Texto Apoyo
Unidad 5
En esta unidad se hace un repaso de los
principales núcleos de estudios sobre diversos espacios sociales de clase con
énfasis en el contexto latinoamericano y argentino.
La problemática del género en la estructura
de clases.
El texto de G. Gomez Rojas, retoma el tema de la unidad de análisis y la
determinación de clase pero a la luz del papel de la mujer. El criterio de
tomar el hogar o la determinación directa por la ocupación del jefe de hogar
desconoce los cambios en la estructura de clases ocasionados por la
participación económica de la mujer. La autopecepción de clase de mujeres y
varones controlando por empleo del cónyugue y por factores adicionales al
empleo: consumo, ingresos totales, horas trabajadas, muestra mayor autonomía de
la mujer en su percepción de clase que la esperada por Goldthorpe en su
metodología clásica de atribución automática al jefe de hogar. Además la
posición de la mujer también incide en la autopercepción del hombre. El peso de
las condiciones materiales en la identidad de clase está tamizado por el
género.
Las problemáticas contemporáneas de la
clase obrera
Kabat y Egan discuten el valor de conceptos como masa
marginal, exclusión, informalidad urbana, economía informal, precariado,
historia global del trabajo, nueva esclavitud, etc. Insisten con la unicidad de
la clase obrera de acuerdo a los criterios del marxismo para analizar la
explotación de la fuerza de trabajo y sus diferenciaciones internas. El
análisis de clases sigue pivotando sobre las contradicciones de Capital y
Trabajo frente a las nociones laclausianas de pueblo y movimiento y frente a la
inclinación a captar la heterogeneidad a través de nociones como “sectores populares” o “marginalidad”,
“exclusión”, “precariado”, etc.
Con más flexibilidad Veronica
Maceira aborda de manera amplia la literatura sobre los procesos de
diferenciación interna de la clase obrera: marginalidad, exclusión,
precarización, informalidad, aristocratización, segmentación del mercado de
trabajo, infraclases, desocupación permanente, sobrecalificación, etc. muestran
el complejo panorama de la “subalternidad” o del ancho mundo de la opresión y
la explotación con lógicas disimiles a las de los
asalariados en términos de aspiraciones o demandas. Los sectores populares
vulnerables demandan simultáneamente “por debajo y por arriba” de los trabajadores
“integrados”: van de los alimentos o la subsistencia y la infraestructura
urbana elemental a la politización inmediata de las demandas y la interpelación
al estado y los poderes públicos.
Es particularmente importante
el análisis empírico que ofrece de las
formas de conciencia: las diferencias entre ocupados y desocupados en términos
de percepción del antagonismo social y las inclinaciones solidarias entre unos
y otros, las diferencias generacionales, las preferencias por la acción
colectiva, la percepción individual o social de la imputación causal de la
situación de desventaja o injusticia, etc. También son muy interesantes la
exploración de las identidades peronistas y sus transformaciones, el “peronismo
de los humildes”, el peronismo “de derechos”, el debilitamiento de la identidad
del peronismo sindical entre los jóvenes ocupados de familias peronistas.
La investigación de P. Varela sobre el conflicto
fabril de FATE en zona Norte, y la discusión sobre una nueva generación de
activismo sindical, su relación con el territorio y la formación de nuevas
formas de conciencia condensadas en la noción de “dignidad” obrera en un
contexto como el del gobierno posneoliberal del kirchnerismo. La figura del militante
sindical de planta que lucha “por los propios derechos”, y la idea de ciudadanía
fabril, la relación del locus de la fábrica con la política y el territorio son
puntos muy importantes a tener en cuenta en cualquier análisis actualizado de
la “condición obrera”.
La marginalidad y la exclusión.
Svampa señala la persistencia de la
problemática de la marginalidad como central en los debates latinoamericanos: funge
como el corazón de la subalternidad urbano popular, y la cara más visible de la
modernización perversa y trunca. Se enfatiza bien la dualidad en el tratamiento
del tema: el carácter de nuevas formas de reciprocidad y solidaridad comunal con
posibilidades de generar ingresos e intercambio alternativos al mercado
(economía social, popular, alternativa de base comunal) o bien el carácter
residual, de hiperexplotación, de informalidad urbana, y la llamada “nueva
cuestión social” en el capitalismo globalizado: acumulación flexible,
posfordismo y terciarización temprana y ajuste neoliberal. Todo muy teñido por
la problemática francesa de la exclusión (Castels, Rosanvallon): vulnerabilización,
desasalarización, desafiliación, zonas de integración, de desafiliación sin densidad
relacional y zonas de vulnerabilidad con o sin soportes laborales y sociales.
La tesis del polo marginal en la Argentina que retoma los trabajos de Aníbal
Quijano en los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina que ve
una consolidación de dos o mas generaciones sin oportunidades de movilidad a
pesar de las políticas redistributivas del kirchnerismo.
El carácter protagonista activo del sector “marginal”
en A. Latina contrasta con los análisis en Francia. Fuerte territorialización de
la organización y capacidad de acción colectiva desde los años 80 incluso con
reclamos por tierra urbana e infraestructura.
En los 90 vienen los piquetes y la autorganización de proyectos comunitarios. La
extensión de las transferencias condicionadas y planes sociales con el 19% de
la población latinoamericana, muestran una dependencia del Estado altísima. Así
los análisis tienden a verlos como “Laboratorios o fábricas de economías alternativas
y sociabilidad solidaria” o “pobreza estructural y subalternidad cautiva del
Estado”.
Maneiro aborda el tema de la identidad y la
experiencia de clase de los grupos de desocupados en barrios de clases
populares en el marco de los años 90 de crisis social y neoliberalismo. La persistencia
de la nominación “trabajadores” que los reinscribe en la memoria de clase y el
peronismo, y sus posicionamientos en términos de ciudadanía y justicia que
enarbola la “dignidad” como aptos para contribuir a la vida social. Sin
embargo, también está activa la identidad de “Piqueteros” en la medida que se
atribuyen ser capaces de desafío y de imprimir su protagonismo además de
politizar su accionar en la arena pública.
La estructura de clases en los últimos años
de posneoliberalismo.
Svampa describe la sociedad excluyente
instaurada en los años 90 y la desregulación y financierización: la
privatización de la vida cotidiana, la ostentosa vida pública de las elites que
dejan su invisibilidad de lado, la reproducción de ámbitos de socialización
escindidos, las urbanizaciones privadas y los colegios exclusivos para formar
clases dirigentes, el estilo kitsch, el apoyo al peronismo menemista, la
americanización de la cultura empresarial, la extranjerización, etc. También es
un dato importante la polarización interna de clases medias entre ganadores y
perdedores. La pérdida de homogeneidad de las clases medias es un dato muy
importante a tener en cuenta que las debilita como actor cultural y político.
Benza muestra las tendencias de la
estructura social de la década ganada: expansión de posiciones intermedias de
profesionales, técnicos y administrativos y sobre todo de trabajadores manuales
calificados, a expensas en parte de las clases superiores y de las populares no
calificadas o marginales. La caída de planes sociales merced a la expansión del
empleo formal, el acercamiento de segmentos más altos de clases populares a
clases medias, y la mejora en los ingresos y consumo, así como en la módica
mejora en los indicadores de equidad o de distancia interclases, son los rasgos
que deja la década posneoliberal. Se reduce la movilidad espuria (es decir ascenso
ocupacional sin correlato de mejoras en ingresos y condiciones de vida) que
había caracterizado la década de los noventa con ascenso ocupacional pero
deterioro de nivel de consumo e ingresos para segmentos populares y de clases
medias. No obstante, otro rasgo de la década posneoliberal es que se amplía las
distancias dentro de las clases populares: mejoran más los trabajadores
formales calificados que el resto de las clases populares. El papel del poder
reivindicativo sindical y de la negociación paritaria salarial es clave en este
punto.
La cuestión indígena-indiana a la luz del
análisis de clases.
Las revueltas indígena campesinas en las
primeras 3 decadas del S. XX que asolaron Mexico, Chile, Colombia y
centroamerica sumados a la influencia del marxismo indigenista social de
Mariátegui en Perú y de Tristán Marof en
Bolivia (ambos estimulados por el interés de Marx por la comuna rural rusa),
posicionaron la cuestión del Indio como central en el pensamiento social
latinoamericano. El primer reflejo fue desplazar el problema hacia la cuestión de
la tierra y el gamonalismo o el latifundio y también a la cuestión de la
necesidad de los estados independientes de operar una modernización en un marco
de integración e identidad nacional. El peruano Manuel G. Prada señala
tempranamente la opresión no de raza sino de expropiación y explotación.
Mariategui apunta al socialismo desde un vanguardismo indígena que toma de base
la comunidad agraria indígena para darle una dimensión mítica al proyecto
socialista. La “asombrosa persistencia comunista” de estas comunidades y su capacidad de resistencia al capitalismo
es motivo de atracción teórica ya que provee una solución al problema de la
clase obrera reducida y el atraso productivo con coexistencia feudal y
comunitaria. La “Campesinización” como solución de integración nacional y
modernización al mismo tiempo se ve nítida en la experiencia de la reforma
agraria en Perú de V. Alvarado y el relativo
fracaso de su intento de cooperativas bajo dirección estatal. La instauración
del “dia del campesino” muestra el intento de recrear una identidad agraria-andina
campesina que se ve como una revalorización frente a la devaluada identidad indígena
ancestral. En Argentina se observa lo nacional popular del peronismo y sus ambigüedades: integración
socioeconómica y ciudadana pero rechazo a la identidad y las marcas culturales
disonantes de la modernidad. Históricamente en la argentina lo mestizo se
contrapone a lo europeo y lo indígena queda
como exterioridad total o “periferia de periferia”. La Evita indígena del
escultor Vitullo ocultada en París es el ejemplo de las ambivalencias del
peronismo.
El extraordinario sociólogo marxista
boliviano Zavaleta Mercado plantea con sencillez y maestría la necesaria
articulación entre la lucha de clases y la cuestión nacional. La nación, la
lucha por la nación, está atravesada por la cuestión de las clases “nacionales”
enfrentadas a las clases oligárquicas extranjerizantes. El campesinado, el
proletariado minero y las capas medias e intelectuales tienen sus propias
contradicciones pero no pueden defender sus intereses sin enfrentar al imperio encarnado
en mineros y latifundistas y tomando a su cargo la tarea de unificar un estado
nación moderno. El papel central del proletariado minero, las fragmentaciones de campesinos y las
confusiones y oscilaciones de las capas medias en este proceso son una forma de describir la dinámica de las “clases
nacionales”.
Diaz Polanco descarta que el problema
nacional pudiera ser interpretado como un asunto transitorio y, en tal sentido,
secundario para el análisis de clases. Describe tres posiciones teóricas erradas
al respecto: “sustitucionista” de la etnia por la clase basada en la falta de
significado hitórico y económico de la raza ante procesos como la expansión del
capitalismo; “purista” de etnicidad separada de la cuestión material de las
clases; “evolucionista” de paso de la etnia y la servidumbre a la clase y el
proletariado urbano y rural.
Propone en cambio diferenciar “etnicidad” (dimensión
universal a todos los grupos humanos) de los grupos étnicos: la etnicidad es un
nivel del análisis de constitución histórica de clase insoslayable aquí y en
Europa o EEUU. Aclara que las identidades étnicas mismas también están
sometidas a la dinámica de las luchas clasistas y la evolución histórica, ya
que no son primordiales o sustancias inmutables.
Quizás la gran contribución de este autor
es que la base de la pretensión de crear un estado nacional propio es la
comunidad de la etnicidad que contiene las contradicciones clasistas. La nación
puede articularse a partir de la etnicidad, la lengua y la cultura compartida.
Es la base de unificación para la autodeterminación en una nación que contiene
los antagonismos de clase en pos de un espacio común de expansión de los
intereses particulares de las mismas. La “regionalización” supone que las
etnias en su movimiento crean su propio espacio de acción desbordando fronteras
prestablecidas.
Quijano y la colonialidad del poder es un texto clásico. El régimen del control de
trabajo en nuestra A. Latina está racializado en la colonia. El indio se lo ve como
indigno de salario y por ello se le concede la responsabilidad de su propia reproducción
lo que le permite cierta persistencia comunitaria y autonomía. No hubo
feudalismo sino explotación sin paga en la encomienda y a través de los
impuestos.
Las burguesías dependientes.
Svampa retoma los debates sobre el
capitalismo colonial y la dependencia, el desarrollo asociado, la burguesía
nacional o las burguesías locales. El análisis de los estudios latinoamericanos
muestran que capitalismo no era sinónimo de modernización: la servidumbre y la
esclavitud no tenían nada de feudales y todo de capitalistas: la acumulación en
torno a la producción de exportables baratos
y en torno a los mercados internos que se le asociaban necesariamente, no
liberaba la fuerza de trabajo sino al contrario. Así se generalizan los
diagnósticos de un raquitismo de capitalismo moderno como realidad inacabada y
perpetua promesa. Se observan la ausencia de unidad orgánica de clases
dominantes: siempre termina en la imposición del sector de enclave bajo control
imperial. “Capitulacionismo” burgués y “lumpenburguesía” solo capaz de un “lumpendesarrollo” se
multiplican en los textos. El desarrollo “asociado” junto con la necesidad de
control del aparato estatal y los diversos “estilos de desarrollo” muestran que
sin embargo la burguesía local está lejos de ser un mero apéndice de los
intereses multinacionales.
TRABAJO PRÁCTICO
1)De acuerdo a su tema de trabajo seleccione
al menos una cuestión de corte extraclasista (género, etnicidad, edad) e
intente enriquecer el análisis.
2)Intente introducir la cuestión de la
heterogeneidad y la fragmentación de las clases populares o medias en su tema.
1-G. Gómez Rojas en su artículo “Las mujeres y el análisis de clases en la Argentina” pretende rescatar los debates de la sociología europea y norteamericana de las décadas del ochenta y noventa sobre la posición de clase de las mujeres en los estudios de estratificación social. Describe entonces algunas cuestiones acerca de la heterogeneidad de clase de los hogares en áreas urbanas de Argentina, y analiza confrontando con la postura convencional enunciada por Goldthorpe, la relación entre las posiciones de clase de las mujeres y la autopercepción de clase de ellas, de manera que se pueda establecer hasta qué punto la identidad de clase depende de su propia posición de clase en contraposición con la de sus maridos.
ResponderEliminarLa idea de Goldthorpe en su metodología clásica bajo una perspectiva convencional sobre los análisis de clase, determina la posición de clase del hogar independientemente de la posición en el trabajo de las mujeres. Puesto que sostiene que la ubicación de clase de las mujeres es equivalente a la de sus maridos, considerando que la mejor manera de establecer la posición de clase de un hogar es a través del jefe de familia varón, en la medida que la participación de las mujeres en el mercado de trabajo se ve limitada por sus responsabilidades domésticas.
Los datos expuestos en el artículo de Gómez Rojas remiten a la concepción sobre las posiciones de clase directas y mediadas —cabe recordar que las primeras provienen del vínculo directo con el sistema productivo y las segundas son derivadas del vinculo de otros miembros de las familias con dicho sistema (se relacionan a través del consumo). En estos términos, quedaría de manifiesto que para los varones tienen más relevancia sus aspectos personales (relaciones de clase directas) y para las mujeres —dado sus menores ingresos— tienen peso tanto características propias (relaciones de clase directas) como aquellas que provienen de su compañero (relaciones de clase mediadas).
Se señala como más relevante en el análisis la ubicación de una persona dentro de una red de relaciones de clase directas y mediadas, lo que reflejaría la complejidad de la estructura de clase en el capitalismo contemporáneo.
Las condiciones económicas actuales se corresponden con las sociedades postindustriales que están vinculadas con el aumento del sector servicios, con la mayor participación de mujeres casadas en el mercado de trabajo, con la extensión del empleo a tiempo parcial, con las variaciones en las pautas de conformación de las familias y con ciertos cambios en la división de las labores domésticas. Finalmente, se vinculan también con un persistente desempleo.
El criterio de tomar el hogar o la determinación directa por la ocupación del jefe de hogar desconoce los cambios en la estructura de clases ocasionados por la participación económica de la mujer. La autopercepción de clase de mujeres y varones controlando por empleo del conyugue y por factores adicionales al empleo: consumo, ingresos totales, horas trabajadas, muestra mayor autonomía de la mujer en su percepción de clase. El peso de las condiciones materiales en la identidad de clase está tamizado por el género.
La autopercepción que la mujer de clase media pueda llegar a tener, dependerá de ciertos valores forjados dentro de su vínculo social, la idea de meritocracia, individualismo, mimetismo culturales con sectores de mayores ingresos que los propios y las aspiraciones de estilo de vida tendrán más peso que solo el nivel de ingreso familiar. De hecho, las autopercepción de la mujer podrá influir en la de su esposo, modificando la del grupo familiar.
Eduardo Supej
2- Svampa Maristella nos resume en 5 rasgos principales las características de la clase media argentina. En primer lugar, desde un punto de vista cultural, las clases medias se caracterizan por el desarrollo de conductas imitativas respecto de los patrones culturales propios de las clases superiores. Se identifican con patrones de consumo ajenos, que a su vez les permiten diferenciarse de las clases populares. Se vislumbra una disociación evidente entre el grupo de pertenencia y el grupo de referencia, así el grado de satisfacción o insatisfacción que se experimenta con el status depende más del grupo que se tome como referencia que de un criterio representativo de la estructura social. En términos políticos, las clases medias presentaran una mentalidad conservadora y reaccionaria, y en términos culturales, una cultura mimética y de consumo ostentoso.
ResponderEliminarEn segundo lugar, se caracteriza por la heterogeneidad social y ocupacional de los sectores medios. La mayor diversificación de las tareas en la sociedad pos industrial caracterizada por la diferenciación entre tareas manuales y no manuales, lo que se conoció como trabajadores de cuello azul y cuello blanco.
En tercer lugar, lo que caracterizó a las clases medias desde sus inicios ha sido la movilidad social ascendente, de allí puede interpretarse su conducta imitativa a las clases superiores, su deseo de superarse teniendo como objetivo los parámetros de consumo y status superiores.
Cuarto lugar, las clases medias aparecen definidas por su capacidad de consumo, por las aspiraciones a un estilo de vida determinado, por el acceso a ciertos bienes (vivienda propia, automóvil, etc.)
Como último rasgo, Svampa menciona la importancia de los sectores medios como actor político y social.
Las clases medias se desarrollaron y prosperaron a pleno en el peronismo, lo que no significó que haya sido una relación de afinidad, sino todo lo contrario. Dos autores dan luz sobre esta cuestión, uno fue Gino Germani y el otro Arturo Jauretche.
Germani, criticaba en las clases medias por su manifiesto esfuerzo por identificarse con las elites locales al adoptar sus pautas de consumo suntuario, elevando al mismo tiempo barreras frente al avance de las clases populares. Por su parte, Jauretche fue quien de manera más frontal describió más claramente este rasgo de las clases medias, su propensión a asumir pautas y modelos culturales de otros grupos sociales. Los definió como “falso status” y su representante como “medio pelo”, será el intento por mantener una posición equivocada en la sociedad, forzar una situación, aparentar un status superior al que en realidad posee.
Las clases medias nacionales se desarrollaron bajo la protectora políticas peronistas que implicaron una lógica igualitaria, una reducción de las distancias económicas, lo que provocó la necesidad de reproducir las distancias a través de nuevos mecanismos y estrategias de diferenciación social. El peronismo tuvo un doble rol social, para las clases medias, operó como un criterio de distinción social, y para los sectores populares como principio de unificación político. Podemos afirmar que el peronismo favoreció a ambos sectores, y a partir de los años 60, los estratos medios se convirtieron en los principales proveedores de puestos gerenciales que requería la nueva actividad industrial del modelo de sustitución de importaciones.
Las clases medias, se vieron lesionadas por el peronismo, no en cuanto a sus intereses económicos sino más en sus pautas éticas y culturales, percibían al peronismo como la barbarie, como la incultura.
Jauretche, terminó definiendo a la clase media como la clase marcada por la dependencia estructural, el mimetismo cultural y las traiciones políticas.
-CONTINUA-
En el desarrollo histórico posterior al peronismo de Perón, las clases medias fueron afectadas por las transformaciones introducidos por la última dictadura militar, mediante una reestructuración social y económica, asociada a la desindustrialización y al comienzo del desmantelamiento del marco regulatorio mantenido hasta el momento. El período se caracterizó por la desalarización, la precarización y la informalización de la economía. Se produjo una recomposición general de la sociedad y una fragmentación de las clases medias.
ResponderEliminarSvampa, describe el período como el inicio de un proceso aperturista que trajo como consecuencia una distribución regresiva del ingreso, la eliminación de las negociaciones colectivas y la caída del salario y la contracción de la demanda interna fue resultado del deterioro de los salarios reales y de la baja de la producción.
Las similitudes con los tiempos presentes resultan asombrosas, los mecanismos de dominación y sujeción de las voluntades de los sectores medios se repiten. Me gustaría citar al sociólogo Saúl Feldman, en su libro “La conquista del sentido común” describe al periodo actual como una “cinocracia”. “El neoliberalismo se desplegó en todo el mundo en el marco de una revolución tecnológica inédita que produjo cambios culturales asociados a las innovaciones tecnológicas y comunicacionales. Esto desarrolló un individualismo exacerbado, que sumado a un aparato de disciplinamiento social en el que los medios dominantes y la justicia están cooptados por sectores funcionales al poder, constituye un sistema de gestión del poder. Es lo que Feldman llama cinocracia. “Menem te guiñaba el ojo, reconocía que estaba mintiendo, establecía una complicidad. El macrismo, en cambio, exhibe su poder, desprecia al interlocutor. No hay contrato. Sus efectos son devastadores. Instala el desasosiego, el sentimiento de desamparo. Es mucho más que una actitud provocadora que lleva en su vientre el desarrollo del odio y la búsqueda de disciplinamiento. Es un lenguaje trasvestido. Pervierte el sentido de las palabras y puede publicitar el vaciamiento previsional como reparación histórica. Un contrato de sinceridad discursiva que no despeina”. Para concluir Feldman sentencia sobre los sectores sociales que pueden ir en contra de sus intereses, “Se habla mucho de que la gente vota en contra de sus intereses, pero se piensa sólo en los intereses económicos y la realidad es que la gente tiene muchos intereses, especialmente en una época dominada por el capitalismo cultural. La cuestión económica es urgente y está a la vista, pero la capacidad destructiva que tiene esta otra dimensión es lo que más me preocupa, porque modifica el modo en el que cada uno se vincula con la sociedad, con la familia, y con el otro, todo bajo una lógica del miedo. Por algo Durán Barba repite que el miedo es más fuerte que la decepción”.
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Retomando el análisis de Svampa, la fragmentación de las clases medias iniciada durante la última dictadura militar se acentuó durante el regreso a la democracia, con Alfonsín y Menem. A partir del 83, se agravaron aun mas los indicadores económicos sociales erosionando la calidad de vida de los sectores medios y bajos. Deterioro de las prestaciones sociales, crisis del sistema previsional y de la educación pública dan prueba de ello. En medio de una crisis de deuda externa y de inversión interna, sumado a una creciente fuga de capitales y a una hiperinflación, el gobierno radical colapsó. El fracaso en la búsqueda de una nueva alianza económica y social de varios sectores del país dio lugar a la incursión de Menem en la presidencia. Es aquí donde nuevamente se plasma los componentes más individualistas del ideario del progreso, bajo “la lógica de los ganadores”. El proceso se caracterizó por la dualidad intrínseca en su germen fecundo. Lo que en su inicio fue estabilidad monetaria y crecimiento económico desembocó en un fuerte desempleo, precarización y flexibilización laboral, concentración económica y desigualdad social. Se produjo un declive importante en las clases medias, mayoritariamente ligadas al trabajo estatal y al amparo de la función reguladora del Estado. Todo el proceso de los años 90 generó lo que se conoció como “nuevos pobres”, estos sectores medios desplazados por las reformas económicas, fueron los perdedores del modelo neoliberal. Los ganadores se caracterizaron por este fuerte mimetismo cultural propio de las clases medias con relación a los sectores altos, el carácter muy arraigado de lo “antipopular” y el fuerte Individualismo de los sectores medios que se interesaron mucho más en aprovechar las ventajas relativas por ellos adquiridas que en esforzarse por construir una nueva organización social. La cultura de la beneficencia, descripta por Svampa en la vida dentro de los countries y barrios privados me permite ejemplificar este proceso. La beneficencia puede ser analizada como una estrategia para reafirmar la idea de “nosotros” y los “otros”, es ese otro diferente a nosotros, en donde se consolida la distancia social. La vida en los countries y barrios privados refleja la consolidación de la fragmentación del tejido social y el retiro del Estado, coincidiendo con la visión individualista que siempre manifestó la clase media. Relacionándolo con el hecho de las personas en situación de calle, la beneficencia es ampliamente aceptada por los sectores medios pero si un estado lleva acabo políticas de integración, inclusión y distribución de ingresos que modifique la realidad de aquellas personas, los sectores medios pasan a descalificar las políticas por creerlas populistas, por tener intenciones electoralistas de captación de votos y por clientelistas. Es aquí donde una vez más sale a la luz el sentido contradictorio de la clase media.
ResponderEliminarLa sociedad excluyente instaurada en los años 90 con la desregulación y financierización, la privatización de la vida cotidiana, la ostentosa vida pública de las elites que dejan su invisibilidad de lado, la extranjerización, sumado a la polarización interna de clases medias, entre ganadores y perdedores, y la pérdida de homogeneidad de las clases medias debilita a estas como actor cultural y político.
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Durante el Kirchnerismo, como proceso histórico que dio fin (por un tiempo) a la envestida neoliberal sobre el país y América Latina toda, se plasmó una re valorización de las clases medias, en cuanto a lo económico social y cultural. La década pos neoliberal se caracterizó por expansión de posiciones intermedias de profesionales, técnicos y administrativos y sobre todo de trabajadores manuales calificados, a expensas en parte de las clases superiores y de las populares no calificadas o marginales, la caída de planes sociales merced a la expansión del empleo formal, el acercamiento de segmentos más altos de clases populares a clases medias, y la mejora en los ingresos y consumo, así como en la módica mejora en los indicadores de equidad o de distancia interclases. Se reduce la movilidad espuria (es decir ascenso ocupacional sin correlato de mejoras en ingresos y condiciones de vida) que había caracterizado la década de los noventa con ascenso ocupacional pero deterioro del nivel de consumo e ingresos para segmentos populares y de clases medias. Sin embargo, el contexto económico prospero no significó de ninguna manera que la clase media pierda uno de sus rasgos más característico, su esencia anti popular. Cuando las políticas económicas del periodo se vieron modificadas ante la escasez de afluente de divisas extranjeras, los sectores medios comenzaron a desplegar su habitual repertorio de odio, rencor y resentimiento anti popular. Prueba de ello fueron los recurrentes “cacerolazos” vividos en todo el país a partir de 2012. A partir del estudio que realizó la catedra durante el Cacerolazo del 8N, puedo enumerar una serie de aspectos que caracterizaron la movilización de la clase media durante el último tramo de la DECADA GANADA. Los motivos de la movilización estaban ligadas a intereses materiales y simbólicos como ser “afectación de las capacidades de acumulación y capitalización” y a “la afectación de intereses asociados a los estilos, aspiraciones y condiciones de vida”.
ResponderEliminarEn sintonía con Svampa y su desarrollo del carácter individualista y el mimetismo cultural de los sectores medios, Marcelo Gómez afirma: La autoafirmación de clase media pasa por diferenciarse por la cultura y la educación, o directamente por sustituir al “verdadero pueblo” trabajador y productivo, honesto y sacrificado, que se diferencia netamente de “los vagos amparados por el gobierno” o “la pobre gente necesitada engañada y manipulada”. No aparecen indicios de intentos de articular demandas populares o puntos de vista culturales distintos del esquema individualista meritocrático y jerarquizante más típico de clase media urbana conservadora.
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A modo de síntesis del fenómeno de fragmentación de la clase media y su conducta volátil y pendular desde el pos peronismo hasta la actualidad, me gustaría citar la noción de “servidumbre voluntaria” del filósofo francés Etienne de La Boetie, escrito a mediados del 1500. “Por el momento, querría solamente comprender cómo puede ser que tantos hombres, burgos, ciudades y naciones soporten a veces a un único tirano que no tiene más poder que el que ellos le dan, que sólo puede perjudicarles porque ellos lo aguantan, que no podría hacerles ningún mal si no prefiriesen sufrirle a contradecirle. Resulta cosa verdaderamente sorprendente, aunque sea tan común que más cabe gemir que asombrarse, ver a un millón de hombres miserablemente esclavizados, con la cabeza bajo el yugo, no porque estén sometidos por una fuerza mayor sino porque han sido fascinados, embrujados podríamos decir, por el nombre de uno solo, al que no deberían temer, ya que sólo es uno, ni amar, ya que es inhumano y cruel con ellos”. Son los propios pueblos que se hacen encadenar, es el pueblo el que se somete, se degüella a sí mismo, el que puede elegir ser libre, pero elige el yugo, el que persigue su propio mal.
ResponderEliminarLa clase media al buscar el mimetismo cultural con los sectores que la oprimen y niegan al considerarlas perdedoras, rechaza y aborrece las políticas económicas populares que las favorece, busca el yugo, busca la opresión hasta la casi aniquilación. La clase media no se identifica con el piquetero, sino con el poder que lo manda a reprimir, porque no se quiere parecer al que corta la calle, se quiere parecer al dueño de una empresa o a un emprendedor exitoso. La obediencia, la servidumbre voluntaria hacia el que manda es la búsqueda de reconocimiento de ese sujeto. Se identifica con el mal externo porque ese mal le hace bien, es el “estamos mal pero vamos bien”. Se identifica deseando lo mismo, porque nunca la clase media va a ser como los sectores dominantes pero si puede desear lo mismo que ellos.
Eduardo Supej