 de julio de 2020

Material de apoyo. Díaz Polanco: Etnia, clase y cuestión nacional.

Material de apoyo Unidad V-Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas. Díaz Polanco: Etnia, clase y cuestión nacional.

 

Una de las cuestiones centrales para el análisis de las sociedades latinoamericanas es la relación entre etnia y clase. Justamente en México es uno de los países latinoamericanos donde esta cuestión se hace más evidente. México es el país latinoamericano con mayor población, según datos del Banco Mundial para 2019 alcanzaban a 27,5 millones de personas representando al 20% de la población total del país. Asimismo este país ha pasado por un proceso revolucionario con una fuerte participación popular en 1910.

El Estado nacional mexicano tras la revolución de 1910 fue adquiriendo una matriz indigenista, lo que llevó a incorporar a los pueblos indios como parte de su historia, primeros habitantes y fundadores de la nación. Pero a pesar de esta valoración y de haber participado en la revolución, los pueblos originarios quedaron marginados de las estructuras gubernamentales. Se tenía una visión sobre ellos como sujetos de asistencia pública hasta que superaran su “estado de atraso”. De esta manera, se los anulaba como sujetos capaces de emprender su propio camino. Aunque este no fue el único trato recibido, ya que el tipo de democracia establecida por el partido político mexicano más duradero en el poder, el Partido Revolucionario Institucional, implicó un continuo proceso de integración y exclusión de todos los disidentes del régimen en general. Por ello, la integración de las distintas etnias se produjo bajo la particularidad de los cacicazgos, continuando el modelo colonial de integración-resitencia.

Por ello, Díaz Polanco señala que históricamente se pensaba que como consecuencia de desarrollo, de las unificaciones nacionales, las diferencias étnicas y nacionales tenderían gradualmente a desaparecer produciéndose una mayor homogeneización. Desde el punto de vista conservador se señalaba que los pueblos que mostraban rasgos diferentes y particulares se encontraban en fases atrasadas y que estas diferencias iban a ir desapareciendo gracias al progreso. En cambio, desde el marxismo se pensaba que las particularidades de las minorías nacionales regionales o étnicas serían absorbidas por los grandes conjuntos nacionales que se constituían en Estados, haciéndolas también desaparecer. De la misma manera los propios contrastes nacionales tendían a desaparecer con el desarrollo del capitalismo y que la toma del poder por el proletariado enfatizaría esta situación aún más.

Pero, la historia ha demostrado la falencia de estas teorías, muchos de estos pueblos considerados prácticamente como ruinas han mostrado una vitalidad imprevista, incluso de carácter revolucionario. Esto puede verse tanto en la rebelión zapatista que ha conformado una organización política autónoma del Estado de México, en una región de tamaño similar a Bélgica. Como en las rebeliones de principios de siglo XXI en Bolivia (primera y segunda guerra del agua, guerra del gas) que de alguna manera fue el antecedente para que por primera vez en la historia latinoamericana un indígena llegara a presidente.

Claramente la cuestión étnica es fundamental, aunque nos encontramos von cuatro enfoques fundamentales:

1.       Aquel que no reconoce lo étnico como un fenómeno relevante desde el punto de vista social o político. Propone el análisis y la acción basados exclusivamente desde la perspectiva de las clases sociales. El resultado es una sustitución de la etnia por la clase.

2.       Es una inversión del anterior. Se sostiene que el fenómeno étnico no solo es irreductible a la problemática clasista, sino que además el análisis de clase es irrelevante para el entendimiento del primero. Tal punto de vista se sustenta en la tesis que el fenómeno étnico es independiente de la estructura de clases de la sociedad. Es decir, lo étnico es una esfera específica y particular de la sociedad que no es impactada por la dinámica estructural, además de que lo étnico es anterior a la aparición de las clases.

3.       Se postula que se tratan de fenómenos distintos, pero que si se atraviesan procesos adecuados unos tienen que transformarse en el otro: lo étnico debe evolucionar hacia lo clasista; y lo clasista prefigura aquello en lo que debería convertirse lo étnico. Este enfoque corresponde a la visión burguesa que observa al fenómeno étnico como una fase en el curso del desarrollo capitalista que será finalmente superada. En una versión más elaborada de la misma tesitura a este proceso se le llamará “integración”, pasando estos grupos de esta manera a formar parte de la “nación”. Lo básico de la integración radicará en que los indígenas se convertirán en proletarios, es decir, venderán su fuerza de trabajo por un salario.

4.       Se comienza postulando que etnia y clase “no son del mismo orden”, por tratarse de uno se debe esperar, como plantea el indigenismo que de la condición étnica se pasará directamente a la clase, pues sencillamente lo étnico no es una etapa provisoria. Se desea enfatizar de esta manera las especificidades de lo étnico, apoyándose en una postura antirreduccionista. Pero esta postura al mantener los dos órdenes separados termina por desvincular el fenómeno étnico de la estructura socioeconómica en la que se inserta y se hace independiente de la conformación clasista de la sociedad. Otra vez nos volvemos a encontrar con la bipolaridad  sin solución para la problemática básica, la cuestión de su relación histórico-cultural.

Por esto es necesario definir la especificidad del fenómeno étnico. Y en este sentido lo étnico no es más que las muy variables formas en que se articulan y estructuran concretamente los elementos de orden sociocultural. Por ello, de acuerdo a esta definición no se debe atribuir la cualidad étnica exclusivamente a ciertos grupos o conjuntos sociales. Todo grupo social constituido posee su etnicidad propia. O dicho de otra manera, la etnicidad debe ser considerada como una dimensión de las clases, o como un nivel de las mismas. Toda clase o grupo social posee una dimensión étnica propia.

Los distintos componentes o dimensiones que configuran la naturaleza de las clases sociales permiten desarrollar formas de identidad y solidaridad en diferentes escalas. Estas formas de identidad social son muy variables, pueden desarrollarse a partir de componentes étnicos. En el momento que esto sucede y sus condiciones de ocurrencia dependen de factores históricos concretos estamos justamente ante una etnia o un grupo étnico. Este se caracteriza por ser un grupo social que ha desarrollado una fuerte solidaridad o identidad social a partir de los componentes étnicos. En base a esa identidad puede definirse como tal y además establecer la diferencia o el contraste respecto a otros grupos.

La étnica es el grupo social que ha desarrollado formas de identidad enfatizando los componentes étnicos. Por ello, lo étnico no es un elemento extraño al clasista y los grupos étnicos no pierden por ser tales su carácter y raíz de clase.

Señala Díaz Polanco que es justamente porque la etnicidad no es realmente ajena a las clases y porque los grupos étnicos no dejan de vincularse en la estructura de la sociedad que el adecuado conocimiento histórico del fenómeno étnico en las sociedades complejas debe adoptar como punto de partida analítico la composición clasista de la formación concreta de que se trate.

Si comprendemos a la etnicidad como una dimensión de las clases, es posible determinar que podría haber diferentes formas étnicas particulares dentro de una misma clase social. Y estas dimensiones étnicas pueden ser útiles para la caracterización de ciertos subconjuntos clasistas. Este parece ser el caso de los grupos indígenas en América Latina, que conforman grupos étnicos particulares, aunque sean parte de la clase social que podríamos denominar campesinado.

También es posible que la misma configuración étnica sirva de cúpula a varias clases sociales articuladas, una estructura clasista en una formación social concreta. Estaríamos en presencia entonces de una nacionalidad, por lo tanto, la etnicidad puede ser el sustento tanto de las etnias como de las nacionalidades; pero es importante distinguirlas, pues se trata de entidades distintas. La nacionalidad constituye una formación clasista que desarrolla una identidad propia sobre la base de componentes étnicos y que tiende a definir un proyecto de autodeterminación, precisamente porque se encuentra integrada en un espacio estatal que no acepta como propio, su tendencia en cuanto movimiento nacional es crear un Estado-Nación distinto. Por ello aparece una entidad oprimida lo que fortalece la solidaridad nacional y favorece a los movimientos orientados a realizar el proyecto de autodeterminación. Se puede tomar como ejemplo de esto el Movimiento Katarista en Bolivia que lideraba Felipe Quispe, éste movimiento recuperaba las luchas de Tupac Katari y Zárate Willka, pero no como constitucionalistas, ni reformadores del Estado colonial, sino como luchadores que planteaban que la única manera de conseguir la liberación indígena es reconstituyendo la sociedad de antes de la colonia. Esta posición diagnosticaba la existencia de dos bolivias: una criolla-mestiza, que es precisamente la nación dominante, la que expresa la cultura legítima de las elites; otra indígena mayoritaria, despojada de poder, despojada de los recursos y sometida a la exclusión. Esta posición se conoce como “autodeterminista”, porque plantea el derecho a la plena autodeterminación de las naciones indígenas.

Para finalizar con Díaz Polanco, es importante recordar los prejuicios de los que debemos desembarazarnos a la hora de analizar las luchas de los grupos étnicos:

·         Exigir a los grupos oprimidos que adopten el proyecto proletario como requisito previo para recibir el apoyo revolucionario, terminan por alejarlo de éste.

·         La viabilidad de los movimientos dependerá del grado de la misma lucha que realicen los pueblos.

·         Las cuestiones étnicas y nacionales no pueden ser aplazadas hasta la consecución del socialismo. Debe realizarse de inmediato con el apoyo del movimiento revolucionario.


miércoles, 29 de julio de 2020

Texto de Apoyo y TP Unidad 5 (colgar antes del 15/8)

2 Links para la bibliografía Unidad 5
 https://drive.google.com/drive/folders/1fFl4eZkp5OLyNMZZslu7sR1PMLY8p66z?usp=sharing

https://drive.google.com/drive/folders/1sBIpThIAltM5lhpdjjOVKTt_4LpQPGFQ?usp=sharing

En esta unidad la bibliografía es libre, pueden seleccionar lo que quieran. 

Texto Apoyo  Unidad 5

En esta unidad se hace un repaso de los principales núcleos de estudios sobre diversos espacios sociales de clase con énfasis en el contexto latinoamericano y argentino.

La problemática del género en la estructura de clases.

El texto de G. Gomez Rojas, retoma  el tema de la unidad de análisis y la determinación de clase pero a la luz del papel de la mujer. El criterio de tomar el hogar o la determinación directa por la ocupación del jefe de hogar desconoce los cambios en la estructura de clases ocasionados por la participación económica de la mujer. La autopecepción de clase de mujeres y varones controlando por empleo del cónyugue y por factores adicionales al empleo: consumo, ingresos totales, horas trabajadas, muestra mayor autonomía de la mujer en su percepción de clase que la esperada por Goldthorpe en su metodología clásica de atribución automática al jefe de hogar. Además la posición de la mujer también incide en la autopercepción del hombre. El peso de las condiciones materiales en la identidad de clase está tamizado por el género.

Las problemáticas contemporáneas de la clase obrera

Kabat y  Egan discuten el valor de conceptos como masa marginal, exclusión, informalidad urbana, economía informal, precariado, historia global del trabajo, nueva esclavitud, etc. Insisten con la unicidad de la clase obrera de acuerdo a los criterios del marxismo para analizar la explotación de la fuerza de trabajo y sus diferenciaciones internas. El análisis de clases sigue pivotando sobre las contradicciones de Capital y Trabajo frente a las nociones laclausianas de pueblo y movimiento y frente a la inclinación a captar la heterogeneidad a través de  nociones como “sectores populares” o “marginalidad”, “exclusión”, “precariado”, etc.
Con más flexibilidad Veronica Maceira aborda de manera amplia la literatura sobre los procesos de diferenciación interna de la clase obrera: marginalidad, exclusión, precarización, informalidad, aristocratización, segmentación del mercado de trabajo, infraclases, desocupación permanente, sobrecalificación, etc. muestran el complejo panorama de la “subalternidad” o del ancho mundo de la opresión y la explotación con lógicas disimiles a las de los asalariados en términos de aspiraciones o demandas. Los sectores populares vulnerables demandan simultáneamente “por debajo y por arriba” de los trabajadores “integrados”: van de los alimentos o la subsistencia y la infraestructura urbana elemental a la politización inmediata de las demandas y la interpelación al estado y los poderes públicos.
Es particularmente importante el análisis empírico que ofrece de  las formas de conciencia: las diferencias entre ocupados y desocupados en términos de percepción del antagonismo social y las inclinaciones solidarias entre unos y otros, las diferencias generacionales, las preferencias por la acción colectiva, la percepción individual o social de la imputación causal de la situación de desventaja o injusticia, etc. También son muy interesantes la exploración de las identidades peronistas y sus transformaciones, el “peronismo de los humildes”, el peronismo “de derechos”, el debilitamiento de la identidad del peronismo sindical entre los jóvenes ocupados de familias peronistas. 
La investigación de P. Varela sobre el conflicto fabril de FATE en zona Norte, y la discusión sobre una nueva generación de activismo sindical, su relación con el territorio y la formación de nuevas formas de conciencia condensadas en la noción de “dignidad” obrera en un contexto como el del gobierno posneoliberal del kirchnerismo. La figura del militante sindical de planta que lucha “por los propios derechos”, y la idea de ciudadanía fabril, la relación del locus de la fábrica con la política y el territorio son puntos muy importantes a tener en cuenta en cualquier análisis actualizado de la “condición obrera”.

La marginalidad y la exclusión.

Svampa señala la persistencia de la problemática de la marginalidad como central en los debates latinoamericanos: funge como el corazón de la subalternidad urbano popular, y la cara más visible de la modernización perversa y trunca. Se enfatiza bien la dualidad en el tratamiento del tema: el carácter de nuevas formas de reciprocidad y solidaridad comunal con posibilidades de generar ingresos e intercambio alternativos al mercado (economía social, popular, alternativa de base comunal) o bien el carácter residual, de hiperexplotación, de informalidad urbana, y la llamada “nueva cuestión social” en el capitalismo globalizado: acumulación flexible, posfordismo y terciarización temprana y ajuste neoliberal. Todo muy teñido por la problemática francesa de la exclusión (Castels, Rosanvallon): vulnerabilización, desasalarización, desafiliación, zonas de integración, de desafiliación sin densidad relacional y zonas de vulnerabilidad con o sin soportes laborales y sociales. La tesis del polo marginal en la Argentina que retoma los trabajos de Aníbal Quijano en los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina que ve una consolidación de dos o mas generaciones sin oportunidades de movilidad a pesar de las políticas redistributivas del kirchnerismo.

El carácter protagonista activo del sector “marginal” en A. Latina contrasta con los análisis en Francia. Fuerte territorialización de la organización y capacidad de acción colectiva desde los años 80 incluso con reclamos por  tierra urbana e infraestructura. En los 90 vienen los piquetes y la autorganización de proyectos comunitarios. La extensión de las transferencias condicionadas y planes sociales con el 19% de la población latinoamericana, muestran una dependencia del Estado altísima. Así los análisis tienden a verlos como “Laboratorios o fábricas de economías alternativas y sociabilidad solidaria” o “pobreza estructural y subalternidad cautiva del Estado”.
Maneiro aborda el tema de la identidad y la experiencia de clase de los grupos de desocupados en barrios de clases populares en el marco de los años 90 de crisis social y neoliberalismo. La persistencia de la nominación “trabajadores” que los reinscribe en la memoria de clase y el peronismo, y sus posicionamientos en términos de ciudadanía y justicia que enarbola la “dignidad” como aptos para contribuir a la vida social. Sin embargo, también está activa la identidad de “Piqueteros” en la medida que se atribuyen ser capaces de desafío y de imprimir su protagonismo además de politizar su accionar en la arena pública.

La estructura de clases en los últimos años de posneoliberalismo.

Svampa describe la sociedad excluyente instaurada en los años 90 y la desregulación y financierización: la privatización de la vida cotidiana, la ostentosa vida pública de las elites que dejan su invisibilidad de lado, la reproducción de ámbitos de socialización escindidos, las urbanizaciones privadas y los colegios exclusivos para formar clases dirigentes, el estilo kitsch, el apoyo al peronismo menemista, la americanización de la cultura empresarial, la extranjerización, etc. También es un dato importante la polarización interna de clases medias entre ganadores y perdedores. La pérdida de homogeneidad de las clases medias es un dato muy importante a tener en cuenta que las debilita como actor cultural y político.  
Benza muestra las tendencias de la estructura social de la década ganada: expansión de posiciones intermedias de profesionales, técnicos y administrativos y sobre todo de trabajadores manuales calificados, a expensas en parte de las clases superiores y de las populares no calificadas o marginales. La caída de planes sociales merced a la expansión del empleo formal, el acercamiento de segmentos más altos de clases populares a clases medias, y la mejora en los ingresos y consumo, así como en la módica mejora en los indicadores de equidad o de distancia interclases, son los rasgos que deja la década posneoliberal. Se reduce la movilidad espuria (es decir ascenso ocupacional sin correlato de mejoras en ingresos y condiciones de vida) que había caracterizado la década de los noventa con ascenso ocupacional pero deterioro de nivel de consumo e ingresos para segmentos populares y de clases medias. No obstante, otro rasgo de la década posneoliberal es que se amplía las distancias dentro de las clases populares: mejoran más los trabajadores formales calificados que el resto de las clases populares. El papel del poder reivindicativo sindical y de la negociación paritaria salarial es clave en este punto.

La cuestión indígena-indiana a la luz del análisis de clases.

Las revueltas indígena campesinas en las primeras 3 decadas del S. XX que asolaron Mexico, Chile, Colombia y centroamerica sumados a la influencia del marxismo indigenista social de Mariátegui en Perú  y de Tristán Marof en Bolivia (ambos estimulados por el interés de Marx por la comuna rural rusa), posicionaron la cuestión del Indio como central en el pensamiento social latinoamericano. El primer reflejo fue desplazar el problema hacia la cuestión de la tierra y el gamonalismo o el latifundio y también a la cuestión de la necesidad de los estados independientes de operar una modernización en un marco de integración e identidad nacional. El peruano Manuel G. Prada señala tempranamente la opresión no de raza sino de expropiación y explotación. Mariategui apunta al socialismo desde un vanguardismo indígena que toma de base la comunidad agraria indígena para darle una dimensión mítica al proyecto socialista. La “asombrosa persistencia comunista” de estas comunidades  y su capacidad de resistencia al capitalismo es motivo de atracción teórica ya que provee una solución al problema de la clase obrera reducida y el atraso productivo con coexistencia feudal y comunitaria. La “Campesinización” como solución de integración nacional y modernización al mismo tiempo se ve nítida en la experiencia de la reforma agraria en Perú de  V. Alvarado y el relativo fracaso de su intento de cooperativas bajo dirección estatal. La instauración del “dia del campesino” muestra el intento de recrear una identidad agraria-andina campesina que se ve como una revalorización frente a la devaluada identidad indígena ancestral. En Argentina se observa lo nacional popular  del peronismo y sus ambigüedades: integración socioeconómica y ciudadana pero rechazo a la identidad y las marcas culturales disonantes de la modernidad. Históricamente en la argentina lo mestizo se contrapone  a lo europeo y lo indígena queda como exterioridad total o “periferia de periferia”. La Evita indígena del escultor Vitullo ocultada en París es el ejemplo de las ambivalencias del peronismo.

El extraordinario sociólogo marxista boliviano Zavaleta Mercado plantea con sencillez y maestría la necesaria articulación entre la lucha de clases y la cuestión nacional. La nación, la lucha por la nación, está atravesada por la cuestión de las clases “nacionales” enfrentadas a las clases oligárquicas extranjerizantes. El campesinado, el proletariado minero y las capas medias e intelectuales tienen sus propias contradicciones pero no pueden defender sus intereses sin enfrentar al imperio encarnado en mineros y latifundistas y tomando a su cargo la tarea de unificar un estado nación moderno. El papel central del proletariado minero,  las fragmentaciones de campesinos y las confusiones y oscilaciones de las capas medias en este proceso son  una forma de describir la dinámica de las “clases nacionales”.

Diaz Polanco descarta que el problema nacional pudiera ser interpretado como un asunto transitorio y, en tal sentido, secundario para el análisis de clases. Describe tres posiciones teóricas erradas al respecto: “sustitucionista” de la etnia por la clase basada en la falta de significado hitórico y económico de la raza ante procesos como la expansión del capitalismo; “purista” de etnicidad separada de la cuestión material de las clases; “evolucionista” de paso de la etnia y la servidumbre a la clase y el proletariado urbano y rural.
Propone en cambio diferenciar “etnicidad” (dimensión universal a todos los grupos humanos) de los grupos étnicos: la etnicidad es un nivel del análisis de constitución histórica de clase insoslayable aquí y en Europa o EEUU. Aclara que las identidades étnicas mismas también están sometidas a la dinámica de las luchas clasistas y la evolución histórica, ya que no son primordiales o sustancias inmutables.

Quizás la gran contribución de este autor es que la base de la pretensión de crear un estado nacional propio es la comunidad de la etnicidad que contiene las contradicciones clasistas. La nación puede articularse a partir de la etnicidad, la lengua y la cultura compartida. Es la base de unificación para la autodeterminación en una nación que contiene los antagonismos de clase en pos de un espacio común de expansión de los intereses particulares de las mismas. La “regionalización” supone que las etnias en su movimiento crean su propio espacio de acción desbordando fronteras prestablecidas.
Quijano y la colonialidad del poder  es un texto clásico. El régimen del control de trabajo en nuestra A. Latina está racializado en la colonia. El indio se lo ve como indigno de salario y por ello se le concede la responsabilidad de su propia reproducción lo que le permite cierta persistencia comunitaria y autonomía. No hubo feudalismo sino explotación sin paga en la encomienda y a través de los impuestos.

Las burguesías dependientes.

Svampa retoma los debates sobre el capitalismo colonial y la dependencia, el desarrollo asociado, la burguesía nacional o las burguesías locales. El análisis de los estudios latinoamericanos muestran que capitalismo no era sinónimo de modernización: la servidumbre y la esclavitud no tenían nada de feudales y todo de capitalistas: la acumulación en torno a la producción de  exportables baratos y en torno a los mercados internos que se le asociaban necesariamente, no liberaba la fuerza de trabajo sino al contrario. Así se generalizan los diagnósticos de un raquitismo de capitalismo moderno como realidad inacabada y perpetua promesa. Se observan la ausencia de unidad orgánica de clases dominantes: siempre termina en la imposición del sector de enclave bajo control imperial. “Capitulacionismo” burgués y “lumpenburguesía”  solo capaz de un “lumpendesarrollo” se multiplican en los textos. El desarrollo “asociado” junto con la necesidad de control del aparato estatal y los diversos “estilos de desarrollo” muestran que sin embargo la burguesía local está lejos de ser un mero apéndice de los intereses multinacionales.

TRABAJO PRÁCTICO

1) De acuerdo a su tema de trabajo seleccione al menos una cuestión de corte extraclasista (género, etnicidad, edad) e intente enriquecer el análisis.

2) Intente introducir la cuestión de la heterogeneidad y la fragmentación de las clases populares o medias en su tema.   

Texto de Apoyo Unidad y TP Unidad 4 (colgar antes del 8/8)

Link a los textos obligatorios: https://drive.google.com/drive/folders/1iPljj6t2q1VtQPOKIMmTKeb6A3h6Za0N?usp=sharing

Texto de Apoyo Unidad 4- Debates y problemas del análisis clasista de la acción colectiva

Uno de los aspectos más frecuentados en el análisis sociológico es el de las dimensiones clasistas de la política y la movilización colectiva. Para la sociología clásica del siglo XX, política y poder eran fenómenos clasistas por excelencia. Partidos políticos y sindicatos tenían sus propias bases sociales socioeconómicamente identificables que expresaban intereses, ideas y prácticas homogéneas.  Fenómenos posteriores como el llamado “desclasamiento del voto y de las preferencias ciudadanas” y la pérdida de identidades basadas en el trabajo y la producción plasmadas en partidos políticos y sindicatos fueron limando el carácter clasista de la política y la lucha por el poder en sentido amplio. 

Como vimos al estudiar a los posestructuralistas o a Laclau, la política se convierte en un fenómeno discursivo que no necesariamente responde a un patrón de posicionamiento de intereses materiales y condiciones materiales de vida. Otros teóricos inspirados en el marxismo han innovado en variantes conceptuales para retener la centralidad del abordaje clasista. Es el caso de E. Olin Wright en el texto “Clase y política” (1995: 239-259) en donde se plantea la incidencia de clase en tres niveles del análisis político: situacionales, institucionales y sistémicos.

La clase y la lucha de clases moldean la política pero a través de diversos niveles de ejercicio de los poderes clasistas. En el nivel más inmediato o “situacional” el detentar el control o disposición de ciertos bienes estratégicos permite ejercer directamente un mando sobre otros. La burguesía puede coercionar, presionar o simplemente “comprar” o “persuadir” funcionarios, legisladores, etc.

En un nivel más mediato y complejo, el poder que se ejerce es “institucional”: no es tanto el mando y lo que se quiere imponer como el control de lo que son opciones válidas o legítimas. Es el poder de controlar la agenda de decisiones y de descartar opciones alternativas. 

Finalmente hay un poder de base o largo plazo que se denomina “sistémico”, y alude a un sesgo que tiene la forma de organización y distribución de recursos de poder que permite ahorrar esfuerzo en controlar agendas y dar órdenes. Sería el poder incorporado a las reglas; es el poder de fijar  la naturaleza del juego  de manera favorable.

Los capitalistas tienen enormes recursos financieros y contactos, influencia directa en funcionarios, medios, etc. y una desproporcionada capacidad de conducción política. Pero en este punto sus intervenciones son siempre ajenas al interés del conjunto de la burguesía y se suelen contrarrestar recíprocamente. Los funcionarios y elencos políticos disponen de amplios recursos y de la miopía y apatía de la burguesía fragmentada.

La dimensión institucional del estado capitalista muestra el poder “negativo” de las clases dominantes: garantizar lo que no debe suceder. El estado no puede interferir con la acumulación privada sin afectar sus fuentes de financiamiento. El voto individual con representatividad  por territorio  (y no por función) licua el poder de las clases subalternas impidiendo focalizarse en aspectos estratégicos, lo que permite que dichos aspectos sean excluidos de la agenda pública.  

El efecto de poder sistémico reposa en la dependencia de intereses del resto de las clases de la acumulación de capital. En la medida que los intereses del conjunto se articulan a la acumulación, mayor es el sesgo hacia reglas que favorezcan dicha acumulación.

El breve texto de Harvey sobre el significado del poder clasista en el neoliberalismo muestra algunas de estas cuestiones en la historia más reciente del capitalismo. Hay cambios en la composición de las clases dominantes, la financiarización y el control de los mecanismos monetarios, cambiarios y bursátiles se convierten en estratégicos y subordinan al tradicional gobierno de los medios de producción y la inversión productiva. Las mismas empresas productivas se financierizan y extraen su ganancia no tanto de la explotación del trabajo como de las oportunidades de valorización rentística y especulativa, que requieren también fuerte intervención y control sobre la regulación estatal de mercados y sectores de actividad. 

Asimismo se cambia la relación entre accionistas y managers o altos ejecutivos y las estrategias de acumulación por medios financieros configura una nueva gran burguesía con fuerte inclinación a la intervención política. Los fenómenos de concentración personal de la riqueza y la diversificación financiera de la misma hacer que las viejas distinciones entre fracciones productivas, comerciales y bancarias se vayan haciendo anacrónicas. Los nuevos magnates aúnan estrategias financieras, monopolización de servicios (especialmente de comunicación) o bienes de alta tecnología y fuerte influencia estatal…¡¡¡sobre múltiples estados!!!

El capitalismo financiero global está fuertemente politizado: el control de los procesos decisionales es también un recurso estratégico de la acumulación, ya que define oportunidades de rentas, de transferencia de costos, de acaparamiento de bienes naturales, etc. Cualquiera puede darse cuenta que las políticas de “valorización financiera” dependen de decisiones monetarias y cambiarias estatales y no de “tendencias” de los mercados.

Otro de los núcleos en debate de la teoría contemporánea de las clases es la relación con los procesos y fenómenos de movilización social. A partir de fines de los ’60 el surgimiento de nuevos actores del conflicto social en el capitalismo avanzado (feminismo, pacifismo, ecologismo, contracultura juvenil) derivó en una progresiva pérdida de valor explicativa para la lucha de clases. Teóricos como A. Touraine van a caracterizar a las sociedades de un lado al otro de la cortina de hierro como sociedades posindustriales en donde no se trata tanto de controlar el proceso de producción material y la explotación de la fuerza laboral, como de gobernar las dimensiones subjetivas de la existencia humana. Los bienes estratégicos son aquellos que permiten el control de la apropiación del “sentido histórico”, de la historicidad y por tanto son los principales moldeadores de los “estilos de vida”, de las “sensibilidades” culturales, y de las “necesidades” humanas. Así el control de los deseos, el conocimiento, la información y las aspiraciones de individuos y colectivos pasa a ser el objeto fundamental de la lucha social. Para este tipo de luchas Touraine considera que la categoría de “movimiento social” es la más adecuada porque opera a nivel de la historicidad y no a nivel de la distribución material como es la de clase social. En el capitalismo avanzado la disputa no está entre proletarios y burgueses sino entre una tecnocracia corporativa público privada y los movimientos sociales que disputan el sentido de vivir en sociedad.

Ha habido todo tipo de lecturas sobre el tema: aquellos que ven clase y movimiento social como conceptos incompatibles (ver el texto de Galafassi, por caso); aquellos que intentan una complementariedad (ver el texto de Gomez). Algunos que tienden a reducir los movimientos sociales contemporáneos a explicaciones dentro del clivaje Capital/Trabajo (“la explotación de la mujer”, “del negro”, “la renta medioambiental”, etc.) otros que sostienen criterios multimodales y ven la racialización o el patriarcado como fuerzas que dominan el capitalismo.

En el texto de Gomez (2014) se pueden ver los sesgos clasistas en los fenómenos de organización, acción e identificación colectiva. Cada grupo social tiene su propia forma de organizar y plantear la lucha y esa forma no puede separarse fácilmente de las condiciones materiales de vida. 

En el texto de Di Marco sobre el pueblo feminista también se observa que las luchas contra la exclusión social protagonizadas por las mujeres piqueteras y el acoplamiento de demandas como la legalización del aborto a las de inclusión económica en los primeros años de este siglo, significaron un cambio y un impulso decisivos en la conformación del movimiento feminista. Clase y género no pueden separarse fácilmente en los procesos de movilización colectiva.

Trabajo Práctico Unidad 4

11) Piense en su tema de trabajo e identifique empíricamente los posibles nexos entre clase y movilización. ¿Cuáles serían los aspectos clasistas o no clasistas de la movilización en estos casos?.
22)  Piense en su tema de trabajo y busque las dimensiones políticas que lo atraviesan: intente identificar los componentes situacionales, institucionales y sistémicos de los poderes clasistas involucrados en su tema.


Texto de apoyo Unidad V- Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas

 2 Links para la bibliografía Unidad 5   https://drive.google.com/drive/folders/1fFl4eZkp5OLyNMZZslu7sR1PMLY8p66z?usp=sharing https://drive....