viernes, 31 de julio de 2020

Material de apoyo. Díaz Polanco: Etnia, clase y cuestión nacional.

Material de apoyo Unidad V-Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas. Díaz Polanco: Etnia, clase y cuestión nacional.

 

Una de las cuestiones centrales para el análisis de las sociedades latinoamericanas es la relación entre etnia y clase. Justamente en México es uno de los países latinoamericanos donde esta cuestión se hace más evidente. México es el país latinoamericano con mayor población, según datos del Banco Mundial para 2019 alcanzaban a 27,5 millones de personas representando al 20% de la población total del país. Asimismo este país ha pasado por un proceso revolucionario con una fuerte participación popular en 1910.

El Estado nacional mexicano tras la revolución de 1910 fue adquiriendo una matriz indigenista, lo que llevó a incorporar a los pueblos indios como parte de su historia, primeros habitantes y fundadores de la nación. Pero a pesar de esta valoración y de haber participado en la revolución, los pueblos originarios quedaron marginados de las estructuras gubernamentales. Se tenía una visión sobre ellos como sujetos de asistencia pública hasta que superaran su “estado de atraso”. De esta manera, se los anulaba como sujetos capaces de emprender su propio camino. Aunque este no fue el único trato recibido, ya que el tipo de democracia establecida por el partido político mexicano más duradero en el poder, el Partido Revolucionario Institucional, implicó un continuo proceso de integración y exclusión de todos los disidentes del régimen en general. Por ello, la integración de las distintas etnias se produjo bajo la particularidad de los cacicazgos, continuando el modelo colonial de integración-resitencia.

Por ello, Díaz Polanco señala que históricamente se pensaba que como consecuencia de desarrollo, de las unificaciones nacionales, las diferencias étnicas y nacionales tenderían gradualmente a desaparecer produciéndose una mayor homogeneización. Desde el punto de vista conservador se señalaba que los pueblos que mostraban rasgos diferentes y particulares se encontraban en fases atrasadas y que estas diferencias iban a ir desapareciendo gracias al progreso. En cambio, desde el marxismo se pensaba que las particularidades de las minorías nacionales regionales o étnicas serían absorbidas por los grandes conjuntos nacionales que se constituían en Estados, haciéndolas también desaparecer. De la misma manera los propios contrastes nacionales tendían a desaparecer con el desarrollo del capitalismo y que la toma del poder por el proletariado enfatizaría esta situación aún más.

Pero, la historia ha demostrado la falencia de estas teorías, muchos de estos pueblos considerados prácticamente como ruinas han mostrado una vitalidad imprevista, incluso de carácter revolucionario. Esto puede verse tanto en la rebelión zapatista que ha conformado una organización política autónoma del Estado de México, en una región de tamaño similar a Bélgica. Como en las rebeliones de principios de siglo XXI en Bolivia (primera y segunda guerra del agua, guerra del gas) que de alguna manera fue el antecedente para que por primera vez en la historia latinoamericana un indígena llegara a presidente.

Claramente la cuestión étnica es fundamental, aunque nos encontramos von cuatro enfoques fundamentales:

1.       Aquel que no reconoce lo étnico como un fenómeno relevante desde el punto de vista social o político. Propone el análisis y la acción basados exclusivamente desde la perspectiva de las clases sociales. El resultado es una sustitución de la etnia por la clase.

2.       Es una inversión del anterior. Se sostiene que el fenómeno étnico no solo es irreductible a la problemática clasista, sino que además el análisis de clase es irrelevante para el entendimiento del primero. Tal punto de vista se sustenta en la tesis que el fenómeno étnico es independiente de la estructura de clases de la sociedad. Es decir, lo étnico es una esfera específica y particular de la sociedad que no es impactada por la dinámica estructural, además de que lo étnico es anterior a la aparición de las clases.

3.       Se postula que se tratan de fenómenos distintos, pero que si se atraviesan procesos adecuados unos tienen que transformarse en el otro: lo étnico debe evolucionar hacia lo clasista; y lo clasista prefigura aquello en lo que debería convertirse lo étnico. Este enfoque corresponde a la visión burguesa que observa al fenómeno étnico como una fase en el curso del desarrollo capitalista que será finalmente superada. En una versión más elaborada de la misma tesitura a este proceso se le llamará “integración”, pasando estos grupos de esta manera a formar parte de la “nación”. Lo básico de la integración radicará en que los indígenas se convertirán en proletarios, es decir, venderán su fuerza de trabajo por un salario.

4.       Se comienza postulando que etnia y clase “no son del mismo orden”, por tratarse de uno se debe esperar, como plantea el indigenismo que de la condición étnica se pasará directamente a la clase, pues sencillamente lo étnico no es una etapa provisoria. Se desea enfatizar de esta manera las especificidades de lo étnico, apoyándose en una postura antirreduccionista. Pero esta postura al mantener los dos órdenes separados termina por desvincular el fenómeno étnico de la estructura socioeconómica en la que se inserta y se hace independiente de la conformación clasista de la sociedad. Otra vez nos volvemos a encontrar con la bipolaridad  sin solución para la problemática básica, la cuestión de su relación histórico-cultural.

Por esto es necesario definir la especificidad del fenómeno étnico. Y en este sentido lo étnico no es más que las muy variables formas en que se articulan y estructuran concretamente los elementos de orden sociocultural. Por ello, de acuerdo a esta definición no se debe atribuir la cualidad étnica exclusivamente a ciertos grupos o conjuntos sociales. Todo grupo social constituido posee su etnicidad propia. O dicho de otra manera, la etnicidad debe ser considerada como una dimensión de las clases, o como un nivel de las mismas. Toda clase o grupo social posee una dimensión étnica propia.

Los distintos componentes o dimensiones que configuran la naturaleza de las clases sociales permiten desarrollar formas de identidad y solidaridad en diferentes escalas. Estas formas de identidad social son muy variables, pueden desarrollarse a partir de componentes étnicos. En el momento que esto sucede y sus condiciones de ocurrencia dependen de factores históricos concretos estamos justamente ante una etnia o un grupo étnico. Este se caracteriza por ser un grupo social que ha desarrollado una fuerte solidaridad o identidad social a partir de los componentes étnicos. En base a esa identidad puede definirse como tal y además establecer la diferencia o el contraste respecto a otros grupos.

La étnica es el grupo social que ha desarrollado formas de identidad enfatizando los componentes étnicos. Por ello, lo étnico no es un elemento extraño al clasista y los grupos étnicos no pierden por ser tales su carácter y raíz de clase.

Señala Díaz Polanco que es justamente porque la etnicidad no es realmente ajena a las clases y porque los grupos étnicos no dejan de vincularse en la estructura de la sociedad que el adecuado conocimiento histórico del fenómeno étnico en las sociedades complejas debe adoptar como punto de partida analítico la composición clasista de la formación concreta de que se trate.

Si comprendemos a la etnicidad como una dimensión de las clases, es posible determinar que podría haber diferentes formas étnicas particulares dentro de una misma clase social. Y estas dimensiones étnicas pueden ser útiles para la caracterización de ciertos subconjuntos clasistas. Este parece ser el caso de los grupos indígenas en América Latina, que conforman grupos étnicos particulares, aunque sean parte de la clase social que podríamos denominar campesinado.

También es posible que la misma configuración étnica sirva de cúpula a varias clases sociales articuladas, una estructura clasista en una formación social concreta. Estaríamos en presencia entonces de una nacionalidad, por lo tanto, la etnicidad puede ser el sustento tanto de las etnias como de las nacionalidades; pero es importante distinguirlas, pues se trata de entidades distintas. La nacionalidad constituye una formación clasista que desarrolla una identidad propia sobre la base de componentes étnicos y que tiende a definir un proyecto de autodeterminación, precisamente porque se encuentra integrada en un espacio estatal que no acepta como propio, su tendencia en cuanto movimiento nacional es crear un Estado-Nación distinto. Por ello aparece una entidad oprimida lo que fortalece la solidaridad nacional y favorece a los movimientos orientados a realizar el proyecto de autodeterminación. Se puede tomar como ejemplo de esto el Movimiento Katarista en Bolivia que lideraba Felipe Quispe, éste movimiento recuperaba las luchas de Tupac Katari y Zárate Willka, pero no como constitucionalistas, ni reformadores del Estado colonial, sino como luchadores que planteaban que la única manera de conseguir la liberación indígena es reconstituyendo la sociedad de antes de la colonia. Esta posición diagnosticaba la existencia de dos bolivias: una criolla-mestiza, que es precisamente la nación dominante, la que expresa la cultura legítima de las elites; otra indígena mayoritaria, despojada de poder, despojada de los recursos y sometida a la exclusión. Esta posición se conoce como “autodeterminista”, porque plantea el derecho a la plena autodeterminación de las naciones indígenas.

Para finalizar con Díaz Polanco, es importante recordar los prejuicios de los que debemos desembarazarnos a la hora de analizar las luchas de los grupos étnicos:

·         Exigir a los grupos oprimidos que adopten el proyecto proletario como requisito previo para recibir el apoyo revolucionario, terminan por alejarlo de éste.

·         La viabilidad de los movimientos dependerá del grado de la misma lucha que realicen los pueblos.

·         Las cuestiones étnicas y nacionales no pueden ser aplazadas hasta la consecución del socialismo. Debe realizarse de inmediato con el apoyo del movimiento revolucionario.


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