miércoles, 29 de julio de 2020

Texto de Apoyo y TP Unidad 5 (colgar antes del 15/8)

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En esta unidad la bibliografía es libre, pueden seleccionar lo que quieran. 

Texto Apoyo  Unidad 5

En esta unidad se hace un repaso de los principales núcleos de estudios sobre diversos espacios sociales de clase con énfasis en el contexto latinoamericano y argentino.

La problemática del género en la estructura de clases.

El texto de G. Gomez Rojas, retoma  el tema de la unidad de análisis y la determinación de clase pero a la luz del papel de la mujer. El criterio de tomar el hogar o la determinación directa por la ocupación del jefe de hogar desconoce los cambios en la estructura de clases ocasionados por la participación económica de la mujer. La autopecepción de clase de mujeres y varones controlando por empleo del cónyugue y por factores adicionales al empleo: consumo, ingresos totales, horas trabajadas, muestra mayor autonomía de la mujer en su percepción de clase que la esperada por Goldthorpe en su metodología clásica de atribución automática al jefe de hogar. Además la posición de la mujer también incide en la autopercepción del hombre. El peso de las condiciones materiales en la identidad de clase está tamizado por el género.

Las problemáticas contemporáneas de la clase obrera

Kabat y  Egan discuten el valor de conceptos como masa marginal, exclusión, informalidad urbana, economía informal, precariado, historia global del trabajo, nueva esclavitud, etc. Insisten con la unicidad de la clase obrera de acuerdo a los criterios del marxismo para analizar la explotación de la fuerza de trabajo y sus diferenciaciones internas. El análisis de clases sigue pivotando sobre las contradicciones de Capital y Trabajo frente a las nociones laclausianas de pueblo y movimiento y frente a la inclinación a captar la heterogeneidad a través de  nociones como “sectores populares” o “marginalidad”, “exclusión”, “precariado”, etc.
Con más flexibilidad Veronica Maceira aborda de manera amplia la literatura sobre los procesos de diferenciación interna de la clase obrera: marginalidad, exclusión, precarización, informalidad, aristocratización, segmentación del mercado de trabajo, infraclases, desocupación permanente, sobrecalificación, etc. muestran el complejo panorama de la “subalternidad” o del ancho mundo de la opresión y la explotación con lógicas disimiles a las de los asalariados en términos de aspiraciones o demandas. Los sectores populares vulnerables demandan simultáneamente “por debajo y por arriba” de los trabajadores “integrados”: van de los alimentos o la subsistencia y la infraestructura urbana elemental a la politización inmediata de las demandas y la interpelación al estado y los poderes públicos.
Es particularmente importante el análisis empírico que ofrece de  las formas de conciencia: las diferencias entre ocupados y desocupados en términos de percepción del antagonismo social y las inclinaciones solidarias entre unos y otros, las diferencias generacionales, las preferencias por la acción colectiva, la percepción individual o social de la imputación causal de la situación de desventaja o injusticia, etc. También son muy interesantes la exploración de las identidades peronistas y sus transformaciones, el “peronismo de los humildes”, el peronismo “de derechos”, el debilitamiento de la identidad del peronismo sindical entre los jóvenes ocupados de familias peronistas. 
La investigación de P. Varela sobre el conflicto fabril de FATE en zona Norte, y la discusión sobre una nueva generación de activismo sindical, su relación con el territorio y la formación de nuevas formas de conciencia condensadas en la noción de “dignidad” obrera en un contexto como el del gobierno posneoliberal del kirchnerismo. La figura del militante sindical de planta que lucha “por los propios derechos”, y la idea de ciudadanía fabril, la relación del locus de la fábrica con la política y el territorio son puntos muy importantes a tener en cuenta en cualquier análisis actualizado de la “condición obrera”.

La marginalidad y la exclusión.

Svampa señala la persistencia de la problemática de la marginalidad como central en los debates latinoamericanos: funge como el corazón de la subalternidad urbano popular, y la cara más visible de la modernización perversa y trunca. Se enfatiza bien la dualidad en el tratamiento del tema: el carácter de nuevas formas de reciprocidad y solidaridad comunal con posibilidades de generar ingresos e intercambio alternativos al mercado (economía social, popular, alternativa de base comunal) o bien el carácter residual, de hiperexplotación, de informalidad urbana, y la llamada “nueva cuestión social” en el capitalismo globalizado: acumulación flexible, posfordismo y terciarización temprana y ajuste neoliberal. Todo muy teñido por la problemática francesa de la exclusión (Castels, Rosanvallon): vulnerabilización, desasalarización, desafiliación, zonas de integración, de desafiliación sin densidad relacional y zonas de vulnerabilidad con o sin soportes laborales y sociales. La tesis del polo marginal en la Argentina que retoma los trabajos de Aníbal Quijano en los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina que ve una consolidación de dos o mas generaciones sin oportunidades de movilidad a pesar de las políticas redistributivas del kirchnerismo.

El carácter protagonista activo del sector “marginal” en A. Latina contrasta con los análisis en Francia. Fuerte territorialización de la organización y capacidad de acción colectiva desde los años 80 incluso con reclamos por  tierra urbana e infraestructura. En los 90 vienen los piquetes y la autorganización de proyectos comunitarios. La extensión de las transferencias condicionadas y planes sociales con el 19% de la población latinoamericana, muestran una dependencia del Estado altísima. Así los análisis tienden a verlos como “Laboratorios o fábricas de economías alternativas y sociabilidad solidaria” o “pobreza estructural y subalternidad cautiva del Estado”.
Maneiro aborda el tema de la identidad y la experiencia de clase de los grupos de desocupados en barrios de clases populares en el marco de los años 90 de crisis social y neoliberalismo. La persistencia de la nominación “trabajadores” que los reinscribe en la memoria de clase y el peronismo, y sus posicionamientos en términos de ciudadanía y justicia que enarbola la “dignidad” como aptos para contribuir a la vida social. Sin embargo, también está activa la identidad de “Piqueteros” en la medida que se atribuyen ser capaces de desafío y de imprimir su protagonismo además de politizar su accionar en la arena pública.

La estructura de clases en los últimos años de posneoliberalismo.

Svampa describe la sociedad excluyente instaurada en los años 90 y la desregulación y financierización: la privatización de la vida cotidiana, la ostentosa vida pública de las elites que dejan su invisibilidad de lado, la reproducción de ámbitos de socialización escindidos, las urbanizaciones privadas y los colegios exclusivos para formar clases dirigentes, el estilo kitsch, el apoyo al peronismo menemista, la americanización de la cultura empresarial, la extranjerización, etc. También es un dato importante la polarización interna de clases medias entre ganadores y perdedores. La pérdida de homogeneidad de las clases medias es un dato muy importante a tener en cuenta que las debilita como actor cultural y político.  
Benza muestra las tendencias de la estructura social de la década ganada: expansión de posiciones intermedias de profesionales, técnicos y administrativos y sobre todo de trabajadores manuales calificados, a expensas en parte de las clases superiores y de las populares no calificadas o marginales. La caída de planes sociales merced a la expansión del empleo formal, el acercamiento de segmentos más altos de clases populares a clases medias, y la mejora en los ingresos y consumo, así como en la módica mejora en los indicadores de equidad o de distancia interclases, son los rasgos que deja la década posneoliberal. Se reduce la movilidad espuria (es decir ascenso ocupacional sin correlato de mejoras en ingresos y condiciones de vida) que había caracterizado la década de los noventa con ascenso ocupacional pero deterioro de nivel de consumo e ingresos para segmentos populares y de clases medias. No obstante, otro rasgo de la década posneoliberal es que se amplía las distancias dentro de las clases populares: mejoran más los trabajadores formales calificados que el resto de las clases populares. El papel del poder reivindicativo sindical y de la negociación paritaria salarial es clave en este punto.

La cuestión indígena-indiana a la luz del análisis de clases.

Las revueltas indígena campesinas en las primeras 3 decadas del S. XX que asolaron Mexico, Chile, Colombia y centroamerica sumados a la influencia del marxismo indigenista social de Mariátegui en Perú  y de Tristán Marof en Bolivia (ambos estimulados por el interés de Marx por la comuna rural rusa), posicionaron la cuestión del Indio como central en el pensamiento social latinoamericano. El primer reflejo fue desplazar el problema hacia la cuestión de la tierra y el gamonalismo o el latifundio y también a la cuestión de la necesidad de los estados independientes de operar una modernización en un marco de integración e identidad nacional. El peruano Manuel G. Prada señala tempranamente la opresión no de raza sino de expropiación y explotación. Mariategui apunta al socialismo desde un vanguardismo indígena que toma de base la comunidad agraria indígena para darle una dimensión mítica al proyecto socialista. La “asombrosa persistencia comunista” de estas comunidades  y su capacidad de resistencia al capitalismo es motivo de atracción teórica ya que provee una solución al problema de la clase obrera reducida y el atraso productivo con coexistencia feudal y comunitaria. La “Campesinización” como solución de integración nacional y modernización al mismo tiempo se ve nítida en la experiencia de la reforma agraria en Perú de  V. Alvarado y el relativo fracaso de su intento de cooperativas bajo dirección estatal. La instauración del “dia del campesino” muestra el intento de recrear una identidad agraria-andina campesina que se ve como una revalorización frente a la devaluada identidad indígena ancestral. En Argentina se observa lo nacional popular  del peronismo y sus ambigüedades: integración socioeconómica y ciudadana pero rechazo a la identidad y las marcas culturales disonantes de la modernidad. Históricamente en la argentina lo mestizo se contrapone  a lo europeo y lo indígena queda como exterioridad total o “periferia de periferia”. La Evita indígena del escultor Vitullo ocultada en París es el ejemplo de las ambivalencias del peronismo.

El extraordinario sociólogo marxista boliviano Zavaleta Mercado plantea con sencillez y maestría la necesaria articulación entre la lucha de clases y la cuestión nacional. La nación, la lucha por la nación, está atravesada por la cuestión de las clases “nacionales” enfrentadas a las clases oligárquicas extranjerizantes. El campesinado, el proletariado minero y las capas medias e intelectuales tienen sus propias contradicciones pero no pueden defender sus intereses sin enfrentar al imperio encarnado en mineros y latifundistas y tomando a su cargo la tarea de unificar un estado nación moderno. El papel central del proletariado minero,  las fragmentaciones de campesinos y las confusiones y oscilaciones de las capas medias en este proceso son  una forma de describir la dinámica de las “clases nacionales”.

Diaz Polanco descarta que el problema nacional pudiera ser interpretado como un asunto transitorio y, en tal sentido, secundario para el análisis de clases. Describe tres posiciones teóricas erradas al respecto: “sustitucionista” de la etnia por la clase basada en la falta de significado hitórico y económico de la raza ante procesos como la expansión del capitalismo; “purista” de etnicidad separada de la cuestión material de las clases; “evolucionista” de paso de la etnia y la servidumbre a la clase y el proletariado urbano y rural.
Propone en cambio diferenciar “etnicidad” (dimensión universal a todos los grupos humanos) de los grupos étnicos: la etnicidad es un nivel del análisis de constitución histórica de clase insoslayable aquí y en Europa o EEUU. Aclara que las identidades étnicas mismas también están sometidas a la dinámica de las luchas clasistas y la evolución histórica, ya que no son primordiales o sustancias inmutables.

Quizás la gran contribución de este autor es que la base de la pretensión de crear un estado nacional propio es la comunidad de la etnicidad que contiene las contradicciones clasistas. La nación puede articularse a partir de la etnicidad, la lengua y la cultura compartida. Es la base de unificación para la autodeterminación en una nación que contiene los antagonismos de clase en pos de un espacio común de expansión de los intereses particulares de las mismas. La “regionalización” supone que las etnias en su movimiento crean su propio espacio de acción desbordando fronteras prestablecidas.
Quijano y la colonialidad del poder  es un texto clásico. El régimen del control de trabajo en nuestra A. Latina está racializado en la colonia. El indio se lo ve como indigno de salario y por ello se le concede la responsabilidad de su propia reproducción lo que le permite cierta persistencia comunitaria y autonomía. No hubo feudalismo sino explotación sin paga en la encomienda y a través de los impuestos.

Las burguesías dependientes.

Svampa retoma los debates sobre el capitalismo colonial y la dependencia, el desarrollo asociado, la burguesía nacional o las burguesías locales. El análisis de los estudios latinoamericanos muestran que capitalismo no era sinónimo de modernización: la servidumbre y la esclavitud no tenían nada de feudales y todo de capitalistas: la acumulación en torno a la producción de  exportables baratos y en torno a los mercados internos que se le asociaban necesariamente, no liberaba la fuerza de trabajo sino al contrario. Así se generalizan los diagnósticos de un raquitismo de capitalismo moderno como realidad inacabada y perpetua promesa. Se observan la ausencia de unidad orgánica de clases dominantes: siempre termina en la imposición del sector de enclave bajo control imperial. “Capitulacionismo” burgués y “lumpenburguesía”  solo capaz de un “lumpendesarrollo” se multiplican en los textos. El desarrollo “asociado” junto con la necesidad de control del aparato estatal y los diversos “estilos de desarrollo” muestran que sin embargo la burguesía local está lejos de ser un mero apéndice de los intereses multinacionales.

TRABAJO PRÁCTICO

1) De acuerdo a su tema de trabajo seleccione al menos una cuestión de corte extraclasista (género, etnicidad, edad) e intente enriquecer el análisis.

2) Intente introducir la cuestión de la heterogeneidad y la fragmentación de las clases populares o medias en su tema.   

6 comentarios:

  1. 1) De acuerdo a su tema de trabajo seleccione al menos una cuestión de corte extraclasista (género, etnicidad, edad) e intente enriquecer el análisis.

    En casi todos los fenómenos de resistencias con discursos explícitos, radicales, permanentes, capaces de generar experiencias sociales nuevas, están las mujeres en el centro de la escena. En el caso de Famatina, son mujeres que están en los territorios amenazados por las actividades extractivas en expansión. No es posible reflexionar acerca de las acciones de resistencias contra la megaminería a cielo abierto sin rememorar nombres y rostros de mujeres, no sólo dando cuenta en el espacio público del atropello a los territorios sino acostadas en las rutas impidiendo el paso a las camionetas mineras, acudiendo al llamado de las campanas de la iglesia de Famatina en situaciones de peligro o preparando la información científica para conocer las consecuencias de la contaminación con cianuro y ganar los plebiscitos. Muchas de ellas son mujeres que salieron de los órdenes domésticos y están en el centro de la acción colectiva (Giarraca y Hadad, 2009).
    La articulación de la política feminista y la de otros movimientos sociales, una articulación en cierta medida contingente de elementos heterogéneos, de demandas diversas como las que constituyen la multiplicidad de los movimientos, que incluye a las mujeres de Famatina organizadas y con un espacio propio dentro de las Asambleas, se produce una cadena de equivalencias referidas a la dominación y a la opresión que posibilitan una identidad política heterogénea, por supuesto con sus particularidades, y hasta contradicciones , que pueden conformar un pueblo. La idea de pueblo, para la teoría de la hegemonía, es un actor histórico potencial, una construcción que constituye agentes sociales y que constituye una relación real entre agentes sociales (Di Marco, 2010).
    La cadena de reclamos que es posible identificar en las mujeres de Famatina organizadas se refieren a una particular percepción de las múltiples formas de dominación experimentadas por el ser mujeres. Dentro de la construcción el grupo como clase en la lucha, en la expresión del antagonismo con la clase dominante transnacional, las mujeres también “rompen la cuenta” como explica Ranciére dentro del mismo grupo, definiendo una identidad marcada por la dominación patriarcal que se articula con las demandas por el territorio, la soberanía y el trabajo.
    El género es un factor a tener en cuenta en el análisis del conflicto de Famatina ya que las mujeres han constituido un espacio y formas particulares de lucha, que tienen que (CONTINÚA)

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  2. ver con sus propias condiciones objetivas de existencia, ligadas a una estructura de clases y a una posición subordinada en el interior de esa clase. Las dominaciones clasista y de género se articulan necesariamente por darse en una sociedad clasista construida sobre la dominación patriarcal.

    2) Intente introducir la cuestión de la heterogeneidad y la fragmentación de las clases populares o medias en su tema.
    En Argentina, es común la percepción de que los momentos dulces de la economía vienen siempre seguidos de nuevas crisis, como sucedió con el derrumbe de la convertibilidad. Estas expectativas negativas se incrementan cuando es mayor es la percepción de un manejo heterodoxo de la economía que se entiende pueda conducir a una nueva crisis (Paramio, 2010).
    Para analizar la conformación de las clases medias en lucha en Famatina, es necesario recordar que la conformación y transformación de las clases sociales en América Latina estuvo fuertemente ligada a un serie de procesos de relevancia: pervivencia de sistemas políticos oligárquicos presentes en estas sociedades en las primeras décadas del siglo XX, a las particularidades que fue adoptando la estructura social agraria en relación con la inserción de estas economías en el comercio internacional como proveedoras de materias primas, entre otras cuestiones centrales.
    Es posible describir la presencia en los países de la región de figuras de clase que demuestran el carácter asimétrico, conflictivo y contradictorio en el desarrollo de un capitalismo dependiente, periférico y subdesarrollado que se inserta en una lógica de sistema económico y político del capitalismo como modalidad hegemónica de acumulación (Wyczykier, 2017).
    La megaminería no encontró legitimidad en La Rioja porque diversos grupos coincidieron en la defensa del territorio y de los estilos de vida presentes en el mismo. Es difícil poder realizar un corte en la estructura social y hablar de clases medias. Es un largo debate académico que no termina de resolverse, porque implica definir a las clases medias por lo que sí son y no por su lugar entre dos clases bien definidas.
    Creo que es posible hablar de clases medias en el conflicto de Famatina porque son clases que particpaban de forma anterior a las luchas de alguna forma en el campo de poder. Si se observan las ocupaciones de las personas participantes se nota la fuerte presencia de empleados públicos, docentes, pequeños productores agropecuarios. Creo (CONTINÚA)

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  3. que es insuficiente la ocupación como criterio definitorio de pertenencia a una clase, ya que las clases se conforman en la lucha y no previamente. Las características compartidas solamente sirven para definir grupos, un ejercicio taxonómico.
    Gino Germani presentó una definición de clase media como categoría científica para el caso argentino. En el primer trabajo que dedicó a la cuestión, de 1942, justificó con una amplia y aguda discusión teórica la necesidad de fundar la observación de las clases sociales en firmes criterios empíricos. Para él, afirmar la existencia de una clase dependía de la demostración no solo de que un conjunto de personas tenía algo en común, sino también de que poseía una unidad interna visible en contenidos de conciencia que, a su vez, darían lugar a conductas observables. Así, la clase, para Germani, es más y otra cosa que la categoría ocupacional: es un tipo de existencia que incluye elementos objetivos y subjetivos (Adamovsky, 2017).

    Bibliografía
    • Adamovsky, E. (2017). «Clase media»: reflexiones sobre los (malos) usos académicos de una categoría. En: revista Nueva Sociedad No 247, septiembre-octubre de 2013, ISSN: 0251-3552
    • Di Marco, G. (2010). Los movimientos de mujeres en la Argentina y la emergencia del pueblo feminista en La Aljaba, Volumen XIV, 2010, CEDEHU pp. 51-67.
    • Giarraca, N. y Hadad, G. (2009). Disputas manifiestas y latentes en La Rioja minera. En Svampa, M y Antonelli, M. (eds.) Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales. Buenos Aires: Biblos.
    • Paramio, L. (2010). Economía y política de las clases medias en América Latina. En: la revista Nueva Sociedad No 229, septiembre-octubre de 2010, ISSN: 0251-3552, .
    • Wyczykier, G. (2017). La problemática del desarrollo, las clases sociales y la burguesía en América Latina: reflexiones conceptuales. En: Núcleo Básico de Revistas Científicas Argentinas. N°29 Santiago del Estero.

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    1. El papel de la mujer en las luchas ambientales y la lectura de que condensan diversas opresiones o en la terminologìa laclausiana que adopta Di Marco como cadena equivalencial, no llega a ser del todo convincente y me parece que tiene un cierto esencialismo. Habría que ver en què medida por ejemplo en Famatina hay pregnancia feminista entre las mismas mujeres, o al menos algo de conciencia sobre el patriarcado. Estimo que se puede preguntar si las mismas mujeres que participaron en las luchas contra la minería acuerdan con la ILE o tienen una imagen positiva de las feministas o acuerdan con la educación sexual integral en las escuelas. Incluso habría que preguntarse què papel le caben a las creencias religiosas que también están feminizadas en muchos lugares como en La Rioja. Hay que tener en cuenta, no hay que descartar, la conjetura de que las luchas contra la minería también son para conservar "estilos de vida" pueblerinos que incluyen la legitimación de múltiples opresiones. Da para debatir.

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  4. Pregunta 1. A partir del tema-eje elegido, sobre el conflicto de clases en la economía de plataformas, Maceira (2010) nos permite recuperar una propiedad extraclasista que emerge entre los trabajadores de la virtualidad en Argentina: la edad. La autora señala que la heterogeneidad en las orientaciones de clase condiciona los grados y alcances de la solidaridad que el marxismo supone entre los obreros. Esto implica que la clase para sí, es decir, la concientización de la propia posición en el sistema de relaciones sociales de producción, si bien abre el conocimiento de las contradicciones inherentes, no garantiza un posicionamiento ni una actividad idénticos en todos los sujetos. Vale decir, las formas de la conciencia de clase proyectan a la identidad social las contradicciones sistémicas que le dan origen. Lo que Gramsci consideraba un “sentido instintivo de autonomía” añade, a las clases y sus fracciones, una historicidad que moldea la identidad colectiva por los desarrollos intergeneracionales. El resultado es, según aparece en la investigación cualitativa de Maceira, que la edad puede fungir como variable condicionante en las formas de conciencia. Uno de los efectos de la influencia etaria en el posicionamiento clasista es que en los grupos intermedios, en este caso de hasta 45 años, se descree de la relación positiva entre agremiación y situación colectiva, se confía en formas de reclamo atomizadas y carentes de articulación programática. Esto se debe, en parte, a una concepción jerárquica, pero no conflictiva, de la sociedad capitalista, donde la explotación es, a lo sumo, una situación de inequidad cuya superación puede alcanzarse por los canales establecidos (naturalizados como tales). En los grupos más jóvenes, en cambio, se recupera la creencia en la lucha organizada, pero sólo en primer grado, por caso la sindicalización de base. Esto refleja, a su vez, una percepción conflictiva de la desigualdad, en términos de explotación e injusticia, debido (no pese) a las relaciones sociales de producción. Cabe aclarar, tal percepción parece responder a una lectura desencantada (crudamente realista) de la propia coyuntura, más que a una formación intelectual específica. Igual lectura encontramos en los reclamos de los mensajeros y repartidores de la economía de plataformas en AMBA, de idéntico perfil etario, el pasado Julio. Se asigna utilidad al reclamo colectivo al tiempo que se rechaza la burocracia sindical, asociada, por propia experiencia, a conductas corporativistas que anteponen la negociación política y la reivindicación económica a la defensa del obrero como tal. Es que, precisamente en la economía virtual, la condición de trabajador puede llegar a reivindicarse más allá de la remuneración y la protección social.

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  5. Pregunta 2. Kabat y Egan (2017) polemizan con lo que consideran definiciones alternativas, pero erradas, a la clase obrera, recuperando su conceptualización marxista. Masa marginal, sectores populares y precariado, entre otros, se les presentan como rótulos que clasifican a estratos proletarios deliberadamente redefinidos, para construir tales clases, como no-obreros. Denuncian un reduccionismo, basado en un déficit definitorio o una tergiversación cognoscitiva, de la clase obrera propiamente dicha. Jóvenes, migrantes, mujeres, campesinos, trabajadores precarios, etc., son miembros arbitrariamente amputados del proletariado. Lo cual estorba la unidad de lucha (y su comprensión) en la sociedad capitalista. Es importante, en relación con el tema-eje del trabajo final, su crítica a la noción institucional (OIT, 1972-2002) de “informalidad”, que evolucionara de abarcar a los trabajadores pobres del capitalismo periférico, que, por el grado de bienestar alcanzado por la clase obrera occidental en los ‘70, fueron disociados de ella, a incluir a los trabajadores formalmente amparados, por la legislación de cada país, pero empíricamente desprotegidos, en el contexto, incluso, de grandes empresas. Tal (des)clasificación habilitaría, luego, la interpretación neomarxista de que, aunque los trabajadores precarizados de Abya-Yala son funcionales a la rentabilidad capitalista, se desmarcan del proletariado. Lo que subyace es la asociación exclusiva de la clase obrera al asalariado típico de la época del Bienestar occidental, procedimiento que silencia la mayor parte de la historia del trabajo en el capitalismo. Por otra parte, la noción institucional de “precariedad” (OIT, 2011) focaliza en formas de empleo que suponen 1. el traslado de riesgos y responsabilidades a los trabajadores; 2. una cobertura legal diferencial (discriminatoria) y niveles fluctuantes de incertidumbre respecto de la situación laboral; 3. una ambigüedad respecto de la figura del empleador; y 4. un acceso limitado o nulo de los trabajadores a los derechos sindicales.

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Texto de apoyo Unidad V- Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas

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