miércoles, 12 de junio de 2019

Texto de apoyo y TP Unidad 4 (colgar antes del 21/6)


Texto de Apoyo Unidad 4- Debates y problemas del análisis clasista de la acción colectiva

Uno de los aspectos más frecuentados en el análisis sociológico es el de las dimensiones clasistas de la política y la movilización colectiva. Para la sociología clásica del siglo XX, política y poder eran fenómenos clasistas por excelencia. Partidos políticos y sindicatos tenían sus propias bases sociales socioeconómicamente identificables que expresaban intereses, ideas y prácticas homogéneas.  Fenómenos posteriores como el llamado “desclasamiento del voto y de las preferencias ciudadanas” y la pérdida de identidades basadas en el trabajo y la producción plasmadas en partidos políticos y sindicatos fueron limando el carácter clasista de la política y la lucha por el poder en sentido amplio. Como vimos al estudiar a los posestructuralistas o a Laclau, la política se convierte en un fenómeno discursivo que no necesariamente responde a un patrón de posicionamiento de intereses materiales y condiciones materiales de vida. Otros teóricos inspirados en el marxismo han innovado en variantes conceptuales para retener la centralidad del abordaje clasista. Es el caso de E. Olin Wright en el texto “Clase y política” (1995: 239-259) en donde se plantea la incidencia de clase en tres niveles del análisis político: situacionales, institucionales y sistémicos.
La clase y la lucha de clases moldean la política pero a través de diversos niveles de ejercicio de los poderes clasistas. En el nivel más inmediato o “situacional” el detentar el control o disposición de ciertos bienes estratégicos permite ejercer directamente un mando sobre otros. La burguesía puede coercionar, presionar o simplemente “comprar” o “persuadir” funcionarios, legisladores, etc.
En un nivel más mediato y complejo, el poder que se ejerce es “institucional”: no es tanto el mando y lo que se quiere imponer como el control de lo que son opciones válidas o legítimas. Es el poder de controlar la agenda de decisiones y de descartar opciones alternativas. Finalmente hay un poder de base o largo plazo que se denomina “sistémico”, y alude a un sesgo que tiene la forma de organización y distribución de recursos de poder que permite ahorrar esfuerzo en controlar agendas y dar órdenes. Sería el poder incorporado a las reglas; es el poder de fijar  la naturaleza del juego  de manera favorable.
Los capitalistas tienen enormes recursos financieros y contactos, influencia directa en funcionarios, medios, etc. y una desproporcionada capacidad de conducción política. Pero en este punto sus intervenciones son siempre ajenas al interés del conjunto de la burguesía y se suelen contrarrestar recíprocamente. Los funcionarios y elencos políticos disponen de amplios recursos y de la miopía y apatía de la burguesía fragmentada.
La dimensión institucional del estado capitalista muestra el poder “negativo” de las clases dominantes: garantizar lo que no debe suceder. El estado no puede interferir con la acumulación privada sin afectar sus fuentes de financiamiento. El voto individual con representatividad  por territorio  (y no por función) licua el poder de las clases subalternas impidiendo focalizarse en aspectos estratégicos, lo que permite que dichos aspectos sean excluidos de la agenda pública.  
El efecto de poder sistémico reposa en la dependencia de intereses del resto de las clases de la acumulación de capital. En la medida que los intereses del conjunto se articulan a la acumulación, mayor es el sesgo hacia reglas que favorezcan dicha acumulación.
El breve texto de Harvey sobre el significado del poder clasista en el neoliberalismo muestra algunas de estas cuestiones en la historia más reciente del capitalismo. Hay cambios en la composición de las clases dominantes, la financiarización y el control de los mecanismos monetarios, cambiarios y bursátiles se convierten en estratégicos y subordinan al tradicional gobierno de los medios de producción y la inversión productiva. Las mismas empresas productivas se financierizan y extraen su ganancia no tanto de la explotación del trabajo como de las oportunidades de valorización rentística y especulativa, que requieren también fuerte intervención y control sobre la regulación estatal de mercados y sectores de actividad. Asimismo se cambia la relación entre accionistas y managers o altos ejecutivos y las estrategias de acumulación por medios financieros configura una nueva gran burguesía con fuerte inclinación a la intervención política. Los fenómenos de concentración personal de la riqueza y la diversificación financiera de la misma hacer que las viejas distinciones entre fracciones productivas, comerciales y bancarias se vayan haciendo anacrónicas. Los nuevos magnates aúnan estrategias financieras, monopolización de servicios (especialmente de comunicación) o bienes de alta tecnología y fuerte influencia estatal…¡¡¡sobre múltiples estados!!!
El capitalismo financiero global está fuertemente politizado: el control de los procesos decisionales es también un recurso estratégico de la acumulación, ya que define oportunidades de rentas, de transferencia de costos, de acaparamiento de bienes naturales, etc. Cualquiera puede darse cuenta que las políticas de “valorización financiera” dependen de decisiones monetarias y cambiarias estatales y no de “tendencias” de los mercados.

Otro de los núcleos en debate de la teoría contemporánea de las clases es la relación con los procesos y fenómenos de movilización social. A partir de fines de los ’60 el surgimiento de nuevos actores del conflicto social en el capitalismo avanzado (feminismo, pacifismo, ecologismo, contracultura juvenil) derivó en una progresiva pérdida de valor explicativa para la lucha de clases. Teóricos como A. Touraine van a caracterizar a las sociedades de un lado al otro de la cortina de hierro como sociedades posindustriales en donde no se trata tanto de controlar el proceso de producción material y la explotación de la fuerza laboral, como de gobernar las dimensiones subjetivas de la existencia humana. Los bienes estratégicos son aquellos que permiten el control de la apropiación del “sentido histórico”, de la historicidad y por tanto son los principales moldeadores de los “estilos de vida”, de las “sensibilidades” culturales, y de las “necesidades” humanas. Así el control de los deseos, el conocimiento, la información y las aspiraciones de individuos y colectivos pasa a ser el objeto fundamental de la lucha social. Para este tipo de luchas Touraine considera que la categoría de “movimiento social” es la más adecuada porque opera a nivel de la historicidad y no a nivel de la distribución material como es la de clase social. En el capitalismo avanzado la disputa no está entre proletarios y burgueses sino entre una tecnocracia corporativa público privada y los movimientos sociales que disputan el sentido de vivir en sociedad.
Ha habido todo tipo de lecturas sobre el tema: aquellos que ven clase y movimiento social como conceptos incompatibles (ver el texto de Galafassi, por caso); aquellos que intentan una complementariedad (ver el texto de Gomez). Algunos que tienden a reducir los movimientos sociales contemporáneos a explicaciones dentro del clivaje Capital/Trabajo (“la explotación de la mujer”, “del negro”, “la renta medioambiental”, etc.) otros que sostienen criterios multimodales y ven la racialización o el patriarcado como fuerzas que dominan el capitalismo.
En el texto de Gomez (2014) se pueden ver los sesgos clasistas en los fenómenos de organización, acción e identificación colectiva. Cada grupo social tiene su propia forma de organizar y plantear la lucha y esa forma no puede separarse fácilmente de las condiciones materiales de vida. En el texto de Di Marco sobre el pueblo feminista también se observa que las luchas contra la exclusión social protagonizadas por las mujeres piqueteras y el acoplamiento de demandas como la legalización del aborto a las de inclusión económica en los primeros años de este siglo, significaron un cambio y un impulso decisivos en la conformación del movimiento feminista. Clase y género no pueden separarse fácilmente en los procesos de movilización colectiva.

Trabajo Práctico Unidad 4

1)    Piense en su tema de trabajo e identifique empíricamente los posibles nexos entre clase y movilización. ¿Cuáles serían los aspectos clasistas o no clasistas de la movilización en estos casos?.
2)    Piense en su tema de trabajo y busque las dimensiones políticas que lo atraviesan: intente identificar los componentes situacionales, institucionales y sistémicos de los poderes clasistas involucrados en su tema.


5 comentarios:

  1. Trabajo Práctico Unidad 4
    1-Piense en su tema de trabajo e identifique empíricamente los posibles nexos entre clase y movilización. ¿Cuales serian los aspectos clasistas o no clasistas de la movilización en estos casos?
    Desde el análisis de las sociedades posindustriales Alain Touraine caracteriza a una sociedad más abierta a sí misma, interviniendo en su modelo cultural, dando lugar a la lucha por la historicidad. Es aquí donde los movimientos sociales se tornan como elementos centrales en la vida social, dan la forma social a la lucha por tendencias culturales. Serán los movimientos sociales los más adecuados para interpretar los cambios en los sistemas de acción histórica. La acción colectiva buscara transformar los valores y campos de historicidad y no el nivel de la distribución material como es el caso de la clase social. El control de los deseos, los conocimientos, la información y las aspiraciones de individuos y colectivos pasa a ser el objeto fundamental de la lucha social.
    Marcelo Gómez afirma, que más allá de la importancia del análisis de los movimientos sociales modernos, es inevitable el sesgo clasista en los fenómenos de organización, acción e identificación colectiva. Cada grupo social tiene su propia forma de organizar y plantear la lucha y esa forma no puede separarse de las condiciones materiales de vida, o sea de la clase social a la cual pertenece el movimiento social en cuestión. Los movimientos sociales son expresiones de autoafirmación frente a las amenazas de los poderes des personalizadores y fragmentadores del Estado, y ostentan una función simbólica de creación de códigos culturales alternativos. Los movimientos instalan demandas que no son deseables para los sistemas de referencia cultural dominante como son las de distribución, bienestar y seguridad. Los movimientos generan el descontento al poner en juego nuevas referencias culturales, serán los agentes de cambio de las orientaciones valorativas y los esquemas de referencia valorativos. Puede decirse que los movimientos y las clases se mueven en paralelo, unos en el plano cultural y de valores, y las clases en el nivel del dinero y el control del excedente.
    El sentido clasista de una acción colectiva es algo que no obedece a una regla de correspondencia de posiciones sino que está atravesado por sentidos clasistas que pueden ser múltiples y contradictorios. Las clases no determinan prácticas puntuales sino que las impregnan, las atraviesan.
    Frank Parkin, afirma que lo importante del concepto de clase es su capacidad de excluir, traducido en una lucha por el cierre social. El poder de las clases no proviene de los bienes que controlan sino de cómo logra excluir a otros de esos bienes. En la sociedad lo importante es apropiarse de aquellos bienes que maximizan la capacidad de coerción sobre otros.
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  2. Gómez, describe que para las clases medias la lucha colectiva está dirigida a la restauración de mejores condiciones generales para una estrategia de movilidad individual que asegure una revalorización de cada uno de sus capitales, propiedad, trabajo y educación, la lucha no será necesaria a futuro sino a modo inmediato. Caso contrario a las clases populares, quienes disputaran el aumento al acceso a capitales asegurando las condiciones a futuro.
    Las protestas sociales no pueden leerse fuera de un cierto clivaje clasista de las condiciones materiales de vida. Como ejemplos en nuestra historia reciente podemos mencionar los casos de los escraches del movimiento de ahorristas estafados en el 2001 y los cacerolazos contra el gobierno kirchnerista desde el año 2012 a 2015. Podemos afirmar que el sentido clasista de la acción colectiva de los sectores medios tendientes a inclinarse a opciones de derecha, se producen en contextos de crisis y de bonanza económica, paradójicamente. Este fenómeno se lleva a cabo en un sentido de achicamiento en la distancia entre los sectores medios y bajos de la sociedad. En las crisis, las clases medias descienden en sus condiciones materiales, acercándose a los sectores más pobres, como en épocas de auge económico, las clases más relegadas pueden elevar sus estándares de vida acercándose a los sectores medios. Ambas situaciones incomoda a los sectores medios, tendiendo sus estrategias de “cierre social” a derechizar su representación política. Se busca como estrategia la diferenciación con el otro.
    En este sentido, Stuart Hall afirma que los movimientos sociales son la modalidad en la cual las políticas de clase son puestas en acto.
    Las estrategias, las metodologías de lucha y los formatos de acción colectiva pueden ser analizadas en su correspondencia con los distintos poderes causales individuales movilizados y con el tipo de colectivización que produce cada organización y cada movimiento.
    En el escrache, la acción colectiva la padecen los responsables, los culpables de los agravios. Se auto valida como exacta identificación del responsable. Es un modo de acción colectiva desafiante que se legitima en la imputación de una culpa, y su eficacia reside en que el acto de señalar al culpable es al mismo tiempo un castigo. La espectacularidad del escrache aspira a lograr un desplazamiento óptico de la mirada publica. En relación a los cacerolazos, el escrache se realizaba violentamente contra funcionarios del gobierno kirchnerista o hacia cualquier personaje que adhiriese a las políticas del gobierno, como ser actores o periodistas. La virulencia de ambos movimientos no se asemejaba en cuanto a la destrucción de espacios públicos o privados. Las manifestaciones en el 2002 atentaban contra la propiedad privada de los bancos, llevando a cabo “una estrategia” de guerra. Los cacerolazos antik se distinguían por el “absoluto” respeto a los sectores públicos, hasta no pisaban el césped de las plazas, las manifestaciones se realizaban después de las 19 hs para no entorpecer el transito y demostrar a su vez, su rasgo clasista “superior” a las manifestaciones de los sectores mas carenciados, afirmaban que eran auto convocados, nadie los trasladaba en micros, ni les daban choripanes, que nadie les pagaba por ir, ni les decían que decir. Se marcaba las diferencias a las protestas de los sectores populares, estas eran y son tildados de vagos, “planeros” y que sus reclamos se centraban solo en buscar vivir sin trabajar, y el trabajo es el símbolo de los sectores medios, es como un bien y un signo de honestidad que los distingue de aquellos que militan políticamente solo para obtener ventajas económicas.
    -CONTINUA-

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  3. En el estudio realizado por la Cátedra sobre la “Radiografía de los movilizados contra el Kirchnerismo. Resultados de una encuesta a la concurrencia del 8N” se describe que en general estas movilizaciones antigubernamentales protagonizadas por las clases medias suelen ser presentadas, sobre todo por los medios de comunicación dominantes, como sosteniendo principalmente reclamos cívico políticos de oposición al “autoritarismo”, al “ataque a las libertades civiles y políticas”, a la “corrupción”, a la “arbitrariedad” en la intervención estatal, o de impugnación a estilos políticos irritativos por “personalistas”, “confrontativos”, “populistas y demagógicos”, y secundariamente a demandas relacionadas con problemas de difusa atribución causal como la inflación o la seguridad ante el delito.
    El estudio arrogó como conclusión que el motivo principal de la movilización fue “la afectación a las condiciones de la acumulación económica por lejos está más presente en los subsegmentos de profesionales, empresarios y comerciantes (ronda el 70%). Las respuestas espontáneas recogidas dan cuenta de una sensación de descapitalización de los excedentes por falta de alternativas de valorización del ahorro al caer las tasas de interés, prohibir el ahorro en dólares y ante la parálisis del mercado inmobiliario. La pérdida de opciones de inversión y de ahorro, deja paralizada la capacidad de capitalizar como poder económico efectivo y de largo plazo la disposición de excedentes resultantes de los buenos niveles de actividad y rentabilidad”.
    Se concluye que en ambas movilizaciones las motivaciones individuales fueron el principal factor motivante, en los cacerolazos era el resguardo de sus condiciones de acumulación económica y en los escraches la protesta se diluyó una vez cobrado el monto incautado por el sistema financiero cómplice del gobierno de De la Rúa.
    El papel de la conciencia de participar en la acción colectiva es la base de su legitimidad, solo las protestas que obedecen a rectas conciencias individuales ofrecen valor político.
    Cacerolazo y escrache son los modos de representación de la movilización de los sectores medios como forma de indignación. En ambos casos se concluyó que los protagonistas de las manifestaciones no estaban habituados a este tipo de movilizaciones, en muchos casos era su primer experiencia en una movilización. Llamativamente en la entrevista al filosofo Jacques Ranciere, en referencia a las movilizaciones de los “chalecos amarillos” en Francia afirma que eran protagonizada por gente que “nunca protesta”, es aquí donde se ve un factor común que las atraviesa a las tres movilizaciones.
    Eduardo Supej

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  4. 2- Piense en su tema de trabajo y busque las dimensiones políticas que los atraviesan: intente identificar los componentes situacionales, institucionales y sistémicos de los poderes clasistas involucrados en su tema.
    Marcelo Gómez en su texto, “El regreso de las clases” analiza la descripción que hace E Olin Wright sobre el poder político de clase, clasificado según el tipo de efectos específicos de su accionar, situacionales, institucionales y sistémicos.
    El Poder Situacional es el poder de la calle y la capacidad negativa de la acción colectiva y la protesta muestran sus cualidades situacionales no despreciables en el capitalismo democrático contemporáneo. Es el nivel más inmediato o situacional, el detentar el control o disposición de ciertos bienes estratégicos como la obtención de dólares libremente o las tasas de interés elevadas que mantenga la renta financiera de los sectores medios altos, permite ejercer directamente una mando sobre otro. La clase media podrá coercionar o presionar para cumplir con sus necesidades de clase.
    El Poder Institucional es la fase de la trasferencia y conquista del poder, se corresponde con el alcance institucional. El poder que se impone reordena el campo institucional y estatal introduciendo nuevas agendas y exclusiones de temas. Es un poder más mediato y complejo, intenta imponer el control de lo que con opciones validas o legitimas. Es el poder de controlar la agenda de decisiones y descartar opciones alternativas. La dimensión institucional del estado capitalista muestra el poder negativo de las clases dominantes, garantizar lo que no debe suceder.
    Solamente en el Poder Sistémico, como fase de transformaciones sociales y económicas, se introduce nuevos sesgos sistémicos. La revolución se hace efectiva cuando altera la matriz misma de generación de poderes causales clasistas. Es el poder incorporado a las reglas, es el poder de fijar la naturaleza del juego de manera favorable. El efecto del poder sistémico implica que los intereses del conjunto se articulen en la acumulación, mayor sesgo hacia reglas que favorezcan dicha acumulación.
    El poder situacional conquistado en las calles y en el desarrollo de formas de organización y movilización popular novedosas logró convertirse en capacidad de intervención política primero, y en poder de alcance institucional después. Las movilizaciones caceroleras antik como el 8N son un buen ejemplo como componente del poder situacional.
    Los movimientos anti kirchneristas fueron dando forma a expresiones políticas organizadas. Fueron organizándose para abastecer de respuestas políticas a las demandas antik. Las demandas podrían resumirse en: compra irrestricta de dólares, mayor democracia, mayor libertad, lucha anti corrupción, basta de cortes de luz, pago a fondos buitres, que desencadenó en la confiscación momentánea de la Fragata Libertad, eliminación del impuesto a las ganancias 4ta categoría.
    La fase institucional del poder de las movilizaciones anti kirchneristas logró plasmarse en el triunfo electoral de 2015 con el partido político Cambiemos.
    El poder político de las movilizaciones de clase media anti kirchnerista a nivel sistémico logró plasmar un cambio de matriz productiva a una matriz especulativa.
    -CONTINUA-

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  5. Pero paradójicamente, los cambios sistémicos efectuados destruyen la base de sustentación de la propia clase media que protagonizaba las movilizaciones. El efectos más visibles fueron: caída del consumo, caída del poder adquisitivo, caída de las economías regionales, mayor apagón de la historia afectando a 50 millones de personas (después de haber aumentado 3 mil por ciento el costo del suministro electico domiciliario y comercial) y mayores impuestos.
    Las consecuencias económicas del nuevo modelo afecta en mayor medida a los sectores medios y bajos, lo que provoca en gran parte de estos sectores, nuevas demandas políticas que los favorezcan. En este nuevo escenario de caída de la economía, se mantiene vigente una de las consignas de las movilizaciones que dieron lugar al proyecto político, las altas tasas de interés y el control artificial de la cotización del dólar les aseguran a esta clase media, la tan ansiada condiciones de acumulación económica.
    Los sesgos que introduce el poder sistémico nunca son monótonos y en un mismo sentido sino que también son contradictorios. Una misma clase puede beneficiarse o perjudicarse del mismo sesgo en diversos momentos del ciclo económico. Además, para asegurar el sesgo clasista del sistema se suelen utilizar toda clase de recursos contradictorios con ese sesgo. Como ejemplo podemos afirmar que el modelo económico actual es insostenible.
    Como poder, se manifestó el sesgo antiperonista, frases como “la decadencia de la Argentina está unida indefectibles a los 70 años de peronismo” refleja esta característica. Como factor descriptivo, el sistema se torna contradictorio ya que ante la inminente salida del último gobierno neoliberal oligárquico argentino, como estrategia electoral fue nombrado como candidato a vicepresidente un peronista militante, hasta miembro activo de la década ganada kirchnerista. Esta Estrategia pretende ampliar la base electoral y de influencia del peronismo de derecha en el país.
    Es por eso que las clases no son productos de sesgos sistémicos sino que son las mismas clases productoras de esos sesgos.
    Las clases dominantes, que ejercen total control sobre estas clases media oscilante, pendulante, volátil y patética, son dominantes porque pueden acceder a modificar los sesgos que ellas mismas pudieran haber establecido, y no porque se sometan a él. Muchas veces están obligadas a intentar estos cambios porque las clases subalternas también desarrollan o pueden desarrollar capacidades de poder sistémico.
    Pueden imponer el sesgo antiperonista para intentar justificar la decadencia económica de los planes llevados a cabo por los funcionarios neoliberales, como también pueden “aliarse” con un peronista para afrontar el último intento en mantenerse en el poder.
    Todo esto se produce en un contexto internacional de neoliberalismo, en donde el capitalismo financiero global está fuertemente politizado, el control de los procesos decisionales es también un recurso estratégico de la acumulación, ya que define oportunidades de rentas, de transferencia de costos, de acaparamiento de bienes naturales. Cualquier puede darse cuenta que las políticas de valorización financiera depende de decisiones monetarias y cambiarias estatales y no de tendencias de los mercados.
    Eduardo Supej

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Texto de apoyo Unidad V- Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas

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