sábado, 18 de abril de 2020

Texto de apoyo Unidad 1 (2da. Parte)


Texto de apoyo Unidad 1 (2da. Parte)

La clase: un concepto escurridizo para un objeto disoluto

Marcelo Gómez y Daniel Contartese

No está demás comenzar por una digresión antropológica: la especie humana se caracteriza por la “neotenia”, es decir por la inmadurez completa de respuestas de subsistencias del neonato humano que lo hace completamente dependiente del colectivo en el que nace. La forma en que el grupo organiza sus diferencias (de generaciones, de sexo, de habilidades, fuerza, parentesco y salud en las sociedades arcaicas) para perpetuar el grupo tratando de asegurar la vida de los neonatos, introduce la cuestión de qué diferencias son significativas y cómo se ordenan entre sí. En la mal llamada sociedades “primitivas” (hoy se dice “ágrafas”), la perpetuación biológica queda atada a la organización de estos sistemas de diferenciación interna: por ejemplo, el hombre joven procura el alimento y defiende o ataca a otros hombres, las mujeres cuidan la cría y almacenan y cocinan, los ancianos se encargan de cohesionar al grupo en torno a creencias comunes, decidir sobre cuestiones importantes de organización para la subsistencia colectiva, y trasmitir los saberes a las nuevas generaciones, etc.
En las sociedades urbanas con estados mínimamente organizados premodernas los principios generales de organización de diferencias jerárquicas conocidos históricamente son el esclavismo, las castas, y los estamentos. En la sociedad urbana industrial moderna el sistema conocido son las clases sociales. Son cuatro principios distintos de organizar la diferenciación y las asimetrías sociales.   
Los textos de esta unidad se focalizan en la determinación de la naturaleza, especificidad y campo de aplicación de la categoría clase como instrumento de análisis sociológico por antonomasia. En cierto punto la suerte de la sociología estuvo y está (¿?) atada a la suerte de la categoría “clase”.
En este sentido, a los textos de esta Unidad 1 les subyacen cuestiones epistemólogicas y ontológicas: ¿qué buscamos decir cuando hablamos de “clase”? y ¿qué es lo que efectivamente decimos? ¿qué es lo que en definitiva llegamos a designar como clase?
Los textos de Giddens (1992: 247-286) y Crompton (1994: 17-41) ofrecen una aproximación al concepto y las temáticas propias del campo de estudio de las clases.
Claramente se inscribe en el intento de entender los procesos de diferenciación social en las sociedades modernas. Es decir, se parte de la pregunta por las diferencias relevantes según generen agrupamientos que son importantes para la vida social: las clases son macrodiferenciaciones que albergan la esperanza de entender vastos fenómenos de la vida en sociedad. La cuestión de cómo las distribuciones diferenciales materiales y simbólicas determinan extensamente la suerte o el destino social e individual es la que se encarna en cualquier analítica de clases.
Clase es un concepto moderno que surge con el capitalismo industrial y esto supone su especificidad analítica e histórica. Clase se diferencia de manera bien nítida del Esclavismo (regido por la violencia), los sistemas de Castas (regidos por las creencias del karma y el dharma) o de Estamentos (regidos por el derecho de costumbre y el linaje de la sangre) en la medida en que las diferencias no se establecen por principios o prescripciones exteriores (divinidades, tradiciones o creencias, imposición forzosa, imposición legal, etc.) a la interacción social misma, y sus fronteras lejos de ser cerradas y rígidas, son abiertas y cambiantes. La llamada movilidad social (en sus formas vertical, horizontal, ascendente, descendente, inter e intrageneracional) es inherente rasgo propio del principio de diferenciación clasista.
La esclavitud determinada por la fuerza, las castas por la religión, y los estamentos por la tradición, son principios de diferenciación que pueden coexistir fácticamente o históricamente con los clasistas, pero tienen que ser diferenciados analíticamente. Las sociedades donde el principio clasista es el dominante consagran la igualdad de los individuos ante la Ley y el poder político y la igualdad de tratamiento de la Ley y el poder político ante los individuos, obviamente aunque esto tenga mil trampas de hecho.
El siguiente cuadro puede contribuir a entender la especificidad histórica del concepto de clase.
Sistema de
Diferenciación
Social
Fuente predominante de asimetría
Criterio de perpetuación
Forma del lazo social y justificación
Esclavitud
Propiedad de personas como si fueran cosas
Fuerza / Factico.
Separación, cerrada.
Excepcionalidad de manumisión por mérito o servicios.
Amos y esclavos
Interioridad asocial o natural de nexo de asimetría absoluta (esclavo=buey)
Racismo, biologicismo, superioridad natural o no reconocimiento de humanidad
Castas
Religión / Rito (cuerpo divino =cuerpo social)
Adscriptivo hereditario fijo y cerrado. Separación estricta, cerrada sin excepciones. Solo movilidad por metempsicosis (“kharma”-“dharma”)
Puros e impuros, el contacto mínimo estrictamente ritualizado para evitar  la contaminación.La confusión o mezcla es pecado. Exterioridad del nexo con reconocimiento de humanidad
Estamental (“Estados”)
Costumbre/Ley
Voluntad de Dios
Adscriptivo (linaje, parentesco) hereditario variable. Cerrada con separación no estricta y  selectiva
Señores/Nobles y Siervos/Vasallos
Asimetría de jerarquía fija formalizada por ley consuetudinaria cuya violación es crimen.
Exterioridad relativa del nexo con reconocimiento y reciprocidad.
Clases
Propiedad de cosas y
condiciones de producción y reproducción de la vida material.
Principio del “efecto distribucional”
Adquisitivo (resultados de acciones e interacciones  electivas)

Abierta, movilidad y no imposición de separaciones. Igualdad y libre disposición de propiedad.
Poseedores/desposeidos; ricos/pobres; capitalistas/obreros, etc.
“Merito” o “Explotación” como forma no natural de diferencia. Asimetrías producida socialmente.Interioridad del lazo social, jerarquía móvil. Intercambio y reciprocidades legalmente protegidas.

En los sistemas clasistas las diferencias no pueden establecerse ex ante por ningún otro orden previo a la interacción social misma. La clase es un concepto de secularización y terrenalización de la diferenciación social: las diferencias, asimetrías y jerarquías son las que producen les humanes mismes en sus relaciones materiales y simbólicas. Las clases son “móviles” y contingentes y no fijas. Las clases suponen un giro de la diferenciación jerárquica basada en lo adscriptivo- heredado -fijo, a unas asimetrías dinámicas basadas en lo adquirido- producido- móvil.
Entre los fenómenos que se incluyen en el ancho campo de aplicación del concepto de clases tenemos: la identificación de aquellos bienes materiales o simbólicos que operan las diferenciaciones clasistas merced su control o la exclusión de los mismos (estructura de clases), las formas sociales concretas en que se plasman las clases en la vida social (formación de clases, estilos de vida compartidos, organizaciones de clase), las manifestaciones de identidad, ideología o la subjetividad con que se revisten las diferencias clasistas (conciencia de clases), los enfrentamientos o conflictos entre las clases (lucha de clases, política de clases), las interrelaciones de las diferencias clasistas con otros sistemas de diferencias no clasistas (género, etnia, nacionalidad, religión, edad, subcultura, etc.).  
Problemas como qué tipo de bienes son estratégicamente “diferenciantes” en una situación o momento dado, cómo se constituyen históricamente colectivos clasistas, cómo se dan a sí mismos creencias, identidades, cultura, cómo el papel de la mujer, el estado-nación, las creencias religiosas, las relaciones intergeneracionales o las culturas grupales se conectan con los procesos clasistas son macrotemas típicos del análisis de clases.
El atravesamiento por el género aparece en cuestiones como las mencionadas por Giddens: las dificultades para definir empíricamente la clase objetiva sin tomar a la mujer cónyuge y el fenómeno de “refuerzo de género” de la condición de clase. Las cuestiones de la conciencia aparecen en temas típicos como las discrepancias entre condición de clase objetiva y percepción subjetiva. Los solapamientos entre clase- etnia/credo/subculturas, y sus tensiones son objeto de numerosos trabajos sobre la etnificación de las relaciones de clase, las clases “nacionales”, e incluso la reinterpretación clasista de las pertenencias religiosas.
Ahora bien, si el advenimiento de un concepto como clase significa el abandono de explicaciones extrasociales rectoras de las diferencias y jerarquías, aparece la cuestión de qué criterios son los que operan en un sistema de diferencias sociales autogeneradas por las mismas relaciones sociales.
El pensamiento social desde el siglo XVIII ofrece dos grandes tradiciones contrapuestas por no decir fuertemente antinómicas.
Por un lado la tradición “libertaria”, del pensamiento crítico, revolucionario, marxista, socialista o anarquista, que propone un principio “relacional” que rige la producción social de las diferencias, según el cual  una posición ventajosa supone mantener en desventaja a otras, o el control de determinados bienes supone necesariamente la privación para el resto. El modo de distribución social de todo tipo de bienes está determinado por las distribuciones de partida de determinados bienes “claves”, y la interacción social misma tiende a reproducir ampliada dicha distribución asimétrica inicial. La especificidad de la relación entre los grupos es causa y consecuencia de determinados efectos distributivos. Esto significa que las clases tienden a polarizarse, compactarse, consolidarse y enfrentarse. El pato de la boda de este planteo tiende a ser el de la “movilidad” de clases. Las clases tienden a concebirse como grupos cerrados antagónicos y por tanto el concepto de clase no termina de realizarse cabalmente porque si los grupos no son abiertos no serían clases.
Pero a este punto de vista se le opuso desde siempre el del “liberalismo” amable británico (Spencer) o más enjundioso francés (Tocqueville): las diferencias sociales obedecen a  oportunidades, mérito, eficiencia, desigualdad de resultados por diferencias de capacidad y esfuerzo, dando lugar a un sistema de “estratificación” que expresa diferencias graduales legítimas por recompensas diferenciales en un sistema de premios y castigos a las contribuciones individuales al conjunto social. La fuerza del reconocimiento, el logro, el prestigio, etc. son las que impulsan la lucha interindividual por el “estatus” y la sociedad se ordena inestablemente por diferencias móviles. El pato de la boda de este planteo que sustituye la clase por el estrato tiende a ser la pérdida del carácter colectivo y de la efectividad histórico-causal del concepto de clase.
Los estudios de estratificación se inscriben en una teoría más descriptiva que explicativa y tienden a considerar los “estratos” como artificios o agregados estadísticos útiles para una descripción morfológica de la estructura social. Las clases vistas como estratos son “objetivas” pero solo estadísticamente. Los estratos serían bastante estériles desde el punto de vista de su papel en la vida social y en la historia.
Es decir, algunos teóricos señalaran que la desigualdad constituye un rasgo característico de toda sociedad compleja y que estas tienen efectos necesarios y positivos. Este es el conocido argumento neoliberal que distinguirá entre las igualdades legales o formales (la igualdad ante la ley o la igualdad de oportunidades) de las igualdades de resultados. Y apuntarán que la búsqueda de igualdad de resultados mediante políticas públicas contradice el principio de igualdad legal o formal. Otro argumento utilizado por los neoliberales es que las desigualdades materiales son beneficiosas  y positivas en las sociedades modernas porque de esa manera se propicia la innovación y el avance tecnológico. Es decir, el capitalismo es eficiente porque es desigual y los intentos dirigidos hacia la igualdad pueden tener como consecuencia su destrucción.
Estos argumentos neoliberales tienen su paralelo en la teoría sociológica funcionalista que afirma que la desigualdad es un “mecanismo inconsciente” por el cual las sociedades se aseguran que las posiciones más importantes sean ocupadas por las personas más calificadas. En la sociedad habría grupos diferentes, pero no por eso antagónicos, descriptos como “estratos” socioeconómicos y no como “clases”. Dos argumentos son explicados por los funcionalistas para explicar y justificar las desigualdades materiales:
1.         Las recompensas desiguales proporcionan una estructura de incentivos que garantizan que los individuos más talentosos se esforzaran e innovaran.
2.         Legitimidad de las recompensas diferenciales ya que esos innovadores son indispensables para el funcionamiento de la sociedad.
El principio del estrato instaura espacios predefinidos escalarmente: ingresos, empleo, educación, vivienda, etc. La cúspide, es decir, los estratos superiores que reúnen los niveles más altos en cada espacio, funciona como omega y motor motivacional del resto. Los estratos se ordenan de arriba para abajo. Sólo viendo a quienes detentan la mayoría de los bienes, se puede suponer cuáles son los bienes estratégicos más valiosos. Las escalas siempre se piensan desde lo alto.
El siguiente cuadro puede ayudar a entender el punto.

Principio de la clase/relacional
(Marx, anarquismo, pensamiento radical)
Propiedad de medios de producción de la vida material
Tipo de lazo social
Nexo interno: criterio monótono, oposición, explotación, opresión, polarización, lucha, objetividad, politización.
Tendencia a la fijación dicotómica, fronteras cerradas y concentración/pauperización.
Principio del estatus/gradacional
(Tocqueville, Weber en la lectura parsoniana)
Propiedad de medios de reproducción de la vida social
Tipo de lazo social
Nexo externo: criterio múltiple, pluralidad de diferencias, distancias, niveles de reconocimiento y estima social, relaciones de competencia, emulación y comparación, remuneración, gastos, educación, cultura, subjetividad, etc.
Tendencia a la variabilidad y escalas gradacionales, fronteras abiertas y despolarización distributiva con alta movilidad.

Los bienes estratégicos se convierten para los que están debajo en bienes codiciados, recompensas esperadas: existe un supuesto de universalidad aspiracional, las escalas son válidas bajo el supuesto que los individuos que son estratificados en ellas comparten la deseabilidad de las posiciones más altas. El principio fundamental competitivo de la homogeneidad compartida universal de aspiraciones (riqueza, prestigio y poder) nos mete de lleno en el funcionalismo. Las teorías estratificadoras no pueden evitar este supuesto de homogeneidad de escalas de valoración y de legitimación de las posesiones de las capas superiores. El supuesto es que la distancia fundamental en las escalas está entre cada individuo y los que están en la cúspide. Caben pocas dudas que este andamiaje sociológico para entender las diferencias sociales convalidan los supuestos ideológicos individualistas, meritocráticos, competitivos. No puede evitar notarse la presencia de Tocqueville con su idea inspirada en lo que vio en América del Norte de “sociedad desigualitaria sin clases” donde los individuos librados a sí mismos, a sus propias capacidades, compiten unos con otros sin ataduras de ningún tipo con el solo objeto de ascender en la búsqueda de riqueza, poder o prestigio.

De acuerdo a esto, el principio analítico de las diferenciaciones sociales por clases da lugar a una visión de “clases-fuerte” y una visión de “estratos-debiles”, lo nos lleva a la espinosa cuestión de qué tipo de entidad social son las clases. Para ello es inmejorable la vieja contribución de G. Gurvitch (1971: 185-217) que repasa todos los atributos conceptuales posibles de la categoría clase y su especificidad diferencial respecto de otras categorías sociales.

1)    Son “agrupamientos” de hecho, no de derecho. Emergen de la vida social y no derivan de principios o poderes extrasociales. Al igual que género, edad o etnia, “participamos” de ellos como quien habla en prosa sin pensarlo.
2)    Tienen vasta escala y son perdurables por lo que son fuertemente gravitantes en la vida social total.
3)    No son “voluntarios” (un club) ni coercitivos “artificiales” (una institución) sino que incluyen todo tipo de agrupamientos. Son macrocosmos de agrupamientos donde las relaciones sociales no son inmediatas o directas sino “a distancia” es decir, compartimos la condición de clase con muchos otros completamente desconocidos con los que nos relacionamos a través de mediaciones organizacionales y simbólicas muy espesas.
4)  Son necesariamente abiertos y no pueden forzar ni la entrada ni la salida más allá de condicionamientos o presiones difusas. No obstante ofrecen una “estructuración” inorgánica (no son un grupo formal organizado) pero intensa (tienen infinitos dispositivos de propagación, articulación, socialización, identidad, cultura, iniciativas políticas, etc.)
5)    Son suprafuncionales, es decir, asumen la tarea de constituir el orden social global a su imagen y semejanza. Esto significa que son “portadores” de orden social frente a otros colectivos o clases. La existencia práctica de las clases es justamente este intento perpetuo de controlar y regir el orden social.  
6)    Son antagónicos o incompatibles: disputan obligadamente con otros en virtud de su pretensión suprafuncional, incluso contra el estado o las Iglesias. Resisten la influencia de la sociedad global y de otros grupos. Son “colectivos divisionistas” en la medida que su mera existencia plantea la exclusión activa y el intento de desplazar a otros o a someterlos a sus designios.

Aunque el léxico usado por Gurvitch es arcaico, creo que contribuye a entender el carácter esquivo y disoluto del concepto de clase. Por supuesto también contribuye a refutar los planteos más nominalistas como el de Portes (2003) para quien la clase es un recurso heurístico-explicativo de primer nivel pero a la que no se le puede asignar una eficacia social o actuación histórica concreta. Las clases serían solamente una forma sociológica de “llamar” determinados fenómenos. No son grupos reales, no son sujetos de acciones, no son agentes históricos, lo que no quita que no pueden obviarse para explicar todo tipo de hechos o procesos sociales, políticos o culturales.

Por último cabe incluir un adelanto de la  problemática contemporánea sobre las clases a saber, el progresivo proceso de reconfiguración de los enfoques fundacionales de Marx y Weber (ver el texto de Gomez, 2014: 38-57)  y lo que traen de nuevo los teóricos “posclásicos” (ib ídem, 57-79).  

La influencia de los descubrimientos de la antropología acerca del peso de lo simbólico-ritual y del lenguaje en el comportamiento humano (“violencia simbólica” en Bourdieu, “eficacia de los simbólico” en Levy Strauss), con las indagaciones de la psicología profunda acerca de las motivaciones inconcientes,  los hallazgos de la psicología de los procesos cognitivos y del aprendizaje (especialmente las teorías de la disonancia cognitiva y de las actitudes), y por las teorías de la elección racional y las teorías de los juegos estratégicos, han llevado al abandono progresivo de los esquemas explicativos toscos basados en efectos automáticos de factores estructurales (leyes de la acumulación o del mercado). La combinación de estos avances en las ciencias sociales y humanas con las heterodoxias de diversos tipos y los cruces y préstamos entre las tradiciones marxianas y weberianas, la reformulación de algunos elementos weberianos y las fuertes revisiones en el universo del marxismo occidental, hicieron que los estudios que he denominado “posclásicos”, desde los años 60 en adelante, abandonen en buena medida los supuestos de la programática clásica y abran un nuevo panorama para la comprensión de la sociedad de clases del capitalismo avanzado.

Ahora bien, los mencionados desarrollos posclásicos intentan, más resuelta o más tibiamente, romper con el canon heredado: desestiman cualquier orden presocial como diferenciador y tratan de mantenerse en el plano relacional de las prácticas diferenciadoras que pasan a constituir la dimensión central mientras los agrupamientos o efectos distributivos sobre los individuos son contingentes o secundarios.

El siguiente cuadro ayuda a entender el mosaico de principios teóricos sobre la producción social de diferencias.

Principio diferenciador
Principios exosociales – Esclavitud: se diferencia con criterio que separa lo no humano o lo no social
Suprasocial – Castas y estamentos: se diferencia con criterio mítico, religioso o tradicional.








Presocial





Estratos
Distribuciones múltiples no relacionales definidas presocialmente por la cúspide.  Determinación social posicional: las posiciones son consecuencia de prácticas de los agentes en espacios uniformes por sus resultados “ordinales” (NES, Capital cultural, radicalidad política, etc.) Combinación de estático (espacios homogéneos de recompensas) y dinámico (resultados de prácticas).
Clase
Clase posicional estática (tradición fundacional weberiano-marxiana)
Distribuciones monótonas relacionales privilegiantes presociales intramundanas (capital, mercado) con plano de inteligibilidad propio como explicativas de posiciones y prácticas. El orden se independiza de las acciones, lo importante ocurre a espaldas de los sujetos (leyes de la acumulación o la utilidad marginal).


Intrasocial


Clase relacional dinámica (desarrollos posfundacionales)
Relaciones antagónicas y prácticas que distribuyen, bloquean, enclasan. Las prácticas enclasan relacionalmente y las posiciones o locaciones están sujetas a la lucha y el conflicto. 

          Los estudios posclásicos han tendido a cultivar dos rasgos decisivos:

          a) No separan estructura y acción. Como señala Crompton (1994: 213) para los nuevos enfoques sobre la estructura de clases, la misma estructura ocupacional, lejos de ser un hecho dado y fijo -emanado de los procesos económicos o como resultado del mercado o la acumulación- se convierte en “fluida”, en tanto las mismas distribuciones de recursos y lugares son constante objeto de luchas, estrategias individuales y colectivas. La misma estructura ocupacional no podría conocerse realmente de manera separada e independiente de las luchas de clases.
          b) Hacen converger los criterios fundamentales de propiedad, conocimiento y poder, que entran en combinaciones y relaciones de superposición, sustitución o equivalencias cambiantes dando lugar a procesos de conversión entre unos y otros.

Los enfoques posclásicos desarrollaron mayor sensibilidad a las interacciones y mediaciones entre estructura y acción, y al reconocimiento de que las acciones tienen un rango amplio de incidencia sobre las supuestas estructuras.

Aunque todos los desarrollos de la teoría de las clases contemporáneas intenten romper con los residuos no secularizados del paradigma de los padres fundadores y se noten considerables avances, no han logrado enhebrar una conceptualización de clase que definitivamente rompa con ese cordón umbilical. Lo fundamental de la inspiración de estos tipos de teorización pasa por el intento de centrarse en lo relacional del concepto y al mismo tiempo no dejarlo deslizar por la pendiente de las lógicas extrasociales.

Postee como comentario: si considera útil este texto y qué rescatan cómo lo que más les interesó del texto, qué dudas o consultas les suscita este texto de apoyo y/o lo que leyeron en la bibliografía citada.

Devolución temas propuestos y por textos optativos.

Tema organizativo:
1) Las propuestas de temas - eje (que van a servir también para el trabajo final de evaluación) tienen que colgarlas en la solapa TEMAS de este blog.  Hay vamos a hacerles las devoluciones pertinentes.
2) Los resúmenes de los textos optativos elegidos los tienen que colgar en la pestaña RESUMENES
3) Habida cuenta que se prevé retomar los cursos presenciales de acuerdo a nuevo calendario el 1/6. Les propongo que hasta esa fecha cursemos solamente las unidades 1 y 2. Luego revemos cómo queremos continuar. Recuerden que los TPs son obligatorios aunque no evaluables.

Temas observaciones sobre contenidos

Lucía tendría que colgar el tema que propone pero algo más desarrollado o especificado. ¿qué preguntas te haces sobre las diferencias de clase en el profesorado? sería un buen punto de partida. El texto de Ossowsky me encanta porque es "Poco Ortodoxo" así que tratá de honrarlo ja ja.

Marina con el tema de SACRA está muy bueno y complicado y va a ser una suerte de prueba de fuego de hasta qué punto el concepto de clase soporta un fenómeno como el de un sindicato de amas de casa. El hecho que tengas dudas sobre su aplicación hace mucho más interesante el tema. El texto de Caligaris está muy atada a la teoría del Capital pero igual tiene cosas muy interesantes sobre la metodología de Marx.

Federico: te faltó proponer algún tema eje para la cursada. El texto de Lefebvre es menos poco ortodoxo pero espero le saques filo. 

martes, 31 de marzo de 2020

Texto de Apoyo Unidad I (primera parte)


Texto de Apoyo Unidad I (primera parte)

1era Clase. El nacimiento teórico de la problemática antagonismo-clase social.

La primera Unidad del programa tiene 3 núcleos temáticos que permiten organizar la lectura de los textos: el origen que liga el pensamiento dialéctico con la emergencia de la sociedad moderna de clases; la especificidad de la categoría clase respecto de otras formas de diferenciación y jerarquía sociales; la naturaleza del objeto “clase” y sus particularidades distintivas como fenómeno sociológico.

Cerca de la revolución: dialéctica y clases; Hegel y Marx

Aunque las nociones de antagonismo y clase están inextricablemene ligadas a la tradición marxiana, una revisión más atenta de la historia de las ideas nos conduce a las protoformas del pensamiento social crítico: la dialéctica hegeliana como el módulo teórico que tiene su centro de gravedad en el antagonismo y la negatividad. Si bien en la historia de la filosofía occidental la contradicción ha sido motivo de reflexión desde sus mismos inicios (Heráclito, Platón, Plotino, entre otros) el espíritu de la época la entroniza como llave maestra de la razón recién con la Revolución Francesa y a través de la dialéctica hegeliana. El motor de la negatividad como fuerza histórica es fundante de la modernidad. Por primera vez la realidad del presente, la objetividad dada, se ve desde lo que la niega. El mundo aparece en su precariedad desnuda, el orden dado se muestra carcomido por su insostenibilidad, la filosofía es una filosofía “del futuro” (Feuerbach) es la filosofía que ve lo que es desde lo que aún no es[i].
Hay entonces una primera certeza: la realidad es contradicción y solo se abre al pensamiento que sabe lidiar con ella y ese pensamiento es la dialéctica. Los tumultos de masas, las guillotinas francesas se convierten en dialéctica entre los intelectuales alemanes.
Así como el corset de los estamentos feudales, las jerarquías esclerosadas, son removidas por la revolución y emerge una sociedad que se produce a sí misma sin ningún fundamento suprasocial (Dios, Tradición, Linaje), el corset del pensar lógico metafísico es removido del pensamiento y emerge una filosofía donde no hay puntos de partida solo la negatividad llevada a sus últimas consecuencias. La sociedad que se produce a si misma a través del antagonismo es una sociedad de clases. El pensamiento que solo acepta la negatividad es la dialéctica. La experiencia de la relatividad de las posiciones jerárquicas (clase) y la libre autodeterminación de las reglas (democracia) son la tierra fértil para el cultivo del pensamiento sobre el poder de la negatividad.
En Gomez (2019) se puede ver una reconstrucción de la relación estrecha de la dialéctica con la modernidad. Clase y antagonismo parecen haber llegado juntos. El antagonismo de las clases es la forma de entender la autoproducción del orden social tanto como partir de la contradicción y la negación es la forma de entender la autoproducción del pensamiento.
Pero Hegel intentó hiperevolucionar el pensamiento solo para relegitimar el statu quo del antiguo régimen.
Sería el  joven Marx quien tirándole ácido a las elucubraciones repugnantemente inconsecuentes de Hegel,  llevaría la dialéctica a completar el proceso de modernizar el pensamiento social.
Pero aquí hay otra certeza: en la obra de Marx los  conceptos de contradicción y antagonismo aparecen como objeto de reflexión antes que clase y modo de producción.
El ajuste de cuentas con la dialéctica hegeliana precede por algo más de un año a la primera mención de Marx al proletariado como clase (1844), luego de tomar contacto con el movimiento obrero socialista francés. El tratamiento del antagonismo es previo al de clase. La secuencia cronológica del problema teórico es: revolución francesa, idealismo alemán/dialéctica crítica, organización  proletariado francés, concepto de clases y modos de producción.
El texto obligatorio de Gomez (2019) resume y polemiza sobre los orígenes y la especificidad de la crítica marxiana a la dialéctica hegeliana. Allí es preciso detenerse en el también obligatorio fragmento de Marx llamado “excurso sobre la dialéctica”. En ese fragmento el casi imberbe Marx propone las diferencias fundamentales que deslindan su dialéctica como instrumento teórico respecto de la de Hegel. Aunque a lo largo de su biografía intelectual este tema tendría una trayectoria sinuosa y cambiante, considero que es un texto muy importante para nuestros propósitos teóricos y para interpretar la trayectoria del pensar del propio Marx y del marxismo en  general respecto del análisis del antagonismo. Nociones como contrariedad y contradicción; oposición lógica y oposición real; oposición a nivel de existencia diferenciada y oposición a nivel de esencia genérica, si  bien son formulaciones típicamente filosóficas, constituyen esquemas que se trasponen a la teoría social y permiten aclarar un conjunto de ejes de debate históricos en nuestro campo disciplinar. Sobre todo teniendo en cuenta a mi juicio que los pocos que trabajaron sobre este texto tanto dentro como fuera del marxismo (Colletti, Laclau, y Dotti) lo han hecho de maneras completamente equivocadas.
Este excurso muy poco conocido y poco citado en la Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel (pp. 110-112) y la mas conocida crítica a la dialéctica hegeliana en el final  del 3er. Manuscrito de los Manuscritos de París (pp. 410-432) son textos tempranos que permiten aclarar de manera directa la especificidad de la dialéctica marxiana frente a Hegel pero también de manera indirecta frente a las críticas tradicionales a la dialéctica.
La tesis del excurso podríamos resumirla así: todo elemento está sometido a una doble negación, por un lado, el extremo opuesto de su existencia diferenciada, del cual se alimenta; y, por otro, un principio que se le opone esencialmente, le carcome sus condiciones de posibilidad y amenaza hacerlo imposible. Esta lógica tiene un corolario político bien claro: para confrontar algo no hay que refugiarse en el polo opuesto, sino auscultar en la dinámica de lo real qué nuevo principio hace imposible lo que sostiene los dos polos.
Otro de los ejes de reflexión sobre la forma naciente del pensar el antagonismo viene de la pregunta por el locus, el dónde anida la raíz del antagonismo, dónde hay que buscarlo. Respecto a esto, ya tempranamente en el “Manifiesto” aparece una dualidad irresuelta: ¿la historia es la de los modos de producción impelidos por la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción o es la historia de la lucha de clases impelidas por el antagonismo entre los hombres? La querella de la sociología académica contemporánea entre agencia y estructura, tiene remotos orígenes.
La trayectoria del pensamiento de Marx es sumamente escurridiza. Cuando aparece por primera vez la mención a la clase del proletariado en la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, asume la figura de clase-universal en su negatividad con un horizonte de redención histórica. El proletariado aparece aquí como el mesías portador de modernidad, como principio genérico antagónico a la “vieja” sociedad en decadencia que tiene por destino sucumbir ante su lucha. En los Manuscritos de París apenas meses después el “trabajo” aparece como extremo opuesto a la propiedad privada industrial dentro del principio genérico de la sociedad burguesa. Entre este texto y los MEFP se opera un cambio importante: la clase pasa de ser analizada como contradicción a nivel de esencias a contradicción inmanente a nivel de existencia diferenciada del capitalismo industrial. Posteriormente en la maduración progresiva de su analítica del Capital la lucha de clases tiende a ser vista como la especificación a nivel de existencia diferenciada del  principio, la  “lógica”,  autocontradictoria de acumulación de valor.
¿Cuál es el domicilio principal del antagonismo? ¿dónde reside la negatividad?  La dialéctica queda seducida por la indetenible acumulación de capital y la teoría pasa del trabajo enajenado a la del valor y la fuerza de trabajo como mercancía. Las clases se convierten en “personificaciones” del Capital y del Trabajo que a su vez se vuelve “capital variable”.
En su obra cumbre la reivindicación enfática del “viejo Hegel” y la dialéctica hace las cosas muy claras: método dialéctico y acumulación de Capital ... “las clases te las debo”, diría Mauricio. Y esto no es chiste: dejó inconcluso luego de media página el Cap. LII sobre las Clases y Engels sorpresivamente no se animó o no intentó completar al menos alguno de sus puntos suspensivos.
A lo largo de la conformación de la sociología occidental esta antinomia sobrevive hasta nuestros días: estructuralismo (Althusser)/culturalismo (Thompson); subjetividad (Escuela de Frankfurt)/ racionalidad (marxismo analítico); política (Gramsci)/economía (Kautsky); lucha de clases (operaismo)/acumulación (escuela lógica del Capital).
La sociología académica ha optado por desdialectizar todo y optar por un ensamblado “constructivista” tipo catch all: la teoría de la estructuración de Giddens, de la integración social y la integración sistémica de Habermas, del campo de Bourdieu, intentan evadir la antinomia por el expediente de conciliarla. Las clases se ven como una construcción de ensamblado secuencial de dimensiones: estructura -  formación de colectivos - conciencia e identidad – lucha y conflicto. Se abusa de un “relacionalismo” metodológico en qué todo está ligado a todo, pero con ello se logra más eficiencia para describir y para explicar la estabilidad y la conservación pero mucho menos para entender el cambio y la disrupción.
Finalmente las corrientes posmodernas y posclasistas provenientes del posestructuralismo (Laclau, Derrida, Butler) renuncian a teorizar sobre lo real y se focalizan en las representaciones y el discurso. Todo es antagonismo pero disuelto en una contingencia que repele toda idea de necesidad histórica. Nada es punto de apoyo ni de partida, el antagonismo no tiene un locus privilegiado. El posmodernismo ayudó a politizar la vida privada (la hizo mucho más transparente a los múltiples antagonismos que la atraviesan) pero a costa de despolitizar el capital y de orientarnos acerca de dónde y cómo podríamos cambiar el orden social.
En definitiva, lo que vemos en los fundadores del marxismo es que la problemática de las clases tuvo un notable peso en el análisis histórico de coyunturas pero una sistemática subteorización.  Posteriormente tanto la dialéctica como las clases fueron en buena medida abandonadas o menospreciadas de diversas formas por las corrientes del marxismo occidental que se lanzaron a la búsqueda de otras paternidades teóricas y filosóficas.
¿hay un locus de negatividad radical desde donde entender lo real histórico y actuar? ¿estamos condenados a articular negatividades de manera contingente? ¿qué aporta el pensamiento latinoamericano? Para contestar tenemos varias clases y cientos de páginas por delante ¿no?... virus mediante claro.   


[i] La lógica formal, el código de las leyes del pensar correcto, es un requisito de rigor pero no sirve más que para posibilitar la comunicación con reglas operativas comunes (“todos debemos razonar correctamente”), y no nos acerca ni un poquito hacia lo real: si la realidad es contradictoria el pensamiento que pretenda captarla deberá ser consistentemente… contradictorio!!!. La dialéctica y el imperio del principio de contradicción que supone no descarta la lógica formal sino solo la circunscribe a un papel puramente instrumental y limitado.


martes, 25 de junio de 2019

Texto de Apoyo y TP Unidad 5 (colgar antes del 15/7)


Texto Apoyo  Unidad 5

En esta unidad se hace un repaso de los principales núcleos de estudios sobre diversos espacios sociales de clase con énfasis en el contexto latinoamericano y argentino.
La problemática del género en la estructura de clases.
El texto de G. Gomez Rojas, retoma  el tema de la unidad de análisis y la determinación de clase pero a la luz del papel de la mujer. El criterio de tomar el hogar o la determinación directa por la ocupación del jefe de hogar desconoce los cambios en la estructura de clases ocasionados por la participación económica de la mujer. La autopecepción de clase de mujeres y varones controlando por empleo del cónyugue y por factores adicionales al empleo: consumo, ingresos totales, horas trabajadas, muestra mayor autonomía de la mujer en su percepción de clase que la esperada por Goldthorpe en su metodología clásica de atribución automática al jefe de hogar. Además la posición de la mujer también incide en la autopercepción del hombre. El peso de las condiciones materiales en la identidad de clase está tamizado por el género.
Las problemáticas contemporáneas de la clase obrera
Kabat y  Egan discuten el valor de conceptos como masa marginal, exclusión, informalidad urbana, economía informal, precariado, historia global del trabajo, nueva esclavitud, etc. Insisten con la unicidad de la clase obrera de acuerdo a los criterios del marxismo para analizar la explotación de la fuerza de trabajo y sus diferenciaciones internas. El análisis de clases sigue pivotando sobre las contradicciones de Capital y Trabajo frente a las nociones laclausianas de pueblo y movimiento y frente a la inclinación a captar la heterogeneidad a través de  nociones como “sectores populares” o “marginalidad”, “exclusión”, “precariado”, etc.
Con más flexibilidad Veronica Maceira aborda de manera amplia la literatura sobre los procesos de diferenciación interna de la clase obrera: marginalidad, exclusión, precarización, informalidad, aristocratización, segmentación del mercado de trabajo, infraclases, desocupación permanente, sobrecalificación, etc. muestran el complejo panorama de la “subalternidad” o del ancho mundo de la opresión y la explotación con lógicas disimiles a las de los asalariados en términos de aspiraciones o demandas. Los sectores populares vulnerables demandan simultáneamente “por debajo y por arriba” de los trabajadores “integrados”: van de los alimentos o la subsistencia y la infraestructura urbana elemental a la politización inmediata de las demandas y la interpelación al estado y los poderes públicos.
Es particularmente importante el análisis empírico que ofrece de  las formas de conciencia: las diferencias entre ocupados y desocupados en términos de percepción del antagonismo social y las inclinaciones solidarias entre unos y otros, las diferencias generacionales, las preferencias por la acción colectiva, la percepción individual o social de la imputación causal de la situación de desventaja o injusticia, etc. También son muy interesantes la exploración de las identidades peronistas y sus transformaciones, el “peronismo de los humildes”, el peronismo “de derechos”, el debilitamiento de la identidad del peronismo sindical entre los jóvenes ocupados de familias peronistas. 
La investigación de P. Varela sobre el conflicto fabril de FATE en zona Norte, y la discusión sobre una nueva generación de activismo sindical, su relación con el territorio y la formación de nuevas formas de conciencia condensadas en la noción de “dignidad” obrera en un contexto como el del gobierno posneoliberal del kirchnerismo. La figura del militante sindical de planta que lucha “por los propios derechos”, y la idea de ciudadanía fabril, la relación del locus de la fábrica con la política y el territorio son puntos muy importantes a tener en cuenta en cualquier análisis actualizado de la “condición obrera”.
La marginalidad y la exclusión.
Svampa señala la persistencia de la problemática de la marginalidad como central en los debates latinoamericanos: funge como el corazón de la subalternidad urbano popular, y la cara más visible de la modernización perversa y trunca. Se enfatiza bien la dualidad en el tratamiento del tema: el carácter de nuevas formas de reciprocidad y solidaridad comunal con posibilidades de generar ingresos e intercambio alternativos al mercado (economía social, popular, alternativa de base comunal) o bien el carácter residual, de hiperexplotación, de informalidad urbana, y la llamada “nueva cuestión social” en el capitalismo globalizado: acumulación flexible, posfordismo y terciarización temprana y ajuste neoliberal. Todo muy teñido por la problemática francesa de la exclusión (Castels, Rosanvallon): vulnerabilización, desasalarización, desafiliación, zonas de integración, de desafiliación sin densidad relacional y zonas de vulnerabilidad con o sin soportes laborales y sociales. La tesis del polo marginal en la Argentina que retoma los trabajos de Aníbal Quijano en los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina que ve una consolidación de dos o mas generaciones sin oportunidades de movilidad a pesar de las políticas redistributivas del kirchnerismo.
El carácter protagonista activo del sector “marginal” en A. Latina contrasta con los análisis en Francia. Fuerte territorialización de la organización y capacidad de acción colectiva desde los años 80 incluso con reclamos por  tierra urbana e infraestructura. En los 90 vienen los piquetes y la autorganización de proyectos comunitarios. La extensión de las transferencias condicionadas y planes sociales con el 19% de la población latinoamericana, muestran una dependencia del Estado altísima. Así los análisis tienden a verlos como “Laboratorios o fábricas de economías alternativas y sociabilidad solidaria” o “pobreza estructural y subalternidad cautiva del Estado”.
Maneiro aborda el tema de la identidad y la experiencia de clase de los grupos de desocupados en barrios de clases populares en el marco de los años 90 de crisis social y neoliberalismo. La persistencia de la nominación “trabajadores” que los reinscribe en la memoria de clase y el peronismo, y sus posicionamientos en términos de ciudadanía y justicia que enarbola la “dignidad” como aptos para contribuir a la vida social. Sin embargo, también está activa la identidad de “Piqueteros” en la medida que se atribuyen ser capaces de desafío y de imprimir su protagonismo además de politizar su accionar en la arena pública.
La estructura de clases en los últimos años de posneoliberalismo.
Svampa describe la sociedad excluyente instaurada en los años 90 y la desregulación y financierización: la privatización de la vida cotidiana, la ostentosa vida pública de las elites que dejan su invisibilidad de lado, la reproducción de ámbitos de socialización escindidos, las urbanizaciones privadas y los colegios exclusivos para formar clases dirigentes, el estilo kitsch, el apoyo al peronismo menemista, la americanización de la cultura empresarial, la extranjerización, etc. También es un dato importante la polarización interna de clases medias entre ganadores y perdedores. La pérdida de homogeneidad de las clases medias es un dato muy importante a tener en cuenta que las debilita como actor cultural y político.  
Benza muestra las tendencias de la estructura social de la década ganada: expansión de posiciones intermedias de profesionales, técnicos y administrativos y sobre todo de trabajadores manuales calificados, a expensas en parte de las clases superiores y de las populares no calificadas o marginales. La caída de planes sociales merced a la expansión del empleo formal, el acercamiento de segmentos más altos de clases populares a clases medias, y la mejora en los ingresos y consumo, así como en la módica mejora en los indicadores de equidad o de distancia interclases, son los rasgos que deja la década posneoliberal. Se reduce la movilidad espuria (es decir ascenso ocupacional sin correlato de mejoras en ingresos y condiciones de vida) que había caracterizado la década de los noventa con ascenso ocupacional pero deterioro de nivel de consumo e ingresos para segmentos populares y de clases medias. No obstante, otro rasgo de la década posneoliberal es que se amplía las distancias dentro de las clases populares: mejoran más los trabajadores formales calificados que el resto de las clases populares. El papel del poder reivindicativo sindical y de la negociación paritaria salarial es clave en este punto.
La cuestión indígena-indiana a la luz del análisis de clases.
Las revueltas indígena campesinas en las primeras 3 decadas del S. XX que asolaron Mexico, Chile, Colombia y centroamerica sumados a la influencia del marxismo indigenista social de Mariátegui en Perú  y de Tristán Marof en Bolivia (ambos estimulados por el interés de Marx por la comuna rural rusa), posicionaron la cuestión del Indio como central en el pensamiento social latinoamericano. El primer reflejo fue desplazar el problema hacia la cuestión de la tierra y el gamonalismo o el latifundio y también a la cuestión de la necesidad de los estados independientes de operar una modernización en un marco de integración e identidad nacional. El peruano Manuel G. Prada señala tempranamente la opresión no de raza sino de expropiación y explotación. Mariategui apunta al socialismo desde un vanguardismo indígena que toma de base la comunidad agraria indígena para darle una dimensión mítica al proyecto socialista. La “asombrosa persistencia comunista” de estas comunidades  y su capacidad de resistencia al capitalismo es motivo de atracción teórica ya que provee una solución al problema de la clase obrera reducida y el atraso productivo con coexistencia feudal y comunitaria. La “Campesinización” como solución de integración nacional y modernización al mismo tiempo se ve nítida en la experiencia de la reforma agraria en Perú de  V. Alvarado y el relativo fracaso de su intento de cooperativas bajo dirección estatal. La instauración del “dia del campesino” muestra el intento de recrear una identidad agraria-andina campesina que se ve como una revalorización frente a la devaluada identidad indígena ancestral. En Argentina se observa lo nacional popular  del peronismo y sus ambigüedades: integración socioeconómica y ciudadana pero rechazo a la identidad y las marcas culturales disonantes de la modernidad. Históricamente en la argentina lo mestizo se contrapone  a lo europeo y lo indígena queda como exterioridad total o “periferia de periferia”. La Evita indígena del escultor Vitullo ocultada en París es el ejemplo de las ambivalencias del peronismo.
El extraordinario sociólogo marxista boliviano Zavaleta Mercado plantea con sencillez y maestría la necesaria articulación entre la lucha de clases y la cuestión nacional. La nación, la lucha por la nación, está atravesada por la cuestión de las clases “nacionales” enfrentadas a las clases oligárquicas extranjerizantes. El campesinado, el proletariado minero y las capas medias e intelectuales tienen sus propias contradicciones pero no pueden defender sus intereses sin enfrentar al imperio encarnado en mineros y latifundistas y tomando a su cargo la tarea de unificar un estado nación moderno. El papel central del proletariado minero,  las fragmentaciones de campesinos y las confusiones y oscilaciones de las capas medias en este proceso son  una forma de describir la dinámica de las “clases nacionales”.
Diaz Polanco descarta que el problema nacional pudiera ser interpretado como un asunto transitorio y, en tal sentido, secundario para el análisis de clases. Describe tres posiciones teóricas erradas al respecto: “sustitucionista” de la etnia por la clase basada en la falta de significado hitórico y económico de la raza ante procesos como la expansión del capitalismo; “purista” de etnicidad separada de la cuestión material de las clases; “evolucionista” de paso de la etnia y la servidumbre a la clase y el proletariado urbano y rural.
Propone en cambio diferenciar “etnicidad” (dimensión universal a todos los grupos humanos) de los grupos étnicos: la etnicidad es un nivel del análisis de constitución histórica de clase insoslayable aquí y en Europa o EEUU. Aclara que las identidades étnicas mismas también están sometidas a la dinámica de las luchas clasistas y la evolución histórica, ya que no son primordiales o sustancias inmutables.
Quizás la gran contribución de este autor es que la base de la pretensión de crear un estado nacional propio es la comunidad de la etnicidad que contiene las contradicciones clasistas. La nación puede articularse a partir de la etnicidad, la lengua y la cultura compartida. Es la base de unificación para la autodeterminación en una nación que contiene los antagonismos de clase en pos de un espacio común de expansión de los intereses particulares de las mismas. La “regionalización” supone que las etnias en su movimiento crean su propio espacio de acción desbordando fronteras prestablecidas.
Quijano y la colonialidad del poder  es un texto clásico. El régimen del control de trabajo en nuestra A. Latina está racializado en la colonia. El indio se lo ve como indigno de salario y por ello se le concede la responsabilidad de su propia reproducción lo que le permite cierta persistencia comunitaria y autonomía. No hubo feudalismo sino explotación sin paga en la encomienda y a través de los impuestos.
Las burguesías dependientes.
Svampa retoma los debates sobre el capitalismo colonial y la dependencia, el desarrollo asociado, la burguesía nacional o las burguesías locales. El análisis de los estudios latinoamericanos muestran que capitalismo no era sinónimo de modernización: la servidumbre y la esclavitud no tenían nada de feudales y todo de capitalistas: la acumulación en torno a la producción de  exportables baratos y en torno a los mercados internos que se le asociaban necesariamente, no liberaba la fuerza de trabajo sino al contrario. Así se generalizan los diagnósticos de un raquitismo de capitalismo moderno como realidad inacabada y perpetua promesa. Se observan la ausencia de unidad orgánica de clases dominantes: siempre termina en la imposición del sector de enclave bajo control imperial. “Capitulacionismo” burgués y “lumpenburguesía”  solo capaz de un “lumpendesarrollo” se multiplican en los textos. El desarrollo “asociado” junto con la necesidad de control del aparato estatal y los diversos “estilos de desarrollo” muestran que sin embargo la burguesía local está lejos de ser un mero apéndice de los intereses multinacionales.

TRABAJO PRÁCTICO

1)De acuerdo a su tema de trabajo seleccione al menos una cuestión de corte extraclasista (género, etnicidad, edad) e intente enriquecer el análisis.

2)Intente introducir la cuestión de la heterogeneidad y la fragmentación de las clases populares o medias en su tema.   

miércoles, 12 de junio de 2019

Texto de apoyo y TP Unidad 4 (colgar antes del 21/6)


Texto de Apoyo Unidad 4- Debates y problemas del análisis clasista de la acción colectiva

Uno de los aspectos más frecuentados en el análisis sociológico es el de las dimensiones clasistas de la política y la movilización colectiva. Para la sociología clásica del siglo XX, política y poder eran fenómenos clasistas por excelencia. Partidos políticos y sindicatos tenían sus propias bases sociales socioeconómicamente identificables que expresaban intereses, ideas y prácticas homogéneas.  Fenómenos posteriores como el llamado “desclasamiento del voto y de las preferencias ciudadanas” y la pérdida de identidades basadas en el trabajo y la producción plasmadas en partidos políticos y sindicatos fueron limando el carácter clasista de la política y la lucha por el poder en sentido amplio. Como vimos al estudiar a los posestructuralistas o a Laclau, la política se convierte en un fenómeno discursivo que no necesariamente responde a un patrón de posicionamiento de intereses materiales y condiciones materiales de vida. Otros teóricos inspirados en el marxismo han innovado en variantes conceptuales para retener la centralidad del abordaje clasista. Es el caso de E. Olin Wright en el texto “Clase y política” (1995: 239-259) en donde se plantea la incidencia de clase en tres niveles del análisis político: situacionales, institucionales y sistémicos.
La clase y la lucha de clases moldean la política pero a través de diversos niveles de ejercicio de los poderes clasistas. En el nivel más inmediato o “situacional” el detentar el control o disposición de ciertos bienes estratégicos permite ejercer directamente un mando sobre otros. La burguesía puede coercionar, presionar o simplemente “comprar” o “persuadir” funcionarios, legisladores, etc.
En un nivel más mediato y complejo, el poder que se ejerce es “institucional”: no es tanto el mando y lo que se quiere imponer como el control de lo que son opciones válidas o legítimas. Es el poder de controlar la agenda de decisiones y de descartar opciones alternativas. Finalmente hay un poder de base o largo plazo que se denomina “sistémico”, y alude a un sesgo que tiene la forma de organización y distribución de recursos de poder que permite ahorrar esfuerzo en controlar agendas y dar órdenes. Sería el poder incorporado a las reglas; es el poder de fijar  la naturaleza del juego  de manera favorable.
Los capitalistas tienen enormes recursos financieros y contactos, influencia directa en funcionarios, medios, etc. y una desproporcionada capacidad de conducción política. Pero en este punto sus intervenciones son siempre ajenas al interés del conjunto de la burguesía y se suelen contrarrestar recíprocamente. Los funcionarios y elencos políticos disponen de amplios recursos y de la miopía y apatía de la burguesía fragmentada.
La dimensión institucional del estado capitalista muestra el poder “negativo” de las clases dominantes: garantizar lo que no debe suceder. El estado no puede interferir con la acumulación privada sin afectar sus fuentes de financiamiento. El voto individual con representatividad  por territorio  (y no por función) licua el poder de las clases subalternas impidiendo focalizarse en aspectos estratégicos, lo que permite que dichos aspectos sean excluidos de la agenda pública.  
El efecto de poder sistémico reposa en la dependencia de intereses del resto de las clases de la acumulación de capital. En la medida que los intereses del conjunto se articulan a la acumulación, mayor es el sesgo hacia reglas que favorezcan dicha acumulación.
El breve texto de Harvey sobre el significado del poder clasista en el neoliberalismo muestra algunas de estas cuestiones en la historia más reciente del capitalismo. Hay cambios en la composición de las clases dominantes, la financiarización y el control de los mecanismos monetarios, cambiarios y bursátiles se convierten en estratégicos y subordinan al tradicional gobierno de los medios de producción y la inversión productiva. Las mismas empresas productivas se financierizan y extraen su ganancia no tanto de la explotación del trabajo como de las oportunidades de valorización rentística y especulativa, que requieren también fuerte intervención y control sobre la regulación estatal de mercados y sectores de actividad. Asimismo se cambia la relación entre accionistas y managers o altos ejecutivos y las estrategias de acumulación por medios financieros configura una nueva gran burguesía con fuerte inclinación a la intervención política. Los fenómenos de concentración personal de la riqueza y la diversificación financiera de la misma hacer que las viejas distinciones entre fracciones productivas, comerciales y bancarias se vayan haciendo anacrónicas. Los nuevos magnates aúnan estrategias financieras, monopolización de servicios (especialmente de comunicación) o bienes de alta tecnología y fuerte influencia estatal…¡¡¡sobre múltiples estados!!!
El capitalismo financiero global está fuertemente politizado: el control de los procesos decisionales es también un recurso estratégico de la acumulación, ya que define oportunidades de rentas, de transferencia de costos, de acaparamiento de bienes naturales, etc. Cualquiera puede darse cuenta que las políticas de “valorización financiera” dependen de decisiones monetarias y cambiarias estatales y no de “tendencias” de los mercados.

Otro de los núcleos en debate de la teoría contemporánea de las clases es la relación con los procesos y fenómenos de movilización social. A partir de fines de los ’60 el surgimiento de nuevos actores del conflicto social en el capitalismo avanzado (feminismo, pacifismo, ecologismo, contracultura juvenil) derivó en una progresiva pérdida de valor explicativa para la lucha de clases. Teóricos como A. Touraine van a caracterizar a las sociedades de un lado al otro de la cortina de hierro como sociedades posindustriales en donde no se trata tanto de controlar el proceso de producción material y la explotación de la fuerza laboral, como de gobernar las dimensiones subjetivas de la existencia humana. Los bienes estratégicos son aquellos que permiten el control de la apropiación del “sentido histórico”, de la historicidad y por tanto son los principales moldeadores de los “estilos de vida”, de las “sensibilidades” culturales, y de las “necesidades” humanas. Así el control de los deseos, el conocimiento, la información y las aspiraciones de individuos y colectivos pasa a ser el objeto fundamental de la lucha social. Para este tipo de luchas Touraine considera que la categoría de “movimiento social” es la más adecuada porque opera a nivel de la historicidad y no a nivel de la distribución material como es la de clase social. En el capitalismo avanzado la disputa no está entre proletarios y burgueses sino entre una tecnocracia corporativa público privada y los movimientos sociales que disputan el sentido de vivir en sociedad.
Ha habido todo tipo de lecturas sobre el tema: aquellos que ven clase y movimiento social como conceptos incompatibles (ver el texto de Galafassi, por caso); aquellos que intentan una complementariedad (ver el texto de Gomez). Algunos que tienden a reducir los movimientos sociales contemporáneos a explicaciones dentro del clivaje Capital/Trabajo (“la explotación de la mujer”, “del negro”, “la renta medioambiental”, etc.) otros que sostienen criterios multimodales y ven la racialización o el patriarcado como fuerzas que dominan el capitalismo.
En el texto de Gomez (2014) se pueden ver los sesgos clasistas en los fenómenos de organización, acción e identificación colectiva. Cada grupo social tiene su propia forma de organizar y plantear la lucha y esa forma no puede separarse fácilmente de las condiciones materiales de vida. En el texto de Di Marco sobre el pueblo feminista también se observa que las luchas contra la exclusión social protagonizadas por las mujeres piqueteras y el acoplamiento de demandas como la legalización del aborto a las de inclusión económica en los primeros años de este siglo, significaron un cambio y un impulso decisivos en la conformación del movimiento feminista. Clase y género no pueden separarse fácilmente en los procesos de movilización colectiva.

Trabajo Práctico Unidad 4

1)    Piense en su tema de trabajo e identifique empíricamente los posibles nexos entre clase y movilización. ¿Cuáles serían los aspectos clasistas o no clasistas de la movilización en estos casos?.
2)    Piense en su tema de trabajo y busque las dimensiones políticas que lo atraviesan: intente identificar los componentes situacionales, institucionales y sistémicos de los poderes clasistas involucrados en su tema.


Texto de apoyo Unidad V- Aproximaciones al análisis de clase y los antagonismos en las sociedades latinoamericanas contemporáneas

 2 Links para la bibliografía Unidad 5   https://drive.google.com/drive/folders/1fFl4eZkp5OLyNMZZslu7sR1PMLY8p66z?usp=sharing https://drive....